Ragasa, el supertifón más fuerte del mundo, arrasa Asia con inundaciones y evacuaciones

Ragasa, el tifón más poderoso del año, arrasa Taiwán y el sur de China con lluvias torrenciales, inundaciones y vientos de 241 km/h.

La palabra Ragasa significa en filipino movimiento fuerte, impetuoso y ondulante. Y el nombre no podría ser más acertado: este supertifón, el más poderoso del planeta en 2025, ha dejado a su paso muerte y destrucción. Al menos 17 personas murieron en Taiwán tras el desbordamiento de un lago de montaña, mientras que en el sur de China casi dos millones de personas fueron evacuadas en una operación de emergencia sin precedentes. Las imágenes que llegan desde Taiwán, Hong Kong y Guangdong muestran calles convertidas en ríos, árboles arrancados de raíz y ciudades paralizadas.

Ragasa

Ragasa, la reina de las tormentas

Equivalente a un huracán de categoría cinco, Ragasa es la tormenta más fuerte del mundo en lo que va de año. Su paso comenzó en Filipinas, continuó en Taiwán (donde un lago barrera liberó cerca de 60 millones de toneladas de agua) y finalmente impactó en el sur de China. La magnitud es difícil de dimensionar: hablamos de la fuerza del viento capaz de arrancar techos de edificios y generar olas tan altas como postes de luz.

En Taiwán, la tragedia fue inmediata. En el condado de Hualien, el lago Matai’an se desbordó, provocando un torrente que arrasó con viviendas y arrastró autos como si fueran juguetes. Un puente entero desapareció bajo la corriente, y miles de personas se refugiaron en los pisos superiores de sus casas para escapar del agua.

Hong Kong bajo agua y viento

Aunque Ragasa no tocó tierra directamente en Hong Kong, 62 personas resultaron heridas y la ciudad entera quedó prácticamente paralizada. El observatorio local registró marejadas de más de tres metros, mientras que los vientos derribaron árboles y arrancaron andamios de edificios. El transporte público se suspendió, el aeropuerto internacional cerró vuelos y comercios en zonas bajas fueron inundados.

En Macao, considerada una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, el agua llegó a la cintura en algunos barrios. Videos que circulan en redes muestran olas destrozando puertas de cristal de hoteles frente al mar, un recordatorio de lo frágiles que pueden ser incluso las infraestructuras más modernas frente al poder del océano.

El sur de China: millones en movimiento

Cuando Ragasa tocó tierra en la provincia de Guangdong, lo hizo con vientos de hasta 241 km/h. Las autoridades reaccionaron rápido: casi dos millones de personas fueron evacuadas y más de 38.000 bomberos quedaron en alerta. En ciudades como Zhuhai o Yangjiang, las patrullas policiales recorrían calles vacías, instando a los pocos transeúntes a refugiarse.

Los comercios colocaron sacos de arena, las ventanas fueron reforzadas con cinta adhesiva y supermercados quedaron con baldas vacías tras la compra masiva de víveres. Aun así, Ragasa logró inundar barrios enteros, arrancar carteles y doblar estructuras metálicas.

Cambio climático y un futuro incierto

Los científicos llevan tiempo advirtiendo: el cambio climático está intensificando los tifones. El aumento de la temperatura del agua en el Mar de China Meridional y la mayor humedad atmosférica hacen que tormentas como Ragasa sean más frecuentes y más destructivas. “La mayoría de los códigos de construcción fueron diseñados con base en datos pasados, pero esos datos ya no reflejan el futuro”, advirtió el climatólogo Johnny Chan.

Este 2025 ya suma nueve tifones en Hong Kong, cuando el promedio anual solía ser de seis. Ragasa, lejos de ser un evento aislado, es parte de una tendencia global que incluye olas de calor históricas, inundaciones, sequías y deslizamientos de tierra. La naturaleza está enviando un mensaje, y la pregunta es si estamos dispuestos a escucharlo.

Ragasa quedará en la memoria colectiva como una de las tormentas más feroces de este siglo. Su impacto en Taiwán, Hong Kong y China muestra no solo la vulnerabilidad de nuestras ciudades, sino también la capacidad de organización y respuesta frente a lo inevitable. Sin embargo, la frecuencia y fuerza de estos fenómenos apuntan a un futuro en el que la “reina de las tormentas” no será un caso aislado, sino un capítulo más en la era del clima extremo.

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