No es un rumor ni una proyección menor: el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN) ha emitido señales de alerta sobre lo que podría convertirse en el evento climático más intenso que América Latina haya visto en décadas. Las probabilidades son altas, los modelos coinciden y los países de la región ya deberían estar tomando nota.
¿Qué dice el CIIFEN exactamente?
Según las proyecciones del CIIFEN, existe un 95% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026, específicamente entre octubre y diciembre. Pero lo que hace especialmente relevante este pronóstico no es solo la intensidad esperada, sino su potencial histórico: hay un 69% de probabilidad de que este evento supere en magnitud todos los registros documentados desde 1950.
Eso lo colocaría por encima de eventos como el de 1997-1998, que dejó inundaciones devastadoras, sequías prolongadas y pérdidas económicas cuantiosísimas en toda la región. Y aunque los modelos climáticos tienen márgenes de incertidumbre, una probabilidad del 69% no es un escenario marginal: es el escenario central.
Qué cambia en el clima de América Latina
El Niño no actúa igual en todos lados. Su firma climática varía según la geografía, y eso es clave para entender qué esperar en cada país:
- Temperaturas más altas: En Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Brasil se proyectan anomalías de entre 2 °C y 3 °C por encima de lo normal. En el contexto del calentamiento global actual, eso no es poco: significa olas de calor más frecuentes, estrés hídrico y mayor presión sobre ecosistemas ya de por sí vulnerables.
- Más lluvia donde menos se necesita (y viceversa): Ecuador, Brasil, Bolivia, Paraguay y Chile podrían recibir precipitaciones por encima de lo normal, con riesgo de inundaciones y deslizamientos. En contraste, Colombia, Venezuela y las Guayanas enfrentarían déficits de lluvia, lo que presiona la disponibilidad de agua potable, la agricultura y la generación hidroeléctrica.
- Efectos antes del pico: El fenómeno no aparece de la nada en octubre de 2026. Sus señales podrían comenzar a sentirse durante la primera mitad del año, y sus consecuencias extenderse bien entrado 2027.
Por qué este momento es diferente a otros episodios de El Niño
El Niño es un fenómeno natural recurrente que forma parte de la variabilidad climática del Pacífico tropical. Lo que cambia ahora es el contexto en el que ocurre. Las temperaturas globales de fondo son más altas que en cualquier otro momento de la historia instrumental, lo que significa que cuando El Niño suma su calor adicional al sistema, los efectos se amplifican.
Dicho de otra forma: un El Niño fuerte en 2026 no es el mismo fenómeno que un El Niño fuerte en 1997. Ocurre sobre una atmósfera y un océano ya más cálidos, con glaciares más reducidos, con suelos más secos en algunas regiones y con sistemas hídricos bajo mayor presión. La interacción entre la variabilidad natural y el cambio climático inducido por el ser humano es uno de los temas más activos de la ciencia climática actual, precisamente porque complica las proyecciones y eleva los riesgos.
Qué se puede hacer con esta información
El valor de un pronóstico con meses de anticipación es exactamente ese: tiempo. Los gobiernos, las comunidades y los sectores productivos tienen una ventana para prepararse que no siempre existe frente a otros desastres naturales. Eso incluye revisar sistemas de alerta temprana, reforzar infraestructura hídrica, planificar ciclos agrícolas con cultivos más resilientes y comunicar a las poblaciones en riesgo qué esperar y cómo actuar.
A nivel individual, seguir de cerca las alertas de las autoridades meteorológicas nacionales —que en muchos países de la región trabajan en coordinación con el CIIFEN y la Organización Meteorológica Mundial— es el primer paso. El conocimiento anticipado no elimina el riesgo, pero sí cambia la capacidad de respuesta.
Lo que viene no es inevitable en sus peores consecuencias. Depende, en buena medida, de cuánto nos tomamos en serio los pronósticos cuando todavía hay tiempo de actuar.
