El posible cierre de la biblioteca más grande de la NASA ha encendido alertas dentro y fuera de la comunidad científica, no por un tema administrativo, sino por lo que representa para la historia del conocimiento humano. En sus estanterías se conserva documentación técnica, reportes internos y registros de misiones espaciales que no existen en ningún otro lugar. Se trata de la memoria escrita de cómo la humanidad aprendió a observar el universo desde fuera de la Tierra. Eliminar o dispersar ese acervo significa debilitar la base científica sobre la que se construyen las futuras exploraciones espaciales.
La biblioteca de Goddard y su valor científico
La biblioteca se encuentra en el Goddard Space Flight Center, uno de los centros neurálgicos de la investigación espacial estadounidense. A diferencia de una biblioteca convencional, este espacio resguarda manuales de ingeniería, bitácoras de misión, estudios orbitales, análisis de fallas y documentación técnica generada a lo largo de más de seis décadas. Muchos de estos materiales nunca fueron digitalizados, ya que estaban pensados para consulta directa por científicos y técnicos activos. Su pérdida no puede suplirse con publicaciones académicas externas ni repositorios abiertos.

Un archivo que conecta generaciones de misiones
Desde la era Apolo hasta los grandes observatorios espaciales, Goddard ha sido clave en el desarrollo de misiones como el Hubble Space Telescope y el James Webb Space Telescope. Los documentos de la biblioteca explican no solo los éxitos, sino también los errores, ajustes y decisiones críticas que permitieron que estas misiones funcionaran. En ciencia espacial, entender por qué algo falló es tan valioso como saber por qué tuvo éxito, ya que cada misión futura se diseña a partir de esas lecciones.

Contexto presupuestal y reestructuración
El cierre se da en medio de una fuerte incertidumbre presupuestal impulsada por la administración de Donald Trump, que ha propuesto recortes profundos a la ciencia espacial. Aunque la NASA ha descrito el proceso como una “consolidación”, reportes internos señalan que parte del material podría ser almacenado sin garantías claras de conservación y otra parte descartada. El administrador de la agencia, Jared Isaacman, ha negado públicamente que se vaya a destruir material crítico, pero la falta de inventarios detallados y calendarios de preservación mantiene la preocupación activa.

Ciencia sin memoria: un riesgo estructural
Para la investigación espacial, la memoria institucional es un componente esencial de seguridad y eficiencia. Repetir errores de diseño, cálculo orbital o pruebas de materiales puede costar años de trabajo y miles de millones de dólares. Científicos que trabajaron durante décadas en la agencia advierten que el conocimiento no vive solo en bases de datos modernas, sino en documentos técnicos históricos que explican decisiones pasadas. Perderlos no es un acto simbólico: es debilitar la capacidad de la ciencia para aprender de sí misma.

Consecuencias para misiones presentes y futuras
El desmantelamiento de archivos y espacios técnicos en Goddard ocurre mientras la NASA trabaja en proyectos clave como el Nancy Grace Roman Space Telescope, destinado a estudiar energía oscura y exoplanetas, y la misión Dragonfly, que explorará Titán en busca de condiciones de habitabilidad. Estas misiones dependen de décadas de experiencia acumulada en diseño, pruebas y análisis. Reducir el acceso a ese conocimiento histórico limita la capacidad de innovación y aumenta los riesgos técnicos.

La posible desaparición de la biblioteca de Goddard plantea una pregunta profunda sobre el rumbo de la exploración espacial: ¿puede la ciencia avanzar de forma sólida sin preservar su propia historia? En un universo que aún guarda innumerables secretos, el conocimiento acumulado es uno de los recursos más valiosos que tiene la humanidad. Proteger la memoria científica no es mirar al pasado, sino asegurar que el futuro de la exploración espacial se construya con bases firmes y conscientes.




