Durante mucho tiempo, la palabra “receta” se asoció con la cocina o con indicaciones médicas. Sin embargo, en distintos territorios de México, una receta también puede ser una práctica para sanar el cuerpo, ordenar las emociones o fortalecer el espíritu. El recetario de saberes para los cuidados y el Buen Vivir reúne este tipo de conocimientos transmitidos por generaciones, principalmente por mujeres indígenas, afromexicanas y afroindígenas. En un contexto donde el cuidado ha sido históricamente invisibilizado, este documento propone reconocerlo como una práctica esencial para la vida. Más que un libro, es una forma de entender el bienestar desde la memoria, el territorio y la colectividad.
Raíces que sostienen la vida: el sentido del Buen Vivir
El recetario de saberes para los cuidados y el Buen Vivir fue publicado en marzo de 2026 por el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB). Es el resultado de un proceso colectivo que duró aproximadamente un año y medio, en el que participaron 21 mujeres jóvenes provenientes de 12 estados de la República Mexicana, entre ellos Oaxaca, Puebla, Veracruz, Guerrero, Chiapas y Quintana Roo. Estas mujeres forman parte de pueblos como el mazahua, wixarika, ayuujk, maya, náhuatl, mixteco, zapoteco, tsotsil y comunidades afromexicanas.

Muchas de ellas participaron en el Curso de Alta Formación para el Liderazgo de Mujeres Jóvenes Indígenas y Afromexicanas (CAFOLIA), donde reflexionaron sobre su papel como cuidadoras y sobre la importancia de sus saberes comunitarios. El concepto de Buen Vivir, presente en el recetario, se basa en una visión integral de la vida que incluye el equilibrio entre la persona, la comunidad, la naturaleza y lo espiritual. No se trata solo de bienestar individual, sino de una armonía colectiva que sostiene la vida en todas sus dimensiones.
Un archivo vivo de saberes ancestrales
A diferencia de otros libros, el recetario de saberes no sigue una estructura lineal ni busca imponer una forma única de lectura. Puede recorrerse libremente, como ocurre con los conocimientos que se transmiten de manera oral en las comunidades. Es un archivo vivo que conserva prácticas, experiencias y memorias que no siempre han sido reconocidas como conocimiento formal. Las recetas incluidas no son únicamente físicas o médicas. Abarcan dimensiones emocionales, espirituales, comunitarias y territoriales.

Algunas están escritas en lenguas originarias, lo que refuerza la idea de que el conocimiento no se limita a un solo idioma ni a una sola forma de validación. Este enfoque también representa un ejercicio de justicia epistémica, al reconocer que los saberes ancestrales tienen el mismo valor que otros sistemas de conocimiento. Durante siglos, estas prácticas fueron desestimadas o invisibilizadas, pese a su importancia en la vida cotidiana de muchas comunidades.
Prácticas curativas: entre lo cotidiano y lo espiritual
El recetario reúne alrededor de 23 prácticas que reflejan distintas formas de cuidar. Algunas pueden replicarse en distintos contextos, mientras que otras están profundamente ligadas a su territorio de origen. Entre ellas se encuentran baños con plantas medicinales, limpias energéticas, infusiones herbales, meditaciones y rituales relacionados con ciclos naturales. Por ejemplo, una de las prácticas propone un baño con manzanilla, flores, miel y hierbas como una forma de aliviar el agotamiento emocional.
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Otra sugiere el uso de agua, sal y la luz de la luna para realizar limpiezas espirituales. También se incluyen tés como el de ajenjo, utilizado para calmar el llanto y liberar emociones. Estas recetas no solo buscan aliviar síntomas, sino restablecer el equilibrio entre cuerpo, mente y entorno. En muchos casos, están acompañadas de elementos simbólicos como palabras, cantos o intenciones, lo que refuerza su dimensión espiritual.
El cuidado que sostiene todo, pero pocos reconocen
Uno de los ejes centrales del recetario de saberes es la reflexión sobre el cuidado. En México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) 2024, las mujeres dedican en promedio 29.2 horas semanales a trabajos no remunerados, mientras que los hombres destinan 11.8 horas. Esta diferencia evidencia una distribución desigual de las responsabilidades de cuidado. El recetario plantea que el cuidado no es un atributo natural de las mujeres, sino el resultado de estructuras sociales que han delegado estas tareas de manera inequitativa.

Cuidar es una práctica que sostiene la vida, pero también una responsabilidad que debe ser compartida. Además, el documento reconoce que el cuidado se experimenta de distintas formas: puede estar ligado al afecto, la ternura y el vínculo, pero también al cansancio, la frustración y la renuncia personal. Al nombrar estas experiencias, el recetario visibiliza una realidad que muchas veces permanece oculta.
Historias que sanan: el legado que viaja de generación en generación
Cada receta incluida en el recetario es también una forma de preservar la memoria. Muchas de estas prácticas fueron aprendidas de abuelas, madres o tías, y forman parte de una cadena de transmisión que ha permitido su permanencia a lo largo del tiempo. El conocimiento no se transmite únicamente a través de libros, sino también mediante la experiencia, la observación y la convivencia.

En este sentido, el recetario recupera una forma de aprendizaje profundamente vinculada al territorio y a la vida comunitaria. Algunas recetas solo pueden entenderse dentro de su contexto cultural, lo que resalta la diversidad de formas de cuidado que existen en México. Lejos de buscar homogeneizar estas prácticas, el recetario celebra su pluralidad y su arraigo en distintas realidades.

El recetario de saberes para los cuidados y el Buen Vivir es más que una recopilación de prácticas: es un reconocimiento a formas de conocimiento que han sostenido la vida durante generaciones. Al visibilizar los saberes ancestrales y cuestionar las estructuras que han invisibilizado el cuidado, el documento abre una reflexión profunda sobre cómo entendemos el bienestar. En un contexto de cambios sociales y culturales, recuperar estas prácticas no implica mirar al pasado, sino ampliar la manera en que concebimos el presente. ¿Qué otras formas de cuidado permanecen aún sin ser reconocidas? Puedes ver el recetario completo AQUÍ.




