Cada año, entre otoño e invierno, México entra en la llamada temporada de partículas, un periodo en el que la calidad del aire se deteriora por el aumento de partículas PM10 y PM2.5. Aunque muchas veces no son visibles, estas diminutas partículas se acumulan en la atmósfera debido a condiciones como el frío, la sequía y la falta de viento. En 2026, diversas regiones del país han registrado más días con mala calidad del aire, impulsados por incendios forestales, actividad industrial y nuevas normas ambientales más estrictas. Lo que parece una ligera bruma puede ser, en realidad, una señal de alerta para la salud pública y el medio ambiente.
¿Qué es la temporada de partículas y por qué ocurre?
La temporada de partículas en México se presenta principalmente entre noviembre y febrero, aunque en algunas zonas puede extenderse hasta mayo. El fenómeno está ligado a condiciones meteorológicas específicas. Durante las mañanas frías se produce la inversión térmica: una capa de aire caliente se coloca sobre el aire frío cercano al suelo, atrapando los contaminantes e impidiendo su dispersión. Es un efecto de “tapa atmosférica” que concentra la contaminación justo donde respiramos.

A esto se suma la falta de lluvias y la baja velocidad del viento, factores que impiden que el polvo y el humo se dispersen. Las fuentes de emisión son diversas: tránsito vehicular, termoeléctricas, refinerías, minería, procesos industriales, quema agrícola, uso de leña y, en temporada seca, incendios forestales. Estados del centro como Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo y Puebla, pero también entidades como Jalisco, Nuevo León, Oaxaca o Guanajuato, enfrentan incrementos importantes en concentraciones de partículas durante esta etapa del año.
PM10 y PM2.5: qué son y por qué representan un riesgo
Las partículas PM10 tienen un diámetro menor a 10 micrómetros y pueden ingresar a las vías respiratorias superiores. Las PM2.5, aún más pequeñas, son capaces de penetrar hasta los alvéolos pulmonares e incluso llegar al torrente sanguíneo. Su tamaño microscópico las hace especialmente peligrosas, ya que el cuerpo tiene más dificultad para expulsarlas.

De acuerdo con autoridades sanitarias y estudios científicos, la exposición prolongada a estas partículas se relaciona con irritación de garganta y ojos, crisis asmáticas, bronquitis, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Investigaciones realizadas en zonas industriales como Tula, en Hidalgo, han demostrado que durante periodos de estabilidad atmosférica aumentan significativamente las concentraciones de PM10 asociadas a actividades mineras e industriales. A nivel internacional, estudios publicados en revistas como Proceedings of the National Academy of Sciences han vinculado incrementos en PM2.5 con mayor demanda de atención médica, incluso en animales domésticos.
Incendios forestales y temporada seca-fría
Uno de los factores que ha intensificado la temporada de partículas en México en 2026 es el aumento de incendios forestales. Durante el periodo de estiaje —cuando disminuyen las lluvias y aumenta la sequedad del suelo— el riesgo de incendios crece. El humo generado por estos eventos libera grandes cantidades de partículas finas que pueden viajar cientos de kilómetros, afectando la calidad del aire en ciudades alejadas del punto de origen.

Estados como Oaxaca, Puebla, Jalisco y Chiapas han reportado decenas de incendios en los primeros meses del año, con miles de hectáreas afectadas. Este fenómeno no solo impacta la biodiversidad y los ecosistemas, sino que incrementa la concentración de PM2.5 en zonas urbanas y rurales. El aire contaminado no reconoce fronteras estatales, lo que convierte a la temporada de partículas en un desafío nacional.
Impacto en la vida cotidiana y recomendaciones
La temporada de partículas modifica la dinámica diaria en distintas regiones del país. Las autoridades ambientales emiten reportes constantes sobre la calidad del aire y, en algunos casos, activan contingencias ambientales cuando se superan los límites establecidos. En 2026, además, entraron en vigor estándares más estrictos para proteger mejor la salud de la población, lo que implica que las alertas pueden activarse con niveles que antes se consideraban moderados.

Entre las recomendaciones más frecuentes están evitar actividad física intensa al aire libre durante las primeras horas del día, cuando la inversión térmica es más fuerte; no realizar quemas de basura o pastizales; reducir el uso del automóvil cuando sea posible; y proteger especialmente a niñas, niños, personas adultas mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares. También se aconseja mantener ventanas cerradas en días críticos y consultar los reportes oficiales de calidad del aire. La prevención es una herramienta clave para reducir riesgos.

La temporada de partículas en México es un fenómeno recurrente que combina factores climáticos, industriales y sociales. Las inversiones térmicas, la sequía y las emisiones humanas generan un escenario donde las PM10 y PM2.5 se concentran y afectan la salud, los ecosistemas y la calidad de vida. Comprender sus causas y efectos permite dimensionar el problema más allá de una simple capa gris en el horizonte. En un contexto de cambio climático y crecimiento urbano, la pregunta de fondo es cómo equilibrar desarrollo y bienestar sin comprometer el aire que respiramos.




