La posibilidad de encontrar vida en otros planetas dejó de ser una idea lejana y comenzó a tomar forma con nuevos hallazgos científicos. El más reciente, una posible biofirma detectada en el exoplaneta K2-18b, volvió a poner sobre la mesa preguntas que parecían reservadas para el futuro. Hoy, la ciencia cuenta con instrumentos capaces de estudiar atmósferas lejanas, analizar océanos ocultos en lunas heladas y cuestionar si la vida (aunque sea microbiana) podría ser más común de lo que imaginamos.
Lo que revela el hallazgo más reciente sobre vida en otros planetas
La detección de posibles compuestos biológicos en K2-18b, anunciada en 2025, proviene del análisis del Telescopio Espacial James Webb. El equipo liderado por el profesor Nikku Madhusudhan identificó señales de dimetilsulfuro (DMS), un gas que en la Tierra solo es producido por organismos marinos simples. Aunque aún no es prueba concluyente, representa la evidencia más prometedora registrada hasta ahora.

K2-18b, un mundo a unos 120 años luz, pertenece a la categoría de planetas Hycean: cuerpos con océanos potenciales y atmósferas ricas en hidrógeno. Este perfil encaja con modelos donde la vida microbiana podría sobrevivir bajo condiciones relativamente estables.
¿Cómo se buscan hoy señales de vida en otros mundos?
La estrategia moderna consiste en estudiar la luz que atraviesa la atmósfera de planetas distantes. Esa luz contiene huellas químicas, como vapor de agua, metano o moléculas asociadas a procesos biológicos. El James Webb abrió una era en la que este tipo de análisis dejó de ser una aspiración y se volvió una práctica posible.

Su sensibilidad permite detectar variaciones mínimas, suficientes para plantear hipótesis sobre procesos que podrían incluir actividad biológica. A futuro, misiones como el Observatorio de Mundos Habitables (HWO) ofrecerán una capacidad aún mayor para identificar planetas similares a la Tierra y examinar sus atmósferas con precisión.
¿Qué lugares del sistema solar podrían dar la primera evidencia directa?
Aunque mirar mundos lejanos es fascinante, algunos de los candidatos más sólidos se encuentran dentro del propio sistema solar. Marte, Europa (luna de Júpiter), Encélado (luna de Saturno) y Titán son destinos prioritarios. El rover ExoMars, cuyo lanzamiento está previsto para 2028, perforará el subsuelo marciano en busca de rastros orgánicos preservados.

Por otro lado, misiones hacia Europa y Encélado analizarán sus posibles océanos subterráneos, donde podría existir agua líquida en contacto con minerales, una combinación ideal para procesos bioquímicos. Titán, con sus lagos de hidrocarburos y densas nubes anaranjadas, también representa un laboratorio natural para estudiar química compleja que podría preceder a la vida.
¿Cuán probable es que exista vida inteligente fuera de la Tierra?
La vida simple podría ser común, pero la vida compleja es otra historia. En la Tierra, los organismos multicelulares tardaron miles de millones de años en aparecer después de la primera vida microbiana. Evolucionar hacia formas complejas requiere estabilidad ambiental, fuentes de energía adecuadas y condiciones que permanezcan constantes durante largas escalas de tiempo.

Científicos como Robert Massey y Catherine Heymans coinciden en que, aunque la vida microbiana es plausible en múltiples entornos, la vida inteligente es mucho más incierta. Sin embargo, incluso la confirmación de organismos sencillos sería suficiente para replantear nuestra comprensión del universo y del papel que ocupa la Tierra dentro de él.
¿Por qué este tema cambia nuestra percepción del cosmos?
Cada avance en la búsqueda de vida en otros planetas reduce la idea de que el universo es un escenario vacío. La perspectiva científica sugiere que la vida podría surgir cuando se cumplen ciertos ingredientes básicos: agua líquida, fuentes de energía y química orgánica. Estos elementos ya no parecen tan raros.

Más allá de la ciencia, este tipo de descubrimientos influye en cómo entendemos nuestra historia como especie. Saber que la vida podría haberse formado en más lugares obliga a replantear preguntas sobre origen, evolución y destino, y abre una conversación más amplia sobre la diversidad potencial del cosmos.

La búsqueda de vida en otros planetas avanza con una combinación de tecnología inédita y descubrimientos que hace apenas unos años parecían imposibles. Desde señales químicas en exoplanetas hasta océanos escondidos bajo capas de hielo, cada pista alimenta la posibilidad de que la vida no sea exclusiva de la Tierra. Tal vez la respuesta no llegue de un solo hallazgo espectacular, sino de una suma paciente de datos que nos obliguen a aceptar una realidad más amplia. ¿Qué significará para nosotros cuando ese momento llegue?




