El volcán Kilauea volvió a encender Hawái este enero de 2026 con ríos de lava y columnas incandescentes que transformaron la noche en un resplandor rojo intenso. Desde finales de 2024, este volcán no ha dado tregua: más de 40 episodios eruptivos han convertido su cráter en un escenario activo casi permanente. Las imágenes que circulan muestran fuentes de lava elevándose cientos de metros, gases cubriendo el cielo y un terreno que parece moverse desde adentro. No es un evento aislado ni inesperado, es una señal clara de que el Kilauea atraviesa una de sus etapas más intensas en años.

El volcán Kilauea y su nueva fase eruptiva
El volcán Kilauea es un volcán escudo ubicado en la isla grande de Hawái, en la ladera del imponente Mauna Loa. Aunque es más pequeño que su vecino, su actividad es mucho más frecuente. Desde el 23 de diciembre de 2024, el Kilauea entró en un ciclo de erupciones intermitentes que se han mantenido durante más de un año, consolidando una fase de actividad constante que no pasa desapercibida.

Durante los últimos días, la lava ha emergido principalmente del cráter Halemaʻumaʻu, con fuentes que van desde 6 hasta más de 460 metros de altura, dependiendo del episodio. En algunos reportes recientes incluso se mencionan columnas de magma que superaron los 500 metros. Estos pulsos suelen ser cortos (muchos duran menos de 12 horas), pero su intensidad convierte cada evento en un recordatorio de que el interior de la Tierra sigue muy vivo.
El lado invisible del fuego: gases tóxicos y un cielo vigilado
Más allá de la lava incandescente, uno de los mayores riesgos del volcán Kilauea es lo que no siempre se ve a simple vista. El Servicio Geológico de Estados Unidos mantiene el código aeronáutico en naranja debido a las altas emisiones de gas y ceniza. Cada episodio puede liberar hasta 100,000 toneladas de dióxido de azufre, un gas que en la atmósfera forma el llamado vog (smog volcánico).
BREAKING: Episode 40 of Kilauea’s ongoing eruption has begun 💃 pic.twitter.com/jxAzygM1VP
— Volcaholic 🌋 (@volcaholic1) January 12, 2026
Este fenómeno puede causar irritación en ojos y garganta, problemas respiratorios y reducción de la visibilidad, afectando tanto a residentes como a visitantes. Además, el volcán expulsa diminutos fragmentos de vidrio volcánico conocidos como cabello de Pele, filamentos afilados que flotan en el aire y pueden resultar peligrosos si entran en contacto con la piel. Es un recordatorio de que incluso un volcán “controlado” puede tener efectos invisibles pero reales.
Un espectáculo natural… dentro de una zona restringida
Las imágenes que circulan en redes sociales muestran un cráter iluminado por tonos rojos y naranjas intensos, casi hipnóticos. Sin embargo, la mayor parte de esta actividad ocurre dentro de un área restringida del Parque Nacional de los Volcanes de Hawái, cerrado al público desde hace años precisamente por la inestabilidad del terreno.

Los científicos del Observatorio Volcánico de Hawái advierten que el calor extremo puede provocar sismos locales, desprendimientos de rocas y colapsos en las paredes del cráter. Aunque la erupción no representa un peligro inmediato para zonas habitadas, el monitoreo es constante. El Kilauea demuestra que la naturaleza puede ser espectacular y hostil al mismo tiempo, un contraste que explica por qué despierta tanta fascinación.
¿Por qué el Kilauea no se detiene?
El Kilauea forma parte del sistema volcánico hawaiano, alimentado por un punto caliente en el manto terrestre. A diferencia de volcanes explosivos como el Etna o el Popocatépetl, este volcán produce erupciones más fluidas, con lava basáltica que fluye como ríos ardientes. Esa característica explica su frecuencia: erupciona con regularidad desde 1983 y rara vez permanece inactivo por largos periodos.
Lava flows from Hawaii’s Kilauea volcano https://t.co/K5v4zLeCHQ
— Reuters (@Reuters) January 12, 2026
Lo que ocurre ahora no es una anomalía, sino una fase más de su comportamiento natural. La diferencia es la duración: llevar más de un año expulsando lava y gases convierte este periodo en uno de los más prolongados de las últimas décadas. Para la ciencia, cada episodio es una oportunidad de aprender; para quienes observan desde fuera, es una lección de humildad frente a las fuerzas del planeta.
Vivir sobre un paraíso en movimiento
Hawái suele asociarse con playas, volcanes dormidos y paisajes de postal, pero bajo esa imagen existe una realidad geológica intensa. El volcán Kilauea recuerda que el paraíso también está en constante construcción. Cada flujo de lava crea nueva tierra, pero también redefine el riesgo de habitar una isla nacida del fuego.

La actividad podría extenderse, según autoridades, hasta el 17 de enero, aunque nadie puede asegurar cuándo terminará realmente este ciclo. El Kilauea no solo lanza lava: lanza preguntas sobre nuestra relación con la naturaleza, la forma en que la observamos y cómo convivimos con un planeta que nunca está quieto. ¿Estamos preparados para aceptar que incluso los lugares más bellos del mundo viven en permanente transformación?




