Aunque parezca algo natural y obvio los ríos no son rectos, mucho menos los arroyos. Sí, “si no lo decimos no se daban cuenta” pero la razón detrás de ello se debe a los llamados meandros que pueden cambiar con el tiempo según las condiciones del cauce, el clima y otros factores.
Aunque a simple vista podría parecer que el agua debería seguir una línea recta, diversos factores intervienen para alterar su curso, pues de donde nace hasta lo que recorre el agua tienen diferentes presiones y flujos que alteran los meandros provocando así su curvatura.
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Detrás del por qué los arroyos y ríos no son rectos
En geografía se reconocen tres partes de un rio según su perfil longitudinal. o representación gráfica de la línea de un curso de un río que surca desde el nacimiento hasta la desembocadura. A lo largo del curso, se aprecian diferencias en el flujo del río que dependen de su velocidad, la cual determina la capacidad de erosión, transporte y sedimentación fluvial.
Estos tres factores determinan la curvatura de los ríos o por qué los ríos no son rectos, es decir, los ríos y arroyos no fluyen en línea recta, sino que forman curvas a lo largo de su recorrido, puesto que siguen una lógica que tiene que ver con la forma en que el agua se mueve y se adapta al terreno.
Expliquemos mejor, normalmente, cuando levantamos la vista y miramos hacia el horizonte, este lo vemos, aparentemente, como una línea recta. Ocurre lo mismo en dibujos, cuadros, fotografías… siempre parece una línea perfecta y quebrantable solo por obstáculos como una montaña o un edificio.
Pero la cosa cambia cuando uno va a la playa y mira hacia la inmensidad del océano. Sobre todo si se mira de un lado a otro, girando la cabeza, de forma pausada. En ese momento podemos darnos cuenta de que el horizonte no es tan recto; sino que tiene una mínima curvatura hacia arriba.
Justo lo mismo pasa con los ríos y los arroyos, puede que el agua del río inicia o fluye por fuertes pendientes y con aspecto de torrente, pero cuando se desplaza por la superficie terrestre su proceso cambia pues al descender por la pendiente, empieza a curvear pues el agua se enfrenta a diversos obstáculos que encuentra en su recorrido, como rocas, ramas o cambios de inclinación, según Ausable River.
Estos atascos afectan la velocidad y dirección del agua, así como la erosión y sedimentación del suelo por donde pasa. Por eso, el agua suele desplazarse en forma de curvas y meandros que varían con el tiempo. Al final, estos procesos crean una diversidad de formas y patrones en el paisaje fluvial.
Ahora, viene se une la gravedad
Cuando el ambiente tiene una pendiente elevada, el agua fluye más rápido y de forma más recta, debido a la fuerza de la gravedad, lo que ocasiona que las corrientes serpenteen a lo largo de su trayecto, formando meandros que confunden a primera vista.
Es decir, cuando el terreno es llano o tiene poca pendiente, el agua se desplaza más lentamente y puede cambiar de dirección con más facilidad, originando curvas y meandros más acentuados. Así, la pendiente del suelo y el flujo del agua generan diferentes formas y patrones en el curso de los arroyos y ríos.
Y por ello, un meandro se forma cuando el agua disminuye la velocidad durante el curso del río, formando las curvas o meandros. Se forma con mayor facilidad en las llanuras aluviales cuando la pendiente es escasa. El desarrollo de meandros incrementa la longitud del río y por consiguiente disminuye la pendiente.
