Dos torres de Punta Paraíso, un complejo de condominios de lujo en San Pancho, Nayarit, colapsaron parcialmente por erosión costera y oleaje fuerte. Lo que hace el dato más difícil de ignorar: un tribunal ya había ordenado su demolición, y desde 2017 habitantes y ambientalistas alertaban que construir sobre una duna costera y zona de anidación de tortugas era una apuesta contra el tiempo. El mar simplemente no esperó.
Lo que se construyó donde no debía
Punta Paraíso no es un proyecto improvisado. Es un complejo de condominios de lujo levantado sobre una duna costera en San Francisco (San Pancho), Nayarit, una de las costas del Pacífico mexicano con mayor actividad de anidación de tortugas marinas. Desde 2017, comunidades locales y organizaciones ambientalistas documentaron los riesgos y presentaron quejas formales. Sus advertencias fueron ignoradas durante años.
El problema no es solo ambiental — es estructural en otro sentido: el desarrollo continuó, las torres se levantaron y el proyecto siguió vendiendo. Que una duna costera sea un sistema vivo que se mueve, que cede, que responde a las tormentas, no apareció en ningún prospecto de venta. Lo que pasó en Cancún con la erosión de sus playas es parte del mismo patrón: construir sobre ecosistemas dinámicos y esperar que se comporten como tierra firme.
El tribunal ordenó demoler. El mar no esperó la resolución
Antes del colapso, un tribunal mexicano ya había emitido una orden de demolición para dos torres del complejo. La resolución existía. El plazo para ejecutarla, también. Pero los tiempos legales en México son lo que son: lentos, negociables, aplazables.
El oleaje y la erosión acumulada no son pacientes. El derrumbe parcial de la estructura llegó antes de que cualquier maquinaria entrara al predio. Y ahí está el dato que más incomoda: la naturaleza no llegó a destruir algo que estaba bien hecho y fue una víctima de la mala suerte. Llegó a cobrar lo que llevaba años anunciando que vendría. La imagen del edificio cediendo sobre la playa no es la imagen de un desastre natural — es la imagen de lo que pasa cuando se ignora sistemáticamente a quienes saben más sobre cómo funciona una costa.
Amamos que la ironía sea tan contundente, aunque duela. Un sistema judicial que tardó años en ordenar lo que el mar hizo en horas dice algo sobre cómo funciona la protección ambiental en México cuando le disputa terreno al dinero.
¿Qué sigue para San Pancho?
El colapso de Punta Paraíso abre preguntas que van más allá del predio. San Pancho es un pueblo pequeño en la Riviera Nayarit que ha vivido una presión inmobiliaria creciente en la última década: más desarrollos, más demanda de tierra frente al mar, más proyectos que compiten con los ecosistemas costeros que hacen atractivo al lugar en primer lugar.
Lo que queda ahora es un esqueleto de concreto sobre la playa, los vecinos y ambientalistas que tienen razón desde hace casi diez años, y la pregunta de quién asume la responsabilidad del retiro de los escombros y la restauración de la duna. Históricamente, esa cuenta la pagan los municipios — es decir, el erario — mientras los desarrolladores ya cobraron. El ciclo es conocido. La esperanza es que este derrumbe, tan fotogénico y tan simbólico, presione para que no se repita en los cientos de kilómetros de costa mexicana donde ya se están cometiendo los mismos errores.
