El tema del plomo en la UANL ha colocado nuevamente en el centro del debate la calidad del aire en la zona metropolitana de Monterrey. Lo que ocurre en Ciudad Universitaria, en San Nicolás, no corresponde a un episodio de intoxicación aguda, sino a una preocupación por exposición crónica a metales pesados en el aire. Informes basados en la actualización 2024 del Registro de Emisiones y Transferencia de Contaminantes (RETC) de la Semarnat señalan la liberación de plomo y otros elementos por parte de diversas industrias cercanas al campus. La discusión no es menor: la exposición prolongada a este metal tiene implicaciones científicas, ambientales y sanitarias ampliamente documentadas.
El aire que respiramos: industria y metales pesados en San Nicolás
Ciudad Universitaria se ubica frente a la planta siderúrgica de Ternium y colinda con otras zonas industriales del área metropolitana. De acuerdo con el RETC 2024, al menos 55 plantas en Nuevo León reportan emisiones de plomo al aire, además de cadmio, arsénico y benceno. Estas sustancias pueden incorporarse a partículas suspendidas como PM10 y PM2.5, que permanecen en la atmósfera y pueden ser inhaladas con facilidad.

Entre 2021 y 2023, nueve de las 15 estaciones de monitoreo atmosférico registraron concentraciones de PM10 entre 60 y 70 microgramos por metro cúbico (µg/m³), valores que superan parámetros considerados adecuados por normativas nacionales. Las partículas suspendidas funcionan como vehículos de metales pesados, facilitando su dispersión y depósito en suelos, superficies y organismos vivos. La cercanía de instalaciones industriales a espacios de alta concentración poblacional incrementa la relevancia sanitaria del fenómeno.
Un metal que no se va: la huella invisible del plomo
Desde el punto de vista químico y ambiental, el plomo es un metal pesado persistente. No se degrada ni desaparece; puede depositarse en el suelo y permanecer durante décadas. En ambientes urbanos industriales, suele encontrarse asociado a polvo atmosférico, residuos industriales y emisiones de procesos metalúrgicos.

Cuando el plomo se integra a partículas finas, puede penetrar en el sistema respiratorio. Las partículas PM2.5, por su tamaño microscópico, tienen la capacidad de llegar a los alvéolos pulmonares y, desde ahí, pasar al torrente sanguíneo. Este proceso explica por qué la inhalación es una vía crítica de exposición, especialmente en contextos de contaminación persistente. A diferencia de otros contaminantes que el organismo puede metabolizar o eliminar con mayor facilidad, el plomo tiende a acumularse.
Del aire al torrente sanguíneo: la ruta del plomo
El plomo no cumple ninguna función biológica en el cuerpo humano. Una vez absorbido, puede almacenarse en huesos, hígado, riñones y cerebro. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que no existe un nivel seguro de exposición al plomo, especialmente en poblaciones jóvenes. La intoxicación crónica por plomo, conocida como saturnismo, puede provocar alteraciones neurológicas, anemia, daño renal y trastornos cognitivos. En exposiciones prolongadas, también se ha asociado con hipertensión y mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Estudios ambientales realizados previamente en Monterrey, como el publicado en 2020 sobre metales pesados en polvo urbano, detectaron concentraciones superiores a mil miligramos por kilogramo (mg/kg) de plomo en ciertas áreas. Además, investigaciones académicas han utilizado aves como bioindicadores en entornos urbanos, dado que su exposición refleja la carga ambiental de metales pesados. Resultados que muestran niveles elevados en fauna urbana sugieren una presencia ambiental persistente que merece seguimiento.
Radiografía ambiental: datos clínicos en construcción
Ante la información reciente, legisladores locales han propuesto realizar muestreos de sangre en estudiantes de distintos semestres con el fin de evaluar posibles concentraciones de plomo y establecer comparaciones. Este tipo de estudios epidemiológicos permite determinar si existe correlación entre la exposición ambiental y marcadores biológicos en la población.

La evidencia científica es fundamental para diseñar políticas públicas. Sin datos clínicos y ambientales integrados, resulta difícil establecer responsabilidades, implementar medidas correctivas o reforzar regulaciones. En paralelo, el estado de Nuevo León ha aplicado el denominado “Impuesto Verde” desde 2022, con el objetivo de financiar acciones de mitigación ambiental. Sin embargo, el debate técnico se centra en si estas medidas han sido suficientes para reducir emisiones en zonas críticas.
Cuando el progreso también emite partículas
La zona metropolitana de Monterrey es uno de los polos industriales más importantes de México. La siderurgia, la manufactura y la industria pesada forman parte de su identidad económica. No obstante, la evidencia internacional muestra que el desarrollo industrial requiere sistemas de control de emisiones rigurosos, monitoreo continuo y actualización tecnológica constante. La proximidad entre instalaciones industriales y centros educativos plantea desafíos estructurales en planeación urbana. Las ciudades industriales enfrentan la tarea de equilibrar crecimiento económico con estándares ambientales que protejan la salud colectiva.

El tema del plomo en la UANL representa una preocupación de carácter ambiental y sanitario basada en datos oficiales y principios científicos bien establecidos. No se trata de un episodio de intoxicación repentina, sino de la posible exposición crónica a metales pesados en un entorno urbano industrial. La persistencia del plomo en el ambiente, su acumulación en el organismo y los efectos documentados en la salud obligan a una evaluación rigurosa, transparente y basada en evidencia. En contextos donde industria y población conviven a pocos metros de distancia, la calidad del aire deja de ser una estadística y se convierte en un componente esencial del bienestar colectivo.




