El impacto de 1 °C en lagartos ha encendido alertas en la comunidad científica tras un estudio reciente que analiza cómo el estrés térmico afecta el desarrollo embrionario. La investigación, centrada en una especie del Cerrado brasileño, revela que incluso cambios mínimos de temperatura pueden desencadenar consecuencias profundas. En un contexto de cambio climático, estos hallazgos abren nuevas preguntas sobre la vulnerabilidad de los reptiles y su futuro.
El límite térmico que los lagartos no pueden esquivar
Los reptiles como los lagartos son organismos ectotermos, lo que significa que su desarrollo depende directamente de la temperatura ambiental. A diferencia de otros animales, no pueden regular internamente su temperatura, por lo que pequeños cambios en su entorno pueden alterar procesos biológicos clave.

En el caso de Tropidurus torquatus, un lagarto ampliamente distribuido en el Cerrado de Brasil, se ha observado que aumentos de entre 1 y 2 °C ya han generado cambios en crecimiento, tamaño corporal y madurez sexual en las últimas décadas. Este bioma, además, enfrenta presiones adicionales como la pérdida de vegetación, lo que agrava el impacto del calentamiento global.
Pequeño cambio, grandes consecuencias desde el embrión
El estudio publicado en Frontiers in Amphibian and Reptile Science (2026) analizó 159 huevos incubados bajo distintos regímenes térmicos que simulan tanto condiciones naturales como escenarios de calentamiento. De estos, solo 84 lograron eclosionar.

Los resultados muestran que el 35.7% de las crías presentó malformaciones, mientras que 75 huevos no eclosionaron. Entre los embriones analizados, varios ya presentaban anomalías en etapas avanzadas, lo que indica que el impacto comienza desde fases tempranas del desarrollo.
Malformaciones y mortalidad: datos que preocupan
Uno de los hallazgos más relevantes es que la probabilidad de mortalidad embrionaria aumenta cerca de un 80% por cada 1 °C adicional en la temperatura de incubación. Además, al combinar mortalidad y malformaciones, el riesgo de resultados negativos aumenta aproximadamente un 36%.
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Se identificaron al menos 12 tipos de malformaciones, principalmente en la columna vertebral y la cola, aunque también se observaron defectos craneales y en extremidades. Algunas de estas anomalías son tan severas que los embriones no llegan a nacer, lo que sugiere que el impacto real podría ser incluso mayor en condiciones naturales.
Así interviene la temperatura en la vida antes de nacer
Durante la incubación, la temperatura influye en procesos fundamentales como la formación de tejidos, órganos y estructuras óseas. Un incremento térmico puede acelerar el desarrollo, pero también desestabilizar estos procesos, generando errores en la formación del organismo.

Además, en muchos reptiles la temperatura determina el sexo de las crías, lo que implica que el calentamiento no solo afecta la supervivencia, sino también la composición de las poblaciones. En ambientes como el Cerrado, donde los suelos pueden alcanzar temperaturas extremas, los huevos quedan expuestos a condiciones que superan sus límites de tolerancia.
Un futuro en riesgo bajo el calor
Los resultados del estudio sugieren que el desarrollo embrionario es una de las etapas más vulnerables al cambio climático. Incluso un aumento aparentemente pequeño en la temperatura puede reducir el número de individuos que llegan a la edad adulta, afectando la estabilidad de las poblaciones. Este fenómeno no es exclusivo de una especie, sino que podría repetirse en otros reptiles de regiones tropicales y subtropicales. La combinación de aumento térmico, pérdida de hábitat y eventos extremos configura un escenario complejo que podría transformar profundamente la biodiversidad en estos ecosistemas.

Los datos muestran que el impacto de 1 °C en lagartos va más allá de una simple variación ambiental: se trata de un factor que puede alterar el desarrollo, la supervivencia y el equilibrio de poblaciones enteras. Comprender estos efectos permite dimensionar cómo cambios aparentemente pequeños pueden tener consecuencias significativas en la naturaleza. La pregunta que queda es clara: ¿cuántas especies están enfrentando ya estos límites sin que aún lo sepamos?




