Los terremotos en el glaciar del Juicio Final están ofreciendo una ventana inédita a la dinámica interna del glaciar Thwaites, en la Antártida Occidental. Entre 2010 y 2023 se identificaron más de 360 eventos sísmicos asociados a procesos glaciológicos, no tectónicos. Estas señales, registradas por redes sísmicas y experimentos de campo como la International Thwaites Glacier Collaboration (ITGC), permiten analizar cómo el hielo se fractura, se desliza y responde al calentamiento oceánico. Más que un fenómeno aislado, constituyen una herramienta clave para entender la estabilidad futura de la capa de hielo y su contribución al aumento del nivel del mar.
Terremotos en el glaciar del Juicio Final: naturaleza y mecanismos
A diferencia de los terremotos clásicos asociados a fallas geológicas, los terremotos en el glaciar del Juicio Final son eventos sísmicos generados por procesos físicos del hielo. Se producen principalmente cuando grandes icebergs se desprenden del frente del glaciar, rotan debido a su inestabilidad y colisionan contra el propio frente glaciar o el fondo marino. Este proceso libera energía en forma de ondas sísmicas de baja frecuencia, detectables a grandes distancias.

Un análisis liderado por el sismólogo Thanh-Son Phạm documentó 362 eventos sísmicos en la Antártida entre 2010 y 2023, de los cuales aproximadamente dos tercios se concentraron en Thwaites. Estas señales, muchas veces de magnitud moderada (algunas comparables energéticamente a eventos cercanos a magnitud 5), habían pasado desapercibidas en sistemas globales tradicionales debido a su frecuencia característica. La sismicidad glaciar se ha convertido en un indicador directo del estrés mecánico del hielo.
Dinámica basal y proceso “stick-slip”
Además del desprendimiento de icebergs, otra fuente relevante de sismicidad es el movimiento basal del glaciar. Equipos del proyecto GHOST, dentro de la ITGC, desplegaron cerca de 200 sismómetros directamente sobre la superficie de Thwaites para registrar microeventos asociados al contacto entre el hielo y el lecho rocoso.

Los datos muestran un patrón de “stick-slip”: el glaciar se adhiere temporalmente a irregularidades del sustrato, acumula tensión y posteriormente se libera de forma abrupta, avanzando varios centímetros o metros en cuestión de minutos. Cada liberación genera una firma sísmica característica. Este comportamiento confirma que el flujo del glaciar no es uniforme, sino episódico y altamente dinámico. El análisis temporal revela ráfagas de actividad seguidas de periodos de relativa calma, lo que sugiere un sistema en transición mecánica.
Interacción con el océano y estabilidad estructural
El frente marino de Thwaites es particularmente sensible al calentamiento del océano circundante. Mediciones oceanográficas han confirmado la intrusión de agua relativamente cálida bajo la plataforma flotante del glaciar, favoreciendo el deshielo basal. Vehículos submarinos autónomos han observado erosión irregular en forma de terrazas y cavidades, lo que debilita la estructura desde abajo.

Esta configuración se enmarca en el concepto de inestabilidad de la capa de hielo marina (Marine Ice Sheet Instability). El lecho rocoso bajo Thwaites presenta una pendiente que desciende hacia el interior del continente. Cuando la línea de apoyo (grounding line) retrocede, el hielo queda expuesto a mayor flotación y a mayor contacto con agua cálida, lo que acelera el proceso de fracturación y desprendimiento. Los terremotos en el glaciar del Juicio Final reflejan esta interacción compleja entre mecánica del hielo y forzamiento oceánico.
Implicaciones para el aumento del nivel del mar
Actualmente, Thwaites pierde del orden de 50 mil millones de toneladas de hielo al año y contribuye aproximadamente con un 4% del aumento anual del nivel del mar. Si el glaciar colapsara por completo, el aporte directo sería de alrededor de 65 centímetros de subida global. Sin embargo, su importancia estratégica radica en su función de contención: actúa como barrera para el flujo de hielo del interior de la Antártida Occidental.

Modelos glaciológicos recientes indican que un colapso total en pocas décadas es improbable, pero también muestran que el retroceso continuará a lo largo del siglo XXI bajo escenarios de emisiones elevadas. En el largo plazo, la pérdida del efecto de contención podría contribuir a varios metros de aumento del nivel del mar. La sismicidad observada no implica un colapso inmediato, pero sí evidencia un sistema que ha perdido parte de su estabilidad previa.

Los terremotos en el glaciar del Juicio Final no son anomalías aisladas, sino expresiones físicas de un glaciar que responde de manera dinámica a cambios térmicos y oceánicos. La combinación de desprendimientos masivos, deslizamientos basales y erosión submarina dibuja un sistema complejo cuya evolución condicionará el futuro del aumento del nivel del mar. El seguimiento sísmico se ha convertido en una herramienta esencial para evaluar su estabilidad. Comprender estos procesos no es solo una cuestión académica: es anticipar cómo evolucionará uno de los componentes más sensibles del sistema climático terrestre.




