En este mes, los feeds se llenaron de frutas, verduras y utensilios con cara de enojo, voz dramática y consejos de cocina “infalibles”. Este trend, impulsado por imágenes y videos generados con IA, es divertido, creativo y altamente viral, pero también está lleno de mitos de alimentos, medias verdades y errores científicos. El problema no es la tecnología ni el humor, sino cuando estos contenidos se toman como verdades absolutas.
Mitos de alimentos virales: cuando la IA parece experta
El fenómeno de los objetos enojados funciona porque mezcla antropomorfismo, sarcasmo y una falsa autoridad. Cuando una verdura “habla”, nuestro cerebro baja la guardia. Si además el mensaje suena familiar (“así se ha hecho siempre”), lo damos por cierto. Aquí aparece el primer problema: la IA no valida información, solo la replica. Los modelos generan contenido a partir de patrones populares, no de evidencia científica. Por eso muchos de estos videos repiten mitos de cocina que llevan décadas circulando, pero ahora con mejor animación y más alcance. La viralidad no equivale a verdad, y en temas de alimentos, creer sin cuestionar puede implicar riesgos reales.
@reyclips__ Objetos regañando, por los errores que cometes a diario😅😳 #habitos #dia #vida #objetos #vivos ♬ sonido original – reyclips__
Champiñones y el miedo al agua que nunca tuvo sentido
Uno de los mitos más repetidos por este trend es que los champiñones no deben lavarse porque “son esponjas”. Desde la micología, esto no se sostiene. Los champiñones contienen entre 80 y 90 % de agua de forma natural, por lo que su estructura celular no permite absorber cantidades significativas adicionales durante un enjuague rápido.

Investigaciones de la Universidad de California muestran que lavarlos aumenta su peso apenas 1–2 %, una diferencia irrelevante que desaparece al cocinarse. Lo verdaderamente importante es el riesgo microbiológico: al crecer en sustratos orgánicos, pueden portar bacterias. No lavarlos es más peligroso que mojarlos, especialmente si se consumen crudos, donde además deben desinfectarse correctamente.
Vinagre, limón y la ilusión de desinfectar
Otro clásico que la IA ama repetir: “el vinagre lo mata todo”. Aunque el vinagre y el limón son ácidos, no son desinfectantes eficaces para alimentos. Su pH y el corto tiempo de contacto no eliminan bacterias resistentes ni esporas.
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Aquí entra una confusión clave que los videos rara vez explican: limpiar no es desinfectar. Limpiar solo retira suciedad visible; desinfectar reduce microorganismos a niveles seguros. Sustancias como el cloro, el ozono o la plata coloidal funcionan porque están diseñadas para dañar membranas celulares y procesos vitales. El vinagre, no.
El aguacate café y el hueso milagroso que no existe
El hueso del aguacate es otro protagonista frecuente. Según los videos, evita que la pulpa se oxide. La ciencia explica algo mucho más simple. El color café aparece por una oxidación enzimática, cuando la polifenol oxidasa entra en contacto con el oxígeno y transforma compuestos fenólicos en pigmentos oscuros.

El hueso no tiene ningún efecto químico. La pulpa que permanece verde lo hace solo porque no estuvo expuesta al aire. Cualquier barrera física produciría el mismo resultado. Lo que sí funciona es reducir el oxígeno con jugo de limón o aceite. El resto es narrativa visual atractiva, no bioquímica.
Tablas de madera y el mito romántico de la sal y el limón
Las tablas de madera también “hablan” en estos videos, asegurando que sal y limón las desinfectan. La madera es porosa y capilar, lo que permite que líquidos y bacterias penetren profundamente en sus fibras y formen biofilms difíciles de eliminar. La sal y el limón solo ayudan a retirar suciedad superficial por arrastre mecánico. No eliminan microorganismos, por lo que no hacen segura una tabla usada para carnes crudas. Por eso su uso se recomienda para pan, quesos maduros o frutas secas, pero no para proteínas animales, donde materiales no porosos son mucho más seguros.

La IA no está “mintiendo” a propósito, pero tampoco está haciendo divulgación científica. Está amplificando lo que ya era popular, aunque sea incorrecto. En un mundo donde los mitos de alimentos se vuelven cada vez más realistas y virales, entender la ciencia detrás de lo que comemos es una forma de pensamiento crítico. La próxima vez que un vegetal enojado te dé un consejo, tal vez la pregunta no sea si se ve convincente, sino si tiene evidencia detrás.




