El huracán Melissa ya es categoría 5 y el Caribe se prepara para resistir inundaciones catastróficas

El huracán Melissa alcanza categoría 5 amenazando a Jamaica, Cuba y Bahamas con lluvias torrenciales y marejadas mortales.

El Caribe despierta con el rugido de Melissa, un huracán de categoría 5 que ya registra vientos sostenidos de 260 km/h y rachas de hasta 315 km/h. Jamaica, Cuba y las Bahamas están bajo alerta máxima, mientras el Centro Nacional de Huracanes (NHC) advierte sobre marejadas ciclónicas y lluvias catastróficas. En cuestión de horas, esta tormenta se ha convertido en uno de los fenómenos más poderosos y peligrosos de los últimos años, marcando un nuevo capítulo en la historia climática del Caribe.

Melissa

Melissa alcanza la categoría 5: el Caribe en vilo

Durante la madrugada del 27 de octubre de 2025, Melissa se transformó en un huracán categoría 5, la más alta en la escala Saffir-Simpson. El sistema se ubica a 205 km al sur-suroeste de Kingston, Jamaica, mostrando en las imágenes satelitales un ojo perfectamente definido y un muro de nubes convectivas que giran con una intensidad abrumadora. Su avance lento sobre el Caribe occidental lo convierte en una amenaza sostenida para millones de personas.

El NHC ha calificado a Melissa como “potencialmente devastador”, y no es para menos: Jamaica podría recibir más de 1000 mm de lluvia, con oleaje de hasta 15 metros y marejadas ciclónicas de 4 metros. Las autoridades han cerrado aeropuertos, suspendido vuelos y habilitado refugios de emergencia ante el inminente impacto. Algunos meteorólogos incluso lo comparan con el huracán Gilbert de 1988, pero con una fuerza aún mayor.

Jamaica en el ojo del huracán: vientos letales y lluvias sin tregua

Melissa avanza a solo 5 km/h, una lentitud que multiplica su capacidad destructiva. Los meteorólogos advierten que las inundaciones repentinas podrían ser catastróficas y potencialmente mortales, con ráfagas que superan los 315 km/h. Las primeras víctimas ya se registran en Haití y República Dominicana, donde la tormenta ha causado al menos cuatro muertes y dejó comunidades incomunicadas.

En Kingston, los residentes refuerzan techos y puertas mientras los funcionarios imploran: “No se puede apostar contra Melissa”. Las calles están vacías, los supermercados cerrados y el mar, normalmente turquesa, se ha vuelto gris y violento. El sonido del viento es un rugido constante, una advertencia de la furia que se aproxima.

Cuba y Bahamas: las siguientes en la ruta de destrucción

Según el pronóstico del NHC, Melissa tocará tierra en Jamaica durante la madrugada del martes y continuará su trayecto hacia el este de Cuba y las Bahamas. Aunque podría perder algo de intensidad, seguirá siendo un huracán mayor (categoría 3 o 4) capaz de causar daños graves en infraestructura y energía.

Cuba ha emitido advertencias de huracán para las provincias de Granma, Santiago de Cuba, Guantánamo y Holguín, mientras que las Bahamas e Islas Turcas y Caicos están bajo alerta preventiva. La Defensa Civil cubana ha iniciado evacuaciones y recordado que la combinación de lluvias intensas y terreno montañoso eleva el riesgo de deslizamientos de tierra. En el Atlántico, los expertos no descartan que Melissa vuelva a intensificarse.

Historias desde el corazón de la tormenta

Más allá de los mapas meteorológicos, Melissa tiene un rostro humano. En Jamaica, familias enteras corren a refugiarse con lo poco que pueden cargar. Nadine, madre de dos niños, cuenta: “Solo escuchas el viento y rezas para que el techo aguante”. En Portmore, grupos de jóvenes comparten mapas de refugios y avisos en redes sociales, convirtiendo la solidaridad digital en una herramienta de supervivencia.

El miedo convive con la esperanza. Mientras unos sellan sus ventanas, otros graban videos para documentar lo que viven. En cuestión de minutos, la tormenta se ha vuelto tendencia mundial, recordando que, en la era digital, las catástrofes también se viven en tiempo real.

El huracán Melissa no solo simboliza la furia del clima, sino también la fragilidad de nuestras costas ante el cambio climático. Cada año, los océanos más cálidos alimentan tormentas más violentas y prolongadas. Cuando Melissa se disipe, dejará atrás no solo destrucción, sino una pregunta que flota entre las olas: ¿estamos preparados para vivir en un planeta que ya cambió?

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