Los delfines del Aquarium Mar del Plata protagonizaron uno de los traslados de fauna más inusuales del año: un viaje de más de 12.000 kilómetros que los llevó desde la costa argentina hasta un oceanario en Hurghada, Egipto. Durante meses, se desconocía su destino final mientras avanzaban investigaciones, trámites y preparativos técnicos. Finalmente, se supo que los diez mamíferos (Zaiko, Lara, Olivia, Isis, Aramis, Callie, Moro, Ares, Juno y Mako) habían completado el recorrido en buen estado, cerrando así un capítulo complejo para un acuario que funcionó durante más de tres décadas frente al mar.

¿Cómo comenzó la travesía de los delfines de Argentina a Egipto?
El cierre del Aquarium se produjo el 31 de marzo de 2025, coincidiendo con el fin de la temporada de verano. La noticia obligó a activar un plan de reubicación para todos los animales nacidos y mantenidos en cautiverio. En ese contexto, los delfines se convirtieron en el grupo más delicado de manejar por sus necesidades específicas: requieren aguas templadas, alimentación controlada y supervisión constante.
Durante esos meses, surgieron denuncias públicas que cuestionaban el estado de los animales. Las autoridades ambientales inspeccionaron las instalaciones y determinaron que los delfines se encontraban saludables, aunque la oscuridad del agua generó confusión porque provenía del retiro de sustancias que se usaban para mejorar la visibilidad al público. La situación aumentó la expectativa sobre cuál sería el destino definitivo de los diez ejemplares.
El operativo técnico: un traslado diseñado al milímetro
El viaje comenzó por tierra desde Mar del Plata hasta el aeropuerto de Ezeiza. Cada delfín fue colocado en un contenedor especialmente acondicionado: recipientes de madera con revestimiento interno, agua hasta la mitad, una lona tipo camilla y protecciones de goma espuma para evitar lesiones. Antes de ingresar, se les aplicaron cremas humectantes para mantener la piel en condiciones óptimas durante las horas de inmovilidad.
El tramo aéreo se realizó en un avión de Qatar Airways adaptado para que los delfines pudieran viajar con supervisión continua. Participaron veterinarios, biólogos y tres entrenadores que los acompañaron para minimizar el estrés del traslado. El vuelo duró entre 19 y 22 horas, y según los reportes técnicos, los animales llegaron alimentándose, activos y en buen estado general.
¿Por qué Egipto fue el destino elegido?
Aunque la empresa propietaria del aquarium tiene parques marinos en América y Europa, la decisión final los llevó hacia Hurghada, una ciudad en la costa del Mar Rojo conocida por sus oceanarios modernos. El complejo que los recibió cuenta con infraestructura diseñada para especies marinas de gran tamaño, con condiciones ambientales similares a las que estos delfines necesitaron durante años.
El traslado responde también a una realidad biológica: estos animales no pueden ser liberados. Algunos nacieron en Cuba, otros directamente en Argentina, pero todos han vivido siempre en ambientes controlados. No poseen la experiencia de caza ni los comportamientos necesarios para sobrevivir de manera autónoma en mar abierto. Por eso, su destino debía ser otro centro con capacidad para garantizar su bienestar de forma permanente.
Un nuevo capítulo para el bienestar animal y el cierre del Aquarium
Tres entrenadores argentinos permanecerán en Egipto durante al menos tres meses para acompañar la adaptación. Conocen a cada delfín desde hace años y serán clave en la transición. Este seguimiento indica que el objetivo principal es asegurar una integración estable al nuevo entorno antes de que el equipo técnico regrese a Argentina.
Mientras tanto, el cierre del Aquarium deja pendiente la reubicación de otras especies: aves, tortugas, peces, lobos marinos y más. Muchos también nacieron en cautiverio y dependen del cuidado humano. La historia de los delfines marca un precedente para los siguientes pasos: cada animal deberá ser trasladado a un espacio que pueda ofrecer condiciones equivalentes o mejores que las que tuvieron durante su vida en el complejo marplatense.
El traslado de los delfines del Aquarium Mar del Plata representa una operación sin precedentes en distancia, logística y complejidad técnica, pero también refleja la responsabilidad que implica cuidar a animales que dependen completamente del ser humano. Con su llegada a Hurghada se cierra una etapa del acuario argentino y se abre otra en la que estos diez ejemplares comienzan un nuevo ciclo lejos de la costa donde nacieron o crecieron. La pregunta que queda es cómo avanzará el proceso para el resto de las especies que aún esperan un destino definitivo.