La noche del 23 de febrero de 2026 ocurre un encuentro astronómico sutil pero fascinante: la conjunción de la Luna y Urano. Nuestro satélite, iluminado en un 44% y acercándose al cuarto creciente del 24 de febrero, pasará visualmente muy cerca del séptimo planeta del sistema solar en la constelación de Tauro. Aunque no será tan llamativo como un acercamiento con Júpiter o Venus, este evento ofrece una excelente oportunidad para localizar a Urano con ayuda óptica. El máximo acercamiento se produce a las 22:19 GMT, con una separación aparente de 5°21’, mientras que la conjunción exacta ocurre el 24 de febrero a las 00:35 GMT.
¿Qué es la conjunción de la Luna y Urano?
En astronomía, una conjunción ocurre cuando dos cuerpos celestes comparten prácticamente la misma ascensión recta o longitud eclíptica desde nuestra perspectiva terrestre. No significa que estén físicamente próximos —la Luna se encuentra a unos 384.400 km de la Tierra, mientras que Urano orbita a más de 2.800 millones de kilómetros— sino que aparecen alineados en el cielo nocturno.

La Luna, al recorrer la eclíptica cada 27,3 días, se encuentra regularmente con planetas. Sin embargo, observar la conjunción de la Luna y Urano tiene un atractivo especial porque Urano, descubierto en 1781 por William Herschel, rara vez destaca a simple vista debido a su brillo tenue (magnitud 5.7).
¿Dónde y cuándo ver la Luna junto a Urano?
La conjunción de la Luna y Urano será visible desde amplias regiones del planeta siempre que la Luna esté sobre el horizonte tras el anochecer. El mejor momento para observarla será entre el final del crepúsculo y antes de la medianoche local, cuando Tauro se encuentre aún relativamente alto en el cielo.

Para ubicar el punto exacto, primero localiza la Luna creciente. Luego identifica la constelación de Tauro, reconocible por la estrella Aldebarán y el cúmulo de las Pléyades. Urano estará a poco más de cinco grados de la Luna, una distancia equivalente al ancho de tres dedos extendidos con el brazo estirado. El uso de binoculares de 10×50 o un telescopio pequeño es altamente recomendable, ya que el brillo lunar dificulta la observación directa a simple vista.
¿Cómo observar la conjunción en buenas condiciones?
El éxito de la observación depende en gran medida de las condiciones del cielo. Un lugar con baja contaminación lumínica y horizonte despejado aumentará notablemente las probabilidades de distinguir a Urano. Incluso una ligera nubosidad puede impedir ver un objeto de magnitud cercana a 6.

No es imprescindible observar justo en el minuto exacto del máximo acercamiento. Durante varias horas antes y después, la separación visual seguirá siendo reducida. Además, al encontrarse la Luna antes de su fase de cuarto creciente, su brillo no es tan intenso como en luna llena, lo que facilita ligeramente la identificación del planeta cercano.
¿Cómo fotografiar la conjunción de la Luna y Urano?
Capturar la conjunción de la Luna y Urano requiere planificación técnica. Una cámara réflex o sin espejo con un teleobjetivo de al menos 200 mm permitirá encuadrar la Luna con suficiente detalle. Para asegurarte de que Urano aparezca en el encuadre, es fundamental conocer la separación angular y calcular el campo de visión del objetivo.

Un trípode es imprescindible para evitar vibraciones. Se recomienda comenzar con ISO 400–800, apertura entre f/4 y f/5.6, y ajustar la velocidad de obturación según la exposición de la Luna. Es posible que necesites varias tomas con diferentes configuraciones para equilibrar la intensa luz lunar con el débil brillo del planeta. En cielos muy oscuros, Urano puede apreciarse como un pequeño punto de tono verde azulado en la imagen final.

La conjunción de la Luna y Urano del 23 de febrero de 2026 es un recordatorio de la precisión con la que se mueven los cuerpos celestes. Aunque discreta a simple vista, representa la oportunidad de identificar un planeta distante y comprender mejor la mecánica orbital que rige el sistema solar. En una sola mirada coinciden dos mundos separados por miles de millones de kilómetros, alineados desde nuestra perspectiva terrestre. ¿Cuántos otros encuentros silenciosos estarán ocurriendo sobre nuestras cabezas sin que los notemos?




