Durante décadas, el río Green ha sido uno de los mayores enigmas de la geología en Norteamérica. Este afluente del río Colorado no solo atraviesa las imponentes montañas Uinta, sino que parece hacerlo “cuesta arriba”, desafiando lo que creemos saber sobre la gravedad y el flujo del agua. Hoy, gracias a nuevas investigaciones, los científicos están más cerca de entender cómo este fenómeno imposible ocurrió. Y la respuesta no está en el cielo… sino muy por debajo de nuestros pies.
El río Green y su ruta imposible a través de las montañas
El río Green nace en Wyoming y recorre más de 1,100 kilómetros hasta unirse con el río Colorado en el Parque Nacional Canyonlands, en Utah. Lo que lo hace único no es solo su longitud, sino el hecho de que atraviesa las montañas Uinta, una cadena montañosa que alcanza hasta 4,000 metros de altura y que ya existía millones de años antes de que el río tomara ese camino.

Aquí viene lo extraño: las montañas tienen alrededor de 50 millones de años, mientras que el curso actual del río tiene entre 2 y 8 millones de años. En teoría, el río debería haber rodeado la formación, no atravesarla. Sin embargo, ahí está el Cañón de Lodore, con paredes de hasta 700 metros, como prueba de que el agua ganó la batalla.
Las teorías que no lograron convencer a nadie
Durante años, los geólogos barajaron dos explicaciones principales. La primera sugería que el río Yampa, un afluente más pequeño, había abierto camino hacia el norte, permitiendo que el río Green siguiera esa ruta. El problema es que el Yampa no tiene la fuerza suficiente para excavar un cañón de ese tamaño en una cordillera completa.

La segunda teoría apuntaba a una acumulación masiva de sedimentos que habría elevado temporalmente el nivel del río, permitiéndole “derramarse” sobre las montañas. Pero los registros geológicos no respaldan esta idea: los sedimentos encontrados no alcanzan la altura necesaria. Ambas hipótesis dejaron más preguntas que respuestas, manteniendo vivo el misterio.
El fenómeno oculto bajo la Tierra que lo explica todo
La nueva explicación es tan fascinante como contraintuitiva. Investigadores de la Universidad de Glasgow proponen que las montañas Uinta no siempre fueron tan altas como hoy. La clave está en un proceso poco conocido llamado goteo litosférico. Este fenómeno ocurre cuando, bajo una cadena montañosa, se forma una región extremadamente densa entre la corteza y el manto terrestre. Con el tiempo, esa “masa pesada” se desprende y se hunde hacia el interior del planeta, arrastrando la superficie hacia abajo.

En pocas palabras: la montaña se hunde temporalmente. Gracias a este descenso, el río Green encontró un camino más fácil, fluyendo sobre una versión más baja de las montañas Uinta. Cuando el goteo se desprendió por completo, el terreno rebotó y volvió a elevarse, dejando al río atrapado en su ruta, que siguió erosionando la roca durante millones de años.
Evidencias que apuntan a un pasado sorprendente
Los científicos no se quedaron solo con modelos teóricos. Analizaron imágenes de tomografía sísmica, una técnica que permite ver el interior de la Tierra usando ondas sísmicas. Allí encontraron un “blob” denso a unos 200 kilómetros de profundidad, justo debajo de las montañas Uinta, con la forma y tamaño esperados de un antiguo goteo litosférico. Además, los modelos indican que este desprendimiento ocurrió hace entre 2 y 5 millones de años, coincidiendo perfectamente con el momento en que el río Green comenzó a tallar el cañón. Es una de esas raras ocasiones en que la superficie y el interior del planeta cuentan la misma historia.

El caso del río Green demuestra que la Tierra sigue siendo un planeta lleno de secretos, donde incluso algo tan familiar como un río puede desafiar nuestras reglas más básicas. Lejos de fluir cuesta arriba por arte de magia, este afluente aprovechó un momento único en la historia geológica, cuando una montaña entera se hundió bajo su peso. Entender estos procesos no solo reescribe la historia del paisaje, también nos recuerda que el planeta está vivo, en constante cambio… ¿qué otros misterios seguirán ocultos bajo nuestros pies?




