En septiembre de 2025, el fotógrafo Federico Veronesi seguía a una manada de elefantes por el lecho seco de un río en el desierto de Namibia cuando se encontró con algo que no esperaba: una elefanta que avanzaba cargando el cuerpo inerte de su cría recién nacida, las diminutas patas enroscadas alrededor de su trompa. La imagen se convirtió en una de las más destacadas del Wildlife Photographer of the Year 2026 y desató una pregunta que va más allá del dolor: ¿qué estaba haciendo realmente esa madre?
Una escena que Veronesi describió como casi espiritual
La cría aún estaba completamente intacta y blanda cuando Veronesi la encontró. “Todavía no se había endurecido”, recordó el fotógrafo, “así que claramente había nacido durante la noche o quizá solo unas horas antes”. La hembra la llevaba en alto, sosteniéndola con la trompa mientras la manada continuaba su camino por el terreno árido. A primera vista, todo apuntaba a la misma lectura: una madre que no puede soltar a su cría muerta, un duelo animal tan reconocible que duele mirarlo.
Los elefantes tienen una relación documentada con sus muertos que no tiene paralelo entre los mamíferos terrestres. Se ha registrado que tocan los restos con la trompa, permanecen junto a ellos durante horas e incluso regresan a los huesos años después. La ciencia lo llama comportamiento tanatológico; nosotros lo llamamos, sin poder evitarlo, duelo. Pero Veronesi descubriría que lo que estaba viendo tenía una capa adicional, algo que los investigadores de comportamiento animal llevan años intentando entender, y que cambia la lectura de la imagen por completo.
El giro que hace la foto aún más compleja
Lo que Veronesi presenciaba no era únicamente una expresión de pérdida. El comportamiento de cargar a una cría nacida muerta —registrado en elefantes africanos en situaciones similares— sugiere que las hembras pueden estar procesando algo que no encaja del todo en la categoría humana de “duelo”: una combinación de respuesta hormonal postparto, vínculo físico con la cría y una forma de relacionarse con la muerte que todavía no comprendemos bien. La elefanta no sabía que la estaban fotografiando. Tampoco le importaba.
Eso es lo que hace poderosa la imagen de Veronesi: no es una foto construida para el drama. Es un momento íntimo capturado en el desierto de Namibia, en el que un animal hace algo que ningún manual de comportamiento puede explicar del todo. El Wildlife Photographer of the Year no premia solo la técnica; premia la capacidad de un fotógrafo de quedarse quieto el tiempo suficiente para que la naturaleza te muestre algo verdadero.




