Un nuevo estudio revela que los pulpos no solo son genios del camuflaje y escapistas natos, sino también expertos en lanzar proyectiles cuando se sienten acosados. Y las principales protagonistas de esta inesperada defensa son las hembras.
En las aguas de la costa oriental de Australia, específicamente en un sitio apodado “Octópolis” por la alta densidad de pulpos del Pacífico (Octopus tetricus), investigadores observaron algo inusual: hembras arrojando conchas, algas y arena a machos que intentaban aparearse sin éxito. Lo más sorprendente es que estos lanzamientos no parecen accidentes. Son actos coordinados, intencionados y, a veces, certeros.
Pulpos guerreros: ¿Auto-defensa o agresión social?
En un análisis exhaustivo de más de 100 incidentes grabados con cámaras GoPro sumergidas, científicos de Australia, Estados Unidos y Canadá encontraron que los pulpos, especialmente las hembras, emplean una técnica única: usan sus brazos para recolectar material del fondo marino, lo sostienen en su “web” (la membrana que conecta sus extremidades) y luego lo impulsan con un potente chorro de agua desde su sifón.
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Este comportamiento no es común en el reino animal. De hecho, el lanzamiento intencionado de objetos ha sido documentado en muy pocas especies, como chimpancés, elefantes y algunas aves, pero rara vez se dirige hacia miembros de la misma especie. Por eso, este hallazgo podría redefinir nuestra comprensión de la complejidad social de los cefalópodos.

El caso de la pulpo harta: 10 lanzamientos, 5 impactos
Uno de los episodios más notables ocurrió en diciembre de 2016, cuando una hembra fue registrada lanzando proyectiles en 10 ocasiones durante poco menos de cuatro horas, cinco de los cuales impactaron directamente a un macho que había estado intentando cortejarla. El patrón era claro: la hembra giraba, apuntaba y disparaba.
Lo más llamativo fue que, a medida que avanzaba el tiempo, el macho comenzó a “esquivar” los proyectiles, primero tras el lanzamiento y luego incluso antes, al detectar los movimientos preparatorios. Aunque nunca respondió con otro lanzamiento, sí mostró señales de aprendizaje.
¿Berrinche o defensa personal?
Aunque muchas de estas acciones parecen intencionadas, los científicos advierten que no es fácil atribuir intención emocional a animales tan diferentes a nosotros. En algunos casos, los lanzamientos parecen aleatorios, como si fueran un berrinche de frustración más que un ataque calculado. Sin embargo, la repetición y dirección de los lanzamientos, especialmente cuando hay un blanco claro —otro pulpo—, sugieren una función social.
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En los videos analizados, se identificaron dos tipos principales de lanzamientos:
- Los domésticos: para limpiar sus madrigueras de restos y suciedad.
- Los dirigidos: orientados a otros pulpos, mayormente machos insistentes o hembras competidoras.
De todos los proyectiles utilizados, las conchas fueron los más frecuentes, seguidas por sedimentos finos como limo y fragmentos de algas. Pero el material más efectivo para acertar fue la arena o limo, ya que se dispersa y aumenta la posibilidad de golpear al objetivo.
Una nueva forma de comunicación
Aunque típicamente solitarios, los pulpos parecen tener más vida social de la que pensábamos. Este estudio sugiere que estas criaturas tienen formas de interacción más complejas que simples huidas o camuflaje.
“Definitivamente podemos añadir a los pulpos a la corta lista de animales que lanzan objetos regularmente”, concluyeron los investigadores. “Y provisionalmente a la aún más reducida lista de los que dirigen sus lanzamientos hacia otros animales en interacciones sociales”.
Este comportamiento podría representar una forma de lenguaje no verbal, un “¡no es no!” marino lanzado con precisión cefalópoda. Y aunque aún no se sabe si estos lanzamientos son agresiones, advertencias o simples frustraciones, lo que es seguro es que el fondo marino es un escenario mucho más dramático de lo que imaginábamos.