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Laniakea, el supercúmulo cósmico que es destruido por energía oscura

Puede que ante nuestros ojos el planeta Tierra resulte inmenso, tan sólo hay que pensar que para atravesar el Atlántico se requieren mínimo diez horas de nuestras vidas. Un viaje alrededor del mundo puede tardar meses completos con escalas dignas. No obstante, a perspectiva cósmica nuestro planeta parece ser cualquier cosa menos especial, sobre todo si se piensa en Laniakea, el supercúmulo que nos alberga, que por cierto, está siendo destruido por la energía oscura justo delante de nuestros ojos. 

¿Qué es Laniakea?

Pongámonos un poco en materia de geografía cósmica. Nuestro planeta gira alrededor del Sol que se encuentra justo en el centro del Sistema Solar, ubicado en el brazo de Orión de una galaxia espiral llamada Vía Láctea de unos 100 mil años luz de diámetro. A su vez la Vía Láctea forma parte de lo que los astrofísicos llaman ‘Grupo Local’, que es un grupo de unas 25 galaxias y cuyo diámetro es de unos 10 millones de años luz. 

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Pero aquí no para la belleza fractal del Universo, a su vez nuestro ‘Grupo local’ forma parte de un cúmulo de galaxias llamado Virgo de más de mil galaxias. Y el cúmulo de Virgo es tan sólo una pequeña fracción de una bestia mucho más grande llamada el Supercúmulo local también conocido como Laniakea (‘cielo inmenso’ en hawaiano). Una estructura inconmensurable que alberga a unas 100 mil galaxias y con un diámetro aparente de unos 520 millones de años luz. 

Así como llegamos a Laniakea, el supercúmulo en el que vivimos, hay que decir que existen muchos otros allá afuera en el Universo profundo. Pero debido a la presencia de la energía oscura, estas estructuras asombrosas son tan sólo fantasmas en proceso de disolverse ante nuestros propios ojos. 

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Laniakea[/caption]

El nacimiento del Universo

Desde el nacimiento del Universo tal como lo conocemos hace unos 13,800 millones de años con la explosión del Big Bang, existía una sopa primordial que contenía materia, antimateria, radiación y probablemente muchas más partículas y campos de los que conocemos ahora. Con semejante mezcolanza de agentes haciendo de las suyas, el Universo no se conformó de manera homogénea. Sino que existieron pequeñas imperfecciones en la distribución de materia y energía. 

En medio de todo esto, se produjo una competencia cósmica permanente entre dos fenómenos. Por un lado la expansión del Universo y por el otro la gravedad que moldea todo lo que conocemos haciendo que la materia se agrupe de distintas formas. Así comenzaron a formarse las primeras estrellas. Luego de cientos de millones de años comenzaron a agruparse las primeras galaxias y luego la fusión de cúmulos. 

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Con el tiempo la red cósmica comienza a tomar forma, con filamentos de materia oscura trazando una serie de líneas interconectadas. Hay que decir que la materia oscura se encarga de impulsar el crecimiento gravitacional del Universo, mientras que la materia normal interactúa a través de distintas fuerzas que dan como resultado la acumulación de gas. 

Colecciones fantasmales a la deriva 

Con el paso del tiempo, el espacio entre los filamentos de esta red cósmica, cede su materia a las estructuras circundantes, convirtiéndose en grandes vacíos. Es un juego que permite que se formen estructuras aún más grandes, lo que conocemos como supercúmulos galácticos, tal como Laniakea. Pero contrario a lo que podríamos pensar, la materia no va hacia una misma dirección. Es decir, en tal caso terminaría por agruparse en una misma estructura hasta colapsar de nuevo. Contrario a esto, la energía oscura ocasiona la recesión de las galaxias distantes que se acelera conforme transcurren los eones. Aquí surgen también los grandes vacíos que separan a las agrupaciones de materia, que son tremendamente subdensos. 

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Aunque ahora podamos decir que pertenecemos a un supercúmulo de galaxias llamado Laniakea, lo cierto es que todas las agrupaciones dentro de ella no están ligadas gravitacionalmente. Así como no lo están otros cúmulos de galaxias dentro de sus hipercúmulos. Es decir, que a medida que el tiempo pase, cada supercúmulo conocido hoy en día terminará por disociarse. Las grandes colecciones de galaxias y cuásares que parecen ser tan reales, en algún momento pasarán a formar parte de lo efímero y transitoriamente desaparecerán. Dentro de miles de millones de años los supercúmulos serán destrozados por la expansión del Universo. Sus habitantes galácticos terminarán como islas solitarias en un océano inconmensurable. 

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