El asesinato de burros en México volvió a quedar al descubierto tras el robo y la muerte de quince burritos rescatados en un santuario de Baja California Sur. No se trataba de animales destinados al consumo ni al trabajo: eran burros protegidos, con años de cuidado, seguimiento veterinario y una historia detrás. El caso revela una realidad incómoda que persiste desde hace décadas: el burro mexicano en peligro de extinción sigue siendo robado y sacrificado sin que existan mecanismos legales suficientes para evitarlo. Más que un hecho aislado, es una señal de alarma sobre una especie abandonada por las políticas de protección.
El asesinato de burros en México y el caso de Rancho Carisuva
Los hechos ocurrieron en el Rancho Carisuva, en Los Cabos, donde desde 2017 se desarrolla un proyecto de santuario para burros en colaboración con Baja Brewing, a través del programa Lolo Love #PorAmorAlBurro. Tras la temporada de lluvias, 17 burritos salieron a pastar como lo hacían cada año. Esta vez, solo dos regresaron.

Los otros quince fueron robados y asesinados. Los dos sobrevivientes, Quequito y Juanita, presentaban heridas graves en las patas; veterinarios confirmaron que habían sido amarrados con alambre, un indicio claro de extracción forzada. Aunque no existe una prueba directa que señale a responsables específicos, las evidencias apuntan a un acto deliberado y organizado.
Una especie en peligro sin protección legal efectiva
El burro mexicano ha sido históricamente un pilar de la vida rural: transporte, agricultura, carga y sustento. Sin embargo, con el paso del tiempo y la mecanización del campo, su presencia se redujo drásticamente. Hoy, distintas organizaciones estiman que la población de burros en México ha disminuido más del 60% en las últimas décadas.

A pesar de este declive, no existe una legislación específica que lo proteja como especie, ni sanciones claras que castiguen su robo o sacrificio ilegal. En muchos casos, el burro queda fuera de las categorías prioritarias de conservación, lo que facilita que estos crímenes se repitan sin consecuencias visibles.
El mercado ilegal que sostiene el crimen
Uno de los factores centrales detrás del asesinato de burros en México es el valor económico de su carne dentro de circuitos ilegales. Aunque el tema suele mantenerse en silencio, el sacrificio clandestino de burros continúa ocurriendo en distintas regiones del país. Este mercado opera aprovechando la falta de vigilancia, la dispersión territorial y el vacío normativo. Mientras no exista trazabilidad ni castigo real, el burro sigue siendo visto como un recurso explotable y no como una especie en riesgo. El problema no es solo ambiental, sino ético y estructural.

Cuando ni los santuarios son un lugar seguro
Los santuarios nacen para ofrecer protección frente al abandono y la violencia. En este caso, ni siquiera ese entorno fue suficiente. Los burritos de Rancho Carisuva habían sido rescatados, cuidados durante más de nueve años y formaban parte de un programa activo de conservación. “No eran ganado, eran nuestras mascotas. Tenían nombre, historia y carácter”, expresó una de las cuidadoras.
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Esta frase resume el golpe que deja este crimen: no solo se perdieron animales, sino años de trabajo, vínculos construidos y esfuerzos por preservar una especie en riesgo. El ataque demuestra que la conservación aislada no basta si no va acompañada de protección institucional, vigilancia y leyes que respalden a quienes cuidan y rescatan.
Un reflejo de una crisis más amplia
El asesinato de estos quince burros no es una excepción. Es el reflejo de una crisis que combina abandono histórico, indiferencia legal y explotación ilegal. Cada burro perdido representa una disminución directa de la diversidad biológica y cultural del país. Hablar de este caso no busca generar polémica, sino evitar que la violencia contra esta especie se normalice. El silencio ha sido uno de los principales aliados de su desaparición.

El asesinato de burros en México revela una deuda pendiente con una especie que ha acompañado al país durante siglos. Lo ocurrido en Baja California Sur demuestra que la buena voluntad no es suficiente cuando faltan leyes, vigilancia y protección real. Sin acciones concretas, el burro mexicano seguirá desapareciendo, uno a uno, lejos de la mirada pública. La pregunta que queda abierta es incómoda pero necesaria: ¿qué otras especies están siguiendo el mismo camino sin que lo estemos viendo?




