Francia planea triplicar la experimentación con primates y la noticia no pasó desapercibida. En nombre de la soberanía científica y la seguridad sanitaria, el país quiere alojar hasta 1.800 monos en un centro público para 2029, reavivando un debate que mezcla ciencia, ética y futuro. Mientras el gobierno defiende la investigación biomédica, organizaciones animalistas y parte de la sociedad ven en este proyecto un retroceso histórico. La pregunta flota en el aire: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por la ciencia?
Francia planea criar más primates para experimentación
El plan gira en torno a la transformación de la estación de primatología de Rousset en el nuevo Centro Nacional de Primatología (CNP). Con una inversión pública de 31 millones de euros, el gobierno francés busca pasar de 600 a 1.800 primates en solo unos años. El argumento oficial es claro: garantizar que investigaciones estratégicas (como vacunas, Alzheimer o Parkinson) no dependan de mercados externos inestables.

Después de la pandemia, la fragilidad del sistema quedó expuesta. China, que abastecía cerca del 80% de los primates de laboratorio del mundo, cerró sus exportaciones en 2020. El resultado fue inmediato: precios disparados, escasez y proyectos científicos en riesgo. Para Francia, criar primates en casa es una forma de blindar su ciencia.
Soberanía científica vs bienestar animal
Desde el CNRS aseguran que el CNP permitirá supervisar mejor las condiciones de vida de macacos y babuinos, cumpliendo (e incluso superando) los estándares europeos. La narrativa oficial habla de control, transparencia y reducción del estrés animal frente a importaciones desde países con regulaciones más laxas.

Pero aquí aparece el choque frontal. Para defensores de los animales, la soberanía científica no puede construirse sobre el sufrimiento de seres sintientes. Más del 90% de los primates utilizados en pruebas invasivas en Francia son sacrificados al finalizar los estudios. Triplicar la capacidad del centro no solo aumenta el número de animales, sino que normaliza un modelo que muchos consideran éticamente agotado.
Métodos alternativos: el futuro que no se financia
Uno de los puntos más incómodos del debate es que las alternativas ya existen. Organoides, cultivos celulares avanzados, organ-on-a-chip, modelos computacionales e inteligencia artificial están revolucionando la investigación biomédica. El problema, según ONG como la Fundación Brigitte Bardot, es la falta de inversión real en estas tecnologías.

Mientras millones se destinan a jaulas e infraestructura animal, los métodos alternativos reciben migajas. Esto contradice el espíritu de la Directiva Europea 2010/63/UE, basada en las “3R”: Reemplazar, Reducir y Refinar el uso de animales. Triplicar la población de primates parece ir justo en sentido contrario a “reducir” y “reemplazar”.
Un rechazo social que no deja indiferente
El proyecto no solo enfrenta críticas éticas y científicas, sino también sociales. Entre el 74% y el 81% de los ciudadanos franceses se oponen a la experimentación con animales, según encuestas recientes. Aun así, en 2023, unos 3.500 monos fueron utilizados con fines científicos en Francia.

El debate ya llegó a la Asamblea Nacional. Diputados ecologistas y de izquierda piden frenar el financiamiento y replantear la estrategia científica del país. Para ellos, liderar el futuro significa apostar por una ciencia sin animales, coherente con la opinión pública y con los avances tecnológicos actuales.
Un debate que define el rumbo de la ciencia europea
Este caso no es solo francés. Lo que ocurra con el Centro Nacional de Primatología puede sentar un precedente para toda Europa. Si uno de los países líderes en investigación biomédica apuesta por expandir la experimentación con primates, otros podrían seguir el mismo camino bajo el argumento de la competitividad científica. Para muchos jóvenes investigadores y activistas, el riesgo es claro: normalizar un modelo que ya no representa el futuro de la ciencia, justo cuando la tecnología ofrece alternativas más éticas, precisas y sostenibles. El debate ya no es técnico, es cultural: qué entendemos hoy por progreso científico.

Francia planea criar más primates para experimentación en un momento histórico en el que la ciencia tiene otras opciones sobre la mesa. El dilema no es simple: seguridad sanitaria, investigación médica y ética animal chocan de frente. Lo que está en juego no es solo el destino de 1.800 primates, sino el modelo de ciencia que queremos construir. ¿Seguiremos invirtiendo en métodos del pasado o apostaremos por un futuro donde el progreso no implique sacrificio?




