Durante el siglo XVIII, la Inquisición en la Nueva España se propuso vigilar y castigar cualquier desviación de la ortodoxia católica, dejando tras de sí un rastro documental tan detallado que hoy resulta invaluable. El llamado catálogo de brujería, rescatado del Archivo Histórico Casa de Morelos y trabajado por la UNAM, reúne expedientes que permiten reconstruir no solo prácticas consideradas heréticas, sino también la vida cotidiana, los conflictos y las creencias de la época. A través de estos documentos, emerge una visión compleja donde la magia, la religión y el poder se entrelazan en un mismo escenario histórico.
Donde el archivo cobra vida: cómo se construyó este catálogo
El catálogo está integrado por 93 expedientes procedentes del antiguo obispado de Michoacán, una jurisdicción que abarcaba territorios de los actuales estados de Michoacán, Guanajuato, San Luis Potosí, Guerrero, Colima y parte de Jalisco. De estos, 59 pertenecen al fondo inquisitorial y corresponden a españoles, criollos, mestizos y mulatos, mientras que 34 forman parte de procesos eclesiásticos dirigidos a la población indígena, que quedaba fuera de la jurisdicción directa del Santo Oficio desde 1571.

El trabajo realizado por los proyectos dirigidos por Cecilia López Ridaura consistió en localizar, fotografiar, transcribir y editar estos documentos. La transcripción paleográfica modernizada respeta la ortografía original, pero facilita la lectura contemporánea, permitiendo acceder a testimonios, denuncias y sentencias sin perder el sentido histórico de los textos. Este esfuerzo convierte un archivo especializado en una fuente accesible para comprender la complejidad social de la Nueva España.
Entre amarres, conjuros y cuerpos enfermos
Los expedientes revelan una notable recurrencia de prácticas que, lejos de ser aisladas, formaban parte de un repertorio cultural compartido. Entre ellas destaca la hechicería amorosa, donde se empleaban polvos, cabellos, figuras de cera o prendas personales con el fin de atraer, retener o dañar a una pareja. También aparecen con frecuencia relatos de maleficios asociados a enfermedades o desgracias, atribuidos a la intervención de terceros mediante medios sobrenaturales.

Otro elemento constante es la presencia del nahualismo y las narraciones de transformación, así como conjuros específicos para volar o desplazarse. Estas prácticas, documentadas con precisión en los testimonios, permiten identificar patrones que fueron clasificados mediante herramientas como el Motif-Index de Stith Thompson. La repetición de estos motivos evidencia que no se trataba de hechos excepcionales, sino de creencias profundamente arraigadas en la sociedad novohispana.
El punto de encuentro entre dioses, santos y rituales
Uno de los aspectos más reveladores del catálogo es el sincretismo cultural que atraviesa los expedientes. Las prácticas descritas combinan elementos de la tradición indígena, influencias africanas y rituales europeos, generando una cosmogonía híbrida donde lo religioso y lo mágico se confunden. El uso de hierbas medicinales junto con oraciones cristianas alteradas o rezos invertidos ilustra esta fusión de saberes.

Este sincretismo no solo refleja la diversidad cultural de la época, sino también las estrategias de adaptación de grupos marginados. En muchos casos, las prácticas consideradas “hechicería” eran formas de conocimiento tradicional o mecanismos de subsistencia. La magia funcionaba como una herramienta para enfrentar enfermedades, conflictos afectivos o situaciones de vulnerabilidad en un contexto de profundas desigualdades sociales.
El poder que se disfrazó de justicia
El catálogo también permite observar cómo la acusación de brujería operaba como un instrumento de control social. Muchas denuncias surgían de conflictos personales, disputas económicas o tensiones comunitarias, donde lo sobrenatural servía como argumento para legitimar castigos. En este sentido, la Inquisición no solo perseguía creencias, sino que intervenía en la regulación de la vida cotidiana.

La diferencia en los procesos judiciales entre grupos sociales resulta especialmente significativa. Mientras que el Santo Oficio juzgaba a ciertos sectores, la población indígena era procesada por tribunales eclesiásticos ordinarios, lo que evidencia una estructura legal diferenciada. Estas variaciones permiten entender cómo la justicia colonial estaba atravesada por jerarquías de casta, poder y religión. Aquí puedes ver el catálogo completo.

El catálogo de brujería de la Inquisición no es únicamente un registro de prácticas prohibidas, sino un testimonio profundo de la vida en la Nueva España. A través de sus expedientes se revelan las tensiones entre fe y conocimiento, entre control y resistencia, así como la persistencia de creencias que lograron sobrevivir a la persecución institucional. Estos documentos no solo reconstruyen el pasado, sino que invitan a reflexionar sobre la manera en que las sociedades interpretan lo desconocido y lo convierten en objeto de juicio o de poder.




