Durante décadas, El Niño y La Niña han sido palabras clave para entender sequías, lluvias extremas y cambios bruscos en el clima global. Pero en 2026, la NOAA decidió cambiar las reglas del juego al introducir un nuevo índice que busca separar estos fenómenos del ruido del calentamiento global. El ajuste promete mayor precisión, pero también abre preguntas incómodas: ¿estábamos interpretando mal el clima todo este tiempo? ¿Y qué significa esto para regiones vulnerables como América Latina y México? La ciencia avanza, pero no sin sacudir certezas.
El nuevo índice de la NOAA y El Niño-La Niña
La NOAA anunció oficialmente la adopción del Índice Relativo Oceánico del Niño (RONI), un método que reemplaza al tradicional ONI, usado durante más de 30 años. El ONI medía anomalías de temperatura en una zona específica del Pacífico (Niño 3.4), comparándolas con promedios históricos. El problema es que esos promedios ya no representan un océano “normal”.
As highlighted by Makiko, the Relative Oceanic Niño Index (RONI) is now the new standard.
This @NOAA NCPC update clearly shows that most of the past 6 years showed a negative RONI.The average RONI of the past 6 years was -0.54, contributing to relatively lower glob temperatures https://t.co/dnuYXAmukl pic.twitter.com/V69PyuoiUn
— Leon Simons 🌍 (@LeonSimons8) February 3, 2026
Con el planeta calentándose a un ritmo acelerado, el océano tropical también lo hace. El resultado: El Niño parecía aparecer más seguido y La Niña cada vez más débil, incluso cuando la atmósfera no reaccionaba como debería. RONI intenta corregir eso restando el calentamiento promedio de todos los océanos tropicales, aislando la señal real del ENSO.
Calentamiento global, el ruido que confundía los datos
Aquí está el punto clave: el calentamiento global no es El Niño. Son procesos distintos que ahora conviven en el mismo sistema. El índice antiguo mezclaba ambos, generando lo que muchos científicos llaman falsos positivos climáticos.

Por ejemplo, un océano globalmente más cálido podía activar alertas de El Niño aunque la circulación atmosférica siguiera comportándose como neutral. Esto rompía el acoplamiento océano-atmósfera, que es esencial para que el fenómeno tenga impactos reales en lluvia, sequía o tormentas. El nuevo índice intenta devolverle protagonismo a la variabilidad natural, sin borrar el contexto climático actual.
Eventos reclasificados y una historia que cambia
Al aplicar RONI al pasado, la historia del clima reciente se reescribe. Eventos como 2024/2025 y 2025/2026, antes considerados enfriamientos marginales, ahora entran oficialmente en la categoría de La Niña. En contraste, varios episodios de El Niño pierden intensidad al eliminar el calentamiento de fondo.

Esto genera un dilema científico: ¿cómo comparar eventos que comparten nombre pero no efectos? En Sudamérica, estos “nuevos” episodios de La Niña no provocaron los patrones clásicos de lluvias o sequías. Sin embargo, ahora forman parte de la climatología oficial, lo que complica estudios históricos y modelos predictivos.
¿Más precisión o más incertidumbre?
A nivel metodológico, RONI es un avance sólido. De hecho, Australia ya usa un enfoque similar desde 2025. Pero conceptualmente, el debate está abierto: ¿es posible separar lo natural de lo antropogénico en un planeta que ya cambió?

Algunos científicos advierten que intentar “limpiar” el calentamiento global puede crear una versión artificial del clima, desconectada de la experiencia real de las personas. Para un agricultor o una ciudad costera, no importa por qué el océano está caliente, sino qué consecuencias tendrá. La precisión científica no siempre se traduce en claridad operativa.
¿Qué significa este cambio para México y el mundo?
En febrero de 2026, el mundo transita de una La Niña debilitándose hacia una fase neutral, con un 75 % de probabilidad de mantenerse así hasta mayo. Gracias al nuevo índice, esto evita declarar un falso El Niño solo por temperaturas elevadas en el Pacífico. Para México, esto es clave. El país vive entre dos océanos que se calientan rápido, y las alertas erróneas pueden significar malas decisiones en agricultura, agua y protección civil.

El nuevo índice ayuda a distinguir si una sequía en el norte o lluvias en el sureste responden a ENSO real o a factores regionales. A escala global, el impacto va desde la predicción de huracanes en el Atlántico, hasta los precios de alimentos como trigo, azúcar y cacao, altamente sensibles a El Niño y La Niña.

El cambio de la NOAA no es solo técnico: es una señal de que el clima que conocíamos ya no existe en su forma pura. RONI busca claridad en medio de un planeta alterado, pero también nos recuerda que la ciencia avanza entre dudas, ajustes y nuevas preguntas. Entender El Niño y La Niña hoy implica aceptar que el calentamiento global ya forma parte del sistema. La gran incógnita es si sabremos interpretar mejor el futuro… o si apenas estamos empezando a reaprender el clima.




