En febrero de 2026, la influencer gastronómica filipina Emma Amit falleció tras consumir accidentalmente un Cangrejo del Diablo (Zosimus aeneus) que había recolectado junto a otros mariscos en Palawan. La especie, poco conocida fuera de círculos científicos y pesqueros, contiene neurotoxinas marinas extremadamente potentes. El caso puso atención sobre los riesgos de ingerir fauna silvestre sin identificación precisa, pero también abrió una conversación necesaria sobre biodiversidad, equilibrio ecológico y conocimiento científico. El Cangrejo del Diablo no es un enemigo: es parte de un ecosistema complejo que merece ser comprendido.
El Cangrejo del Diablo: biología y hábitat
El Cangrejo del Diablo pertenece a la familia Xanthidae y habita en arrecifes coralinos del Indo-Pacífico, desde África Oriental hasta Hawái. Se le encuentra comúnmente en zonas rocosas y coralinas poco profundas, donde se alimenta de algas, pequeños invertebrados y materia orgánica. Su tamaño es relativamente pequeño, entre 10 y 15 centímetros, y su caparazón presenta patrones moteados en tonos marrones, rojizos o anaranjados sobre un fondo claro, con una textura rugosa característica.

Desde el punto de vista ecológico, cumple una función dentro del arrecife, ayudando a mantener el equilibrio del microecosistema bentónico. Como muchos organismos marinos, puede acumular toxinas producidas por microorganismos presentes en su entorno, especialmente dinoflagelados asociados a mareas rojas. Su toxicidad no es una agresión activa, sino una defensa química pasiva frente a depredadores.
¿Por qué el Cangrejo del Diablo es venenoso?
El peligro del Cangrejo del Diablo radica en la presencia de tetrodotoxina (TTX) y saxitoxina (STX), dos de las neurotoxinas más potentes conocidas en la naturaleza. La tetrodotoxina es famosa por su asociación con el pez globo, mientras que la saxitoxina está vinculada a intoxicaciones paralíticas por mariscos. Ambas bloquean los canales de sodio en las células nerviosas, impidiendo la transmisión normal de impulsos eléctricos.

Cuando estas toxinas ingresan al cuerpo humano, pueden provocar hormigueo en labios y extremidades, debilidad muscular progresiva y, en casos graves, parálisis respiratoria. No existe un antídoto específico; el tratamiento consiste en soporte médico intensivo mientras el organismo intenta eliminar la toxina. Es importante destacar que estas sustancias son termoestables: la cocción no las destruye, por lo que hervir o freír el animal no reduce el riesgo.
El caso en Filipinas: contexto y advertencia
Emma Amit recolectó cangrejos silvestres cerca de Puerto Princesa, en la isla de Palawan, y los preparó en un plato tradicional con leche de coco. Entre los ejemplares capturados se encontraba un Cangrejo del Diablo, cuya identificación puede resultar difícil para quienes no están familiarizados con sus características específicas. Tras consumirlo, comenzó a presentar síntomas neurológicos severos y falleció días después pese a la atención médica.
🦀 DEATH by ‘Devil Crab’ in the Philippines
‘Food influencer’ Emma Amit died in hospital after consuming ‘highly poisonous’ Devil Crab
The poison is similar to that found in puffer fish
‘Easy on the eyes but can kill within hours’ — experts tell NDTV
— Moh Musthafa Hussain (@musthafaaa) February 12, 2026
Las autoridades locales reiteraron la importancia de reconocer especies potencialmente tóxicas en zonas costeras. En Filipinas existen antecedentes de intoxicaciones por Zosimus aeneus, incluyendo reportes históricos en la isla de Negros en la década de 1980. Estos casos subrayan la necesidad de educación ambiental, conocimiento taxonómico y prevención sanitaria en comunidades donde la recolección marina forma parte de la vida cotidiana.
Naturaleza, toxinas y equilibrio ecológico
Las toxinas marinas no son anomalías, sino parte de estrategias evolutivas complejas. En arrecifes tropicales, muchas especies desarrollan compuestos químicos para defenderse de depredadores o competir por espacio. La tetrodotoxina y la saxitoxina también aparecen en peces, moluscos y microorganismos, lo que demuestra que el fenómeno no es exclusivo del Cangrejo del Diablo.

Desde la biología marina, estos compuestos son objeto de estudio por su potencia y precisión molecular. De hecho, la tetrodotoxina se investiga en contextos médicos y neurocientíficos por su capacidad de bloquear señales nerviosas específicas. Así, lo que representa un riesgo en el consumo alimentario también es una ventana para comprender mejor el funcionamiento del sistema nervioso y la química natural del océano.
Prevención y respeto por la biodiversidad
El Cangrejo del Diablo recuerda que no todas las especies marinas son aptas para el consumo humano, aunque se asemejen a otras comestibles. La identificación adecuada, el conocimiento local validado por ciencia y la prudencia en la recolección son fundamentales para evitar intoxicaciones. En regiones tropicales, las autoridades sanitarias recomiendan abstenerse de consumir especies no certificadas o poco conocidas.

Hablar del Cangrejo del Diablo no implica satanizarlo. Es un organismo adaptado a su entorno, parte de un arrecife que enfrenta presiones por cambio climático, contaminación y sobrepesca. Comprenderlo desde la ciencia y el respeto permite transformar una tragedia en aprendizaje colectivo. La biodiversidad marina es tan fascinante como delicada; conocerla a fondo es una forma de protegerla y protegernos.

El Cangrejo del Diablo es una especie real, documentada por la biología marina como portadora de potentes neurotoxinas naturales. La muerte de Emma Amit en Filipinas evidenció los riesgos de consumir fauna silvestre sin identificación precisa, pero también recordó que el océano alberga mecanismos evolutivos complejos que no siempre comprendemos del todo. Más que temor, lo que este caso invita es a la información, la prudencia y el respeto por los ecosistemas. En un planeta cubierto en más de 70 % por agua, entender la química de sus criaturas puede ser una cuestión de vida o muerte.




