Durante años, el glaciar del Juicio Final fue una amenaza silenciosa, inmóvil a los ojos del mundo. Hoy, los científicos confirman algo inquietante: ya comenzó a moverse de forma inestable. La gran pregunta dejó de ser “si colapsará” y pasó a ser cuánto falta para que ocurra. Con datos satelitales, mediciones GPS y más de dos décadas de observación, el glaciar Thwaites se convirtió en una cuenta regresiva helada que podría redefinir el nivel del mar y el futuro de millones de personas.
El glaciar del Juicio Final comenzó a moverse
El glaciar Thwaites, ubicado en la Antártida Occidental, cubre aproximadamente 192,000 km² y ha sido vigilado de cerca por equipos científicos de Estados Unidos y Reino Unido. Durante décadas, una cresta rocosa submarina actuó como un freno natural que mantenía relativamente estable su estructura. Ese freno ya no funciona.

Desde principios de los años 2000, los satélites comenzaron a detectar una aceleración progresiva del hielo hacia el océano. Lo que antes era un flujo lento y contenido ahora muestra desplazamientos más rápidos y desordenados. El glaciar no solo se derrite: se desplaza, y eso cambia completamente el escenario.
Grietas internas: la señal de que el tiempo corre
El movimiento del glaciar del Juicio Final no es uniforme ni limpio. Está marcado por un patrón alarmante: la aparición y multiplicación de grietas internas. En una primera etapa, surgieron fracturas largas alineadas con el flujo del hielo, algunas de más de 8 kilómetros de longitud, atravesando toda la plataforma.

Con el paso del tiempo, el proceso cambió. A partir de 2010 comenzaron a aparecer miles de grietas más cortas, transversales, que fragmentaron la estructura interna. Los números lo confirman: la longitud total de las grietas pasó de 165 kilómetros en 2002 a más de 336 kilómetros en 2021. Menos cohesión significa menos resistencia, y eso acelera el movimiento.
Entonces… ¿cuánto falta para el colapso del glaciar del Juicio Final?
Aquí está la respuesta que más inquieta: no hay una fecha exacta, pero los científicos coinciden en que el proceso ya está en marcha y no se puede detener fácilmente. El colapso no será un evento instantáneo tipo película, sino una secuencia de fallas progresivas que pueden extenderse por décadas o siglos. Sin embargo, lo crítico es que Thwaites podría haber cruzado un umbral conocido como Marine Ice Sheet Instability.

Esto significa que, una vez iniciado el retroceso profundo del glaciar sobre un fondo marino inclinado hacia el interior, el proceso se vuelve autosostenido, incluso si las temperaturas globales dejaran de aumentar hoy. Algunos modelos sugieren que partes clave del glaciar podrían colapsar en las próximas décadas, contribuyendo de forma acelerada al aumento del nivel del mar. El colapso total podría tardar más, pero sus efectos ya están activos.
El océano cálido acelera la cuenta regresiva
Debajo del glaciar del Juicio Final ocurre algo aún más preocupante. Investigaciones recientes detectaron corrientes de agua oceánica más cálida que erosionan la base del glaciar desde abajo. Este derretimiento basal crea cavidades invisibles que debilitan el soporte del hielo. Este fenómeno es clave porque no depende del clima superficial. Aunque la Antártida siga siendo extremadamente fría, el océano continúa atacando la base del glaciar, facilitando que enormes bloques se deslicen hacia el mar. Es un proceso silencioso, constante y muy difícil de frenar.

¿Qué pasará si el glaciar colapsa?
Si el glaciar del Juicio Final colapsa por completo, podría elevar el nivel del mar global en hasta 65 centímetros. Pero el verdadero riesgo es el efecto dominó: su desaparición podría desestabilizar otros glaciares vecinos, multiplicando el impacto. Esto no significa que las ciudades costeras se inunden de un día para otro, pero sí implica transformaciones profundas y permanentes en costas, ecosistemas y sistemas urbanos. El movimiento que ya comenzó en la Antártida no se quedará en la Antártida.

El glaciar del Juicio Final ya no es una amenaza lejana ni teórica. Comenzó a moverse, a fracturarse y a perder los frenos naturales que lo mantenían estable. Aunque nadie puede dar una fecha exacta para su colapso, los datos muestran que el reloj ya está corriendo. La Antártida nos está enviando una señal clara y fría: algunos cambios tardan siglos, pero empiezan con movimientos casi imperceptibles. La pregunta es si sabremos escuchar antes de que sea demasiado tarde.




