Las ballenas jorobadas están viviendo una de sus temporadas más intensas en Bahía de Banderas, pero no precisamente por buenas razones. Mientras el número de ejemplares en la zona alcanza cifras récord, también crecen las colisiones, las heridas por hélice y la presión del turismo masivo. La temporada 2025-2026 se ha convertido en un punto crítico que expone fallas en la regulación ambiental y en el modelo de turismo sostenible. Lo que debería ser un espectáculo natural único hoy se perfila como una crisis para la vida marina en México.
¿Qué está pasando con las ballenas jorobadas?
La Bahía de Banderas registra hasta 5 ballenas por hora, cuando el promedio histórico era de 2. En días recientes se han contado cerca de 100 ejemplares simultáneamente en la bahía. Esta concentración extraordinaria se debe, en parte, a la disponibilidad de alimento, que ha mantenido a las ballenas jorobadas en la región pese a cambios en la temperatura del océano.

Pero el récord biológico viene acompañado de una presión humana sin precedentes. Más de 300 embarcaciones cuentan con permiso para avistamiento, y alrededor de 1,700 más navegan con otros fines en la misma zona. El resultado es un tráfico marítimo intenso justo donde las ballenas llegan a parir y criar a sus ballenatos. Nunca habían coincidido tantos cetáceos y tantas embarcaciones al mismo tiempo en un espacio tan reducido.
Hélices contra gigantes: la amenaza invisible en el agua
En lo que va de la temporada se han reportado cuatro colisiones graves. El 24 de febrero se confirmó la muerte de una cría de apenas dos meses tras ser arrollada por una lancha a alta velocidad. Días antes, otra cría fue documentada con entre 8 y 12 cortes profundos de propela en el dorso. Una hembra adulta también fue impactada por un yate en enero; su estado sigue siendo incierto.

Desde 2007 hasta 2025 se han documentado al menos 25 ballenas atropelladas en la bahía. El patrón no es nuevo, pero la frecuencia preocupa. Las hélices y la velocidad se han convertido en una amenaza directa para una especie que utiliza estas aguas como guardería natural. Y el riesgo no es solo para los cetáceos: ya se registró una muerte humana al inicio de la temporada tras una colisión marítima.
La norma existe… ¿pero quién la hace cumplir?
México cuenta con una regulación específica: la NOM-131-SEMARNAT-2010. Esta norma establece distancias mínimas de 60 a 120 metros, máximo cuatro embarcaciones por grupo de ballenas y velocidad límite de 10 nudos en zonas de observación. Sobre el papel, el marco legal existe.

Sin embargo, organizaciones como Ocean Futures Society y Ecobac denuncian que la aplicación es débil y la supervisión insuficiente. La presión turística, especialmente en la zona norte de la bahía y alrededor de Islas Marietas, provoca que las reglas se ignoren o se relajen. Cuando la demanda de experiencias “de cerca” supera la capacidad de vigilancia, el sistema empieza a fallar.
Entre la vigilancia y la urgencia ambiental
Ante la situación, PROFEPA realizó inspecciones a 17 embarcaciones y reforzó operativos en febrero de 2026. Ocean Futures Society envió una carta abierta a la Secretaría de Medio Ambiente exigiendo multas ejemplares, creación de corredores seguros y zonas obligatorias de baja velocidad. También se ha planteado un ordenamiento marino más claro que divida áreas de navegación rápida y lenta.
🔎Realizamos un operativo de inspección y vigilancia en Bahía de Banderas, #Nayarit, en el que verificamos 17 embarcaciones privadas y de servicios turísticos que se dedican a la observación de ballenas dentro de la bahía para que cumplan con los lineamientos, restricciones y… pic.twitter.com/P7Brmq42IV
— PROFEPA (@PROFEPA_Mx) February 24, 2026
La discusión no es si debe existir turismo, sino cómo gestionarlo. Expertos señalan que reducir la velocidad a 20 km/h disminuye significativamente la probabilidad de colisión con ballenas, mantarrayas o tortugas. La crisis no es inevitable; es el resultado de decisiones —o de la falta de ellas—.

La temporada 2025-2026 de ballenas jorobadas en Bahía de Banderas es una señal de alarma. Más ejemplares que nunca coinciden con más tráfico marítimo que nunca. La combinación está generando una crisis que mezcla récords científicos con pérdidas dolorosas. Si la regulación ambiental no se aplica con firmeza y el modelo de turismo sostenible no se fortalece, este santuario podría degradarse rápidamente. Las ballenas jorobadas regresan cada año a estas aguas confiando en un entorno seguro; la pregunta es si nosotros estaremos a la altura de esa confianza.




