El Cablebús Puebla dejó de ser solo un proyecto de movilidad para convertirse en un debate ambiental que atraviesa parques, universidades y redes sociales. Con 980 árboles dentro del área de obra y estaciones proyectadas en zonas como el Parque Juárez y la 11 Sur, la conversación ya no es únicamente sobre transporte, sino sobre clima urbano, sombra y calidad del aire. En una ciudad que enfrenta temperaturas cada vez más altas, el impacto ambiental del Cablebús Puebla abrió una pregunta incómoda: ¿puede una obra “sustentable” generar daño ecológico inmediato?
Cablebús Puebla y su impacto ambiental en contexto
Puebla no es ajena al crecimiento urbano acelerado. En las últimas décadas, la expansión inmobiliaria, el aumento vehicular y la reducción de áreas verdes han modificado su microclima. Estudios urbanos han demostrado que la pérdida de cobertura vegetal intensifica el fenómeno de islas de calor, donde ciertas zonas registran varios grados más que áreas arboladas.

El Cablebús Puebla, con una inversión aproximada de 6,752 millones de pesos y cuatro líneas proyectadas, busca reducir emisiones al ofrecer transporte eléctrico. Sin embargo, el trazo atraviesa algunos de los principales “pulmones” urbanos. El conflicto ambiental surge precisamente ahí: el beneficio climático prometido es de largo plazo, mientras que la remoción de árboles tiene efectos inmediatos.
Los 980 árboles: por qué importan más de lo que parece
Según el censo oficial, 980 árboles están en el área de intervención. De ellos, 746 serían trasplantados y alrededor de 24 a 30 retirados por enfermedad o plagas. A simple vista, podría parecer una cifra manejable dentro de una ciudad grande, pero el detalle clave es la madurez de muchos de esos ejemplares.

Un árbol adulto puede capturar decenas de kilogramos de dióxido de carbono al año, filtrar contaminantes y reducir la temperatura del entorno hasta varios grados bajo su sombra. No todos los árboles ofrecen el mismo servicio ambiental: uno joven recién plantado puede tardar entre 15 y 30 años en brindar beneficios similares a un ejemplar consolidado. Por eso, el debate ambiental no se centra solo en la cantidad, sino en la calidad ecológica perdida.
Trasplantes y reforestación: ¿solución real o paliativo?
El gobierno estatal ha insistido en que no habrá tala masiva, sino reubicación. Técnicamente, trasplantar árboles adultos es viable, pero implica un proceso complejo: extracción con cepellón amplio, traslado con maquinaria especializada, preparación de suelo y riego constante durante años. Si el procedimiento falla, el árbol puede secarse lentamente tras el estrés del traslado.

Como compensación, se anunció la plantación de 10,000 árboles nuevos de aproximadamente dos metros de altura. En términos numéricos, la cifra supera ampliamente los ejemplares intervenidos. Sin embargo, desde el enfoque ambiental, el punto crítico es el tiempo. La naturaleza no opera a la velocidad de las obras públicas. Incluso con una tasa de supervivencia alta, los nuevos árboles requerirán décadas para alcanzar el impacto climático de los actuales.
Parque Juárez y su valor ecológico urbano
El Parque Juárez no es solo un espacio recreativo: funciona como regulador térmico en una de las zonas más transitadas de la ciudad. Las áreas verdes urbanas absorben agua de lluvia, reducen inundaciones y generan corredores de biodiversidad para aves e insectos. En entornos densamente construidos, cada árbol cumple un rol silencioso pero crucial.
La oposición ciudadana, incluidos estudiantes de la BUAP y colectivos ambientales, argumenta que mover estaciones a camellones menos arbolados podría reducir el impacto ambiental del Cablebús Puebla. Más allá del desacuerdo técnico, la discusión refleja algo profundo: la percepción de que los espacios verdes son cada vez más escasos y, por lo tanto, más valiosos.
Movilidad limpia y contradicciones ecológicas
El Cablebús Puebla se presenta como una alternativa eléctrica capaz de disminuir emisiones vehiculares. En teoría, menos autos implican menos dióxido de carbono, menos partículas suspendidas y mejor calidad del aire. Desde un enfoque climático global, esto es positivo.

Pero el debate ambiental muestra una tensión real: una política verde puede tener costos ecológicos locales. Reducir emisiones futuras no elimina el impacto inmediato sobre árboles que ya cumplen funciones ambientales críticas. Este dilema no es exclusivo de Puebla; ciudades de todo el mundo enfrentan decisiones similares al intentar modernizar su infraestructura sin profundizar la crisis climática urbana.

El impacto ambiental del Cablebús Puebla va más allá de una cifra de 980 árboles. Se trata de entender cómo funcionan los ecosistemas urbanos y qué significa realmente hablar de sustentabilidad. La movilidad eléctrica puede ser parte de la solución climática, pero proteger la cobertura vegetal también lo es. En un escenario de temperaturas crecientes y presión urbana constante, cada árbol cuenta. Tal vez la verdadera pregunta no sea si necesitamos transporte moderno, sino cómo diseñarlo sin debilitar los pocos refugios verdes que nos quedan.




