El volcán Puracé, en el departamento del Cauca, lleva semanas enviando señales que el Servicio Geológico Colombiano (SGC) no había visto desde que comenzó el monitoreo instrumental en 1993: columnas de ceniza de hasta 3.500 metros sobre la cima, tremor continuo, y niveles récord de dióxido de azufre y dióxido de carbono en el suelo. Este 10 de agosto de 2026, cuando un terremoto de 7,4 sacudió simultáneamente al país, la actividad del Puracé volvió a los titulares, pero el volcán no llegó hasta aquí de repente: tiene semanas construyendo esta presión.
¿Qué está pasando realmente dentro del Puracé?
El SGC elevó la alerta del Puracé de amarilla a naranja el 1 de agosto de 2026, después de detectar un aumento sostenido de actividad que comenzó el 20 de julio. No fue una decisión apresurada: los parámetros que monitorean en tiempo real: flujo de SO₂ por encima del promedio histórico, ascenso persistente de CO₂ en el suelo, sismos de largo periodo a menos de 1 km de profundidad bajo el cráter, y una anomalía térmica en el fondo del cráter detectada por la plataforma satelital MIROVA de la Universidad de Turín, apuntaban todos en la misma dirección.
La UNGRD estimó que cerca de 3.000 personas podrían requerir atención directa si la actividad continúa evolucionando. Ya sin necesidad de que haya erupción, la caída de ceniza está afectando pastos, cultivos y el suministro de agua en comunidades cercanas al volcán. La Aeronáutica Civil suspendió temporalmente las operaciones del Aeropuerto Guillermo León Valencia de Popayán, con el VAAC de Washington delimitando un polígono de afectación sobre la ciudad.
Que los niveles de SO₂ y CO₂ sean los más altos registrados desde 1993 no es un dato menor: significa que el sistema volcánico está desgasificando con una intensidad que no tiene precedente en tres décadas de monitoreo instrumental. Es la firma química de fluidos y magma en movimiento dentro del volcán. Nathalia Contreras, directora técnica de Geoamenazas del SGC, aclaró que la alerta naranja no implica que una erupción sea inminente, solo que la probabilidad aumentó. Así funciona el monitoreo de volcanes activos en América Latina
El terremoto de 7,4 y el Puracé: dos fenómenos, no uno
La coincidencia del día generó confusión inmediata en redes: el sismo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, registrado a las 7:34 a.m. del 10 de agosto a unos 96 km de profundidad, es el de mayor magnitud en Colombia en la última década, según el director del SGC, Julio Fierro Morales. El país declaró estado de desastre nacional tras daños en Manizales, Pereira, Cali y Quibdó.
Pero el SGC fue explícito: no hay evidencia oficial de una relación directa entre el sismo y la actividad del Puracé. El epicentro está en el Chocó, en la región del Pacífico, geológicamente distante del sistema volcánico del Cauca. Ambos fenómenos comparten la misma causa de fondo (la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, el proceso que alimenta tanto el vulcanismo andino como la alta sismicidad del país), pero eso no los convierte en eventos conectados entre sí. Colombia tiene más de 20 volcanes activos o potencialmente activos, y el SGC los vigila con 133 estaciones sísmicas instaladas en volcanes activos, distribuidas en tres observatorios vulcanológicos y sismológicos.
El Puracé tiene su propio historial: es un estratovolcán con registro eruptivo desde 1827, cuya última erupción de magnitud considerable ocurrió en marzo de 1977. Desde 2021 muestra cambios paulatinos en su comportamiento, y ya estuvo en alerta naranja entre mayo y julio de 2024, y entre noviembre de 2025 y enero de 2026. Lo que vivimos este agosto es un ciclo de aceleración, no un evento aislado.




