Logran recuperar material genético del tigre de Tasmania, especie extinta en el siglo XX

El tigre de Tasmania vuelve al debate científico tras recuperarse ARN funcional de un espécimen extinto, revelando cómo funcionaban sus genes hace más de un siglo.

Durante décadas, el tigre de Tasmania fue un símbolo silencioso de lo que perdemos cuando la biodiversidad desaparece. Extinto oficialmente en 1936, parecía condenado a existir solo en fotos en blanco y negro y vitrinas de museo. Sin embargo, en 2026, la ciencia logró algo que parecía imposible: extraer ARN funcional del tigre de Tasmania, una molécula clave para entender cómo funcionaban realmente sus genes. Este avance no solo reescribe lo que creíamos sobre la extinción, también abre una nueva etapa para la biología, la conservación y nuestra relación con el pasado natural.

Del ADN al ARN: una forma de leer el pasado genético

Hasta hace poco, estudiar especies extintas significaba trabajar únicamente con ADN antiguo. Eso permitía saber qué genes tenía un animal, pero no cómo se activaban. El ARN cambia completamente el juego: es la molécula que indica qué genes estaban encendidos en un tejido específico, casi como ver un “video” en lugar de una foto fija.

tigre de tasmania

Un equipo liderado por Marc R. Friedländer, de la Universidad de Estocolmo, logró recuperar ARN de un tilacino conservado desde 1891 en el Museo Sueco de Historia Natural. Contra todo pronóstico, las condiciones secas y estables del museo permitieron que el ARN no se degradara por completo. Gracias a técnicas modernas de secuenciación, los científicos analizaron millones de fragmentos, dando nacimiento a una nueva disciplina: la paleotranscriptómica.

Lo que los tejidos del tigre de Tasmania revelan

El ARN recuperado no era ruido genético sin sentido. En el tejido muscular aparecieron genes asociados a la contracción muscular y al metabolismo energético, lo que sugiere que el tigre de Tasmania estaba adaptado a la resistencia y al movimiento sostenido. En la piel, dominaron los genes relacionados con la queratina, esenciales para la protección externa.

También se detectaron restos de ARN de hemoglobina, una señal inesperada que indica que había sangre presente cuando el animal fue preparado hace más de un siglo. Estos hallazgos confirman algo clave: el ARN antiguo conserva coherencia funcional, y no es solo una curiosidad de laboratorio. Es información biológica real, valiosa y sorprendentemente precisa.

Museos, los archivos vivos de biodiversidad perdida

Este descubrimiento cambia por completo la forma en que vemos los museos de historia natural. Ya no son solo espacios de exhibición, sino auténticos archivos biológicos del pasado. En sus estanterías podrían esconderse datos genéticos activos de cientos de especies desaparecidas.

Además, el estudio detectó señales de antiguos virus de ARN en el espécimen, lo que abre una puerta fascinante: usar animales conservados para estudiar la evolución viral a lo largo del tiempo. En un mundo marcado por pandemias y crisis sanitarias, entender cómo evolucionaron los virus podría ser tan relevante como estudiar a los propios animales extintos.

Extinción, desextinción y los dilemas del futuro

El ARN del tigre de Tasmania también reaviva el debate sobre la desextinción. Recuperar ADN ya era complejo, pero ahora sabemos que no basta con copiar un genoma. Comprender cómo se regulaban los genes, cuándo se activaban y en qué tejidos, es crucial para cualquier intento serio de recrear organismos extintos.

Más allá de la polémica, este avance deja un mensaje claro: cada extinción borra procesos biológicos únicos, no solo especies. La paleotranscriptómica nos permite medir ese impacto con más precisión y refuerza la urgencia de proteger a los grandes reguladores ecológicos que aún existen.

El tigre de Tasmania no volverá a caminar por los bosques de Australia, pero su ARN demuestra que el pasado no está tan muerto como pensamos. La ciencia logró escuchar, literalmente, la actividad genética de un animal extinguido hace casi 90 años. En plena crisis ambiental global, este hallazgo nos recuerda que la biodiversidad es un cosmos lleno de secretos, y que perderla significa silenciar historias que aún pueden enseñarnos a cuidar mejor el futuro. Si hoy podemos escuchar al tigre de Tasmania, ¿qué otras voces del pasado estamos a punto de recuperar?

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