El fast fashion dejó de ser solo una tendencia de consumo para convertirse en una crisis ambiental que hoy amenaza nuestras ciudades. Cada año, miles de prendas terminan en tiraderos a cielo abierto, mientras el planeta paga la factura en agua, químicos y emisiones. El Congreso de la Ciudad de México decidió que ya era hora de ponerle freno y aprobó reformas legales para regular esta industria. ¿La meta? Reducir los residuos textiles y promover hábitos de consumo más responsables en la capital.
Congreso de la CDMX contra el fast fashion
El Congreso de la Ciudad de México aprobó en agosto de 2025 un paquete de reformas a la Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal con un objetivo claro: reducir la contaminación provocada por la moda rápida. Según cifras de la Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA), esta industria representa el 10% de las emisiones de dióxido de carbono a nivel mundial, lo que la coloca como una de las más contaminantes del planeta.
Presenté un dictamen a nombre de la Comisión de Preservación del Medio Ambiente, Cambio Climático y Protección Ecológica, con el objetivo de atender la problemática que genera la moda rápida o “fast fashion”. La propuesta establece que la @SEDEMA_CDMX y las Alcaldías implementen… pic.twitter.com/exNuKbLmDH
— Juan Rubio Gualito (@juanrubiog) August 18, 2025
La legislación recién aprobada no se queda en buenas intenciones. Incluye la creación de programas de recolección y reciclaje de ropa, bolsas y calzado, así como campañas de concientización para que los capitalinos repiensen la forma en la que consumen moda. En palabras de Juan Estuardo Rubio Gualito, legislador del PVEM: “El propósito es que la SEDEMA y las alcaldías generen programas integrales para el tratamiento, reciclaje y reutilización de residuos textiles”.
Moda rápida = un paraíso en peligro
La industria textil ha sido descrita por expertos como un cosmos lleno de secretos oscuros. Para producir una simple camiseta de algodón, se necesitan hasta 2,700 litros de agua, equivalente al consumo de una persona durante dos años. Y cuando esas prendas terminan en la basura (muchas veces tras apenas cinco usos), liberan microfibras plásticas que contaminan ríos y mares.

La congresista Elvia Estrada Barba, presidenta de la Comisión de Preservación del Medio Ambiente, alertó que la mala gestión de residuos textiles en la CDMX complica la recolección de basura y aumenta la contaminación de cuerpos de agua. En otras palabras, no se trata solo de estética o moda, sino de un problema que afecta directamente la salud de la ciudad y de sus habitantes.
Economía circular y ropa con segunda vida
Uno de los puntos más interesantes de la reforma es que impulsa la economía circular en el sector moda. Esto significa apostar por el reciclaje, el trueque, la compra de segunda mano y el rediseño de prendas para extender su vida útil. En la capital ya existen prácticas que se alinean con esta idea. Los tianguis y la ropa de paca son espacios que promueven el reuso, alejándose del ciclo de “comprar-usar-tirar” que caracteriza al fast fashion.

Ahora, con el respaldo legal del Congreso, estas alternativas tendrán más fuerza y apoyo institucional. Además, se prevé la instalación de centros de acopio textil en distintas alcaldías, donde la ciudadanía podrá llevar sus prendas en desuso para que reciban un tratamiento adecuado. Con ello, se busca evitar que la ropa termine apilada en tiraderos o incinerada, procesos que solo aumentan la huella de carbono.
Empresas, consumidores y el reto colectivo
El Congreso capitalino dejó claro que la lucha contra la moda rápida no puede recaer solo en las autoridades. Las empresas de la industria textil y del calzado deberán sumarse a los programas de reciclaje y diseñar estrategias de reutilización. La colaboración público-privada será crucial para que estas medidas no se queden en papel.

Pero también los consumidores tenemos un papel protagónico. Elegir ropa de segunda mano, intercambiar prendas con amigos o simplemente comprar menos son decisiones que pueden marcar la diferencia. Después de todo, cada playera que no compras nueva representa litros de agua ahorrados y kilos de CO₂ que no llegan a la atmósfera.

La aprobación de estas reformas no resolverá de la noche a la mañana el problema de la contaminación textil, pero sí marca un punto de inflexión en la forma en que la CDMX enfrenta el fast fashion. La moda rápida, símbolo de inmediatez y consumo desechable, ahora se encuentra bajo la lupa de la legislación ambiental. Si la implementación avanza como se espera, la capital podría convertirse en un referente de gestión textil sostenible en Latinoamérica.




