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La leyenda del conejo en la Luna: una historia azteca de valentía

Ecoo sfera por Ecoo sfera
julio 5, 2022
en NOTICIAS
La Leyenda Del Conejo En La Luna: Una Historia Azteca De Valentía

La Leyenda Del Conejo En La Luna: Una Historia Azteca De Valentía

Cada noche la Luna se alza sobre la bóveda estrellada y nos regala las vistas más asombrosas. Durante los meses la vemos iluminarse poco a poco hasta llegar al plenilunio y luego perder su brillo hasta sumirse en las sombras. Pero hay una constante, sus cráteres que conforman sus intrincados valles y mares lunares, parecen aglutinarse de formas que asemejan a un conejo, una figura que ha permeado el imaginario colectivo desde tiempos ancestrales. La leyenda del conejo que habita en el cuerpo celeste nocturno, es una antigua historia que proviene de nuestros antepasados los aztecas.

La leyenda del conejo en la Luna: una historia azteca de valentía

Imagen: Ecoosfera

La leyenda del conejo en la Luna tiene un origen náhuatl y narra la historia de Quetzalcóatl, una de las deidades más importantes de todo el panteón azteca. Nos narra cómo fue él quien plasmó para siempre la figura del conejo que se observa en el satélite natural de la Tierra. La leyenda era contada por los aztecas más sabios quienes la transmitían de boca en boca hasta llegar a los más jóvenes.

La leyenda de Quetzalcóatl y el conejo

Según cuenta la leyenda, un día el dios Quetzalcóatl decidió visitar la tierra, convertido en un humano cualquiera se infiltró entre su pueblo para pasar desapercibido. El gran Quetzalcóatl quería observar con sus propios ojos el mundo que con tanto amor había ayudado a crear. A su descenso se encontró con un pueblo feliz y próspero que veneraba a sus deidades con el más fiel corazón.

Luego de visitar distintas comunidades, el dios quedó maravillado por la indómita naturaleza y por esto, se adentró a caminar por los paisajes terrestres. Atravesó campos repletos de pasto verde y hierba con aromas indescriptibles. Escaló las montañas para admirar el paisaje desde las alturas en su forma de humano y también nado al lado de las criaturas más poderosas del océano.

La leyenda del conejo en la Luna: una historia azteca de valentía

La emoción de visitar cada rincón de la naturaleza y admirar el poderío de sus criaturas, hizo que la deidad se olvidara de sus necesidades humanas y de pronto se sintió famélico. Con la noche cayendo sobre el valle que rodeaba la Gran Tenochtitlán, Quetzalcóatl decidió sentarse a admirar el panorama cuando de pronto a su lado se sentó un conejo gris que había salido de su madriguera para cenar.

El pequeño conejo movía sus bigotes de lado a lado y en sus grandes ojos el dios pudo ver el reflejo de la noche estrellada y la luna plateada de fondo. De pronto Quetzalcóatl rompió el silencio y le preguntó:

– ¿Qué estás comiendo?

– Un poco de zacate, también hay para ti; si quieres.

– Gracias, pero no como zacate. – Le dijo respondió el dios convertido en humano.

El estómago de Quetzalcóatl resonaba como los truenos de las tempestades y entonces el conejo dijo:

– Entonces, ¿qué vas a hacer? Aquí tengo una zanahoria que podemos compartir.

– Te agradezco, pero no podría privarte de tu alimento. Creo que tal vez muera de cansancio, de hambre y sed.

La deidad estaba consciente de que su cuerpo humano podría perecer de inanición, sin embargo, su espíritu permanecería y regresaría a su verdadera forma; la de la serpiente emplumada. Pero entonces, el conejo interrumpió sus pensamientos y dijo:

– Mira, yo sólo soy un pequeño conejo y tú eres un joven viajero; cómeme, recupera tus fuerzas y continúa tu historia.

Su valentía tocó el corazón de Quetzalcóatl que decidió mostrarle la inmensidad de los cielos; lo tomó en sus brazos y juntos pasearon por las estrellas que el conejo observaba con tanto amor. Pero cuando visitaron la Luna, el dios acercó tanto al conejo que la figura de este quedó estampada para siempre en su superficie. Cuando regresaron a la tierra y la criatura observó su figura plasmada en la Luna que tanto amaba, se conmovió enormemente. Quetzalcóatl se percató de esto y le dijo:

– Puede que sólo seas un pequeño conejo, pero ahora todos te recordarán para siempre por tu bondad.

Así fue como el pequeño conejo marcó la Luna con su valentía y ahora podemos observarlo todas las noches siempre que la Luna decida resplandecer en la noche estrellada.

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