En un país marcado por décadas de conflicto armado, desigualdad y olvido institucional, hay historias que brotan como flores entre las grietas. Una de ellas es la del Biblioburro, una biblioteca ambulante que viaja por los caminos rurales del departamento del Magdalena, en el norte de Colombia, sobre el lomo de dos burros. A cargo de este proyecto está Luis Soriano, un profesor de escuela primaria que, desde hace más de 25 años, ha convertido la lectura en un acto de resistencia, ternura y transformación.
Luis comenzó su misión con apenas 70 libros, una mochila cargada de sueños y una bicicleta. Pero pronto se dio cuenta de que la bicicleta no era suficiente para cruzar las veredas agrestes, llenas de lodo en invierno y polvo en verano. Fue entonces cuando decidió integrar a sus nuevos compañeros de viaje: dos burros a los que llamó Alfa y Beto.
“Los niños no hacían tareas no porque no quisieran, sino porque no tenían libros”, explica Luis. “Así que si ellos no podían ir a los libros, los libros irían a ellos”.

Una biblioteca sobre cuatro patas que abre mundos
Desde su base en el municipio de La Gloria, Luis ha recorrido cientos de kilómetros llevando libros a comunidades donde la única fuente de información era, hasta entonces, la tradición oral. En cada visita, arma su biblioteca móvil en patios escolares, plazas comunales o debajo de los árboles. Con voz cálida y paciencia infinita, lee en voz alta, deja libros en préstamo, escucha a los niños y los anima a escribir sus propias historias.
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El Biblioburro no solo fomenta la lectura: lleva dignidad a quienes la sociedad ha olvidado. En regiones sin electricidad, internet ni carreteras pavimentadas, el acceso a un libro puede significar la diferencia entre el silencio y la posibilidad de imaginar un futuro distinto.
“He tenido niños que se escondían para leer porque en sus casas les decían que eso era perder el tiempo”, relata. “Hoy me buscan ya adultos para decirme: gracias por no rendirse”.

Un proyecto que resiste la violencia, el dolor y el olvido
Durante estos años, el Biblioburro ha enfrentado todo tipo de obstáculos: desde amenazas de grupos armados ilegales, que operaban en la región durante la guerra interna colombiana, hasta la indiferencia de autoridades que no veían valor en un hombre con burros y libros.
Uno de los momentos más duros ocurrió en 2010, cuando Luis sufrió un accidente con uno de sus burros que le destrozó una pierna. Estuvo cerca de perder la vida, pero finalmente le amputaron la extremidad y recibió una prótesis. A pesar del trauma físico y emocional, no abandonó su misión. Volvió a montar su biblioteca itinerante y a visitar a “sus niños”, como él les llama.
Gracias al apoyo de organizaciones como Books for Change USA, y a la solidaridad de comunidades y voluntarios, el Biblioburro pudo seguir adelante. Hoy cuenta con una biblioteca física con más de 8 mil libros, muchos donados desde Colombia y el extranjero. También se han sumado otros aliados: algunos profesores replican el modelo en otras regiones, y jóvenes que crecieron con el Biblioburro ahora colaboran como voluntarios o promotores de lectura.

El legado de Alfa, Beto y un maestro obstinado
Luis no se considera un héroe. Dice que lo suyo es simplemente “terquedad con propósito”. Pero para las niñas y niños que alguna vez vieron llegar al Biblioburro con cuentos, poemas y diccionarios en las alforjas, su presencia fue mucho más que eso: fue la primera vez que alguien creyó en ellos.
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Hoy, Luis tiene 52 años, y aunque su salud no es la de antes, su energía para seguir educando sigue intacta. En 2024, fue homenajeado en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, donde narró su historia ante cientos de asistentes. Pero incluso allí, pidió que no se enfocaran solo en él: “Esto lo hemos hecho entre muchos, y los verdaderos protagonistas son los niños”.

Lectura como antídoto contra la violencia y la pobreza
Más allá de lo anecdótico, el Biblioburro es una poderosa metáfora de lo que la educación puede lograr incluso en las condiciones más precarias. En zonas donde la guerra sembró miedo, los libros de Luis sembraron ideas. Donde había silencio, brotaron voces. Donde solo había monte, florecieron palabras.
Luis Soriano y sus burros nos enseñan que la lectura no solo forma, sino que también sana, salva y transforma. Que incluso en los rincones más olvidados, un cuento puede encender una luz, y un maestro con corazón puede cambiar el destino de una generación entera.




