A unos días del duelo entre México e Inglaterra por los octavos de final del Mundial 2026, un protagonista inesperado se ha robado los reflectores. No lleva uniforme, no pisa la cancha y tampoco aparece en las alineaciones, pero podría influir en el desarrollo del partido. Se trata de la hipoxia, un fenómeno provocado por la altitud de la Ciudad de México que incluso figuras como Thomas Tuchel y Harry Kane han reconocido como un reto para Inglaterra. Aunque no garantiza un resultado, la ciencia demuestra que este factor puede otorgar una ventaja real a los equipos acostumbrados a competir en estas condiciones.
¿Qué es la hipoxia y por qué preocupa tanto antes del México vs Inglaterra?
La hipoxia es una condición que ocurre cuando el organismo recibe menos oxígeno del que necesita para funcionar de manera óptima. En la Ciudad de México, ubicada a aproximadamente 2,240 metros sobre el nivel del mar, la presión atmosférica es menor, por lo que cada respiración contiene entre 20 y 25% menos oxígeno efectivo que al nivel del mar, aunque el aire siga estando compuesto por un 21% de oxígeno. Esto obliga al cuerpo a trabajar más para realizar el mismo esfuerzo.

Para un futbolista, la diferencia puede sentirse desde los primeros minutos. El corazón acelera su ritmo, la respiración se vuelve más exigente y los músculos comienzan a fatigarse antes de lo habitual. Quienes viven y entrenan regularmente en estas condiciones desarrollan adaptaciones naturales con el tiempo, mientras que los visitantes suelen resentir el cambio, especialmente cuando el partido entra en su tramo decisivo.
La ciencia demuestra que la altura sí puede marcar diferencias
Lejos de ser un mito deportivo, los efectos de la altitud están ampliamente documentados. Diversos estudios han encontrado que el VO₂ máximo, indicador que mide la capacidad del cuerpo para utilizar oxígeno durante el ejercicio, disminuye entre 7 y 10% por cada 1,000 metros de altitud. En consecuencia, los jugadores recorren menos distancia, realizan menos sprints y tardan más en recuperarse después de cada esfuerzo intenso.

Una de las investigaciones más conocidas fue publicada en el British Medical Journal (BMJ) en 2007. Tras analizar alrededor de 1,460 partidos internacionales, los investigadores concluyeron que cada 1,000 metros de diferencia de altitud puede representar una ventaja cercana a medio gol para el equipo habituado a jugar en esas condiciones. En otras palabras, la altura no gana partidos por sí sola, pero sí puede inclinar el rendimiento físico hacia uno de los dos lados.
Inglaterra tendrá poco tiempo para adaptarse
Uno de los mayores desafíos para la selección inglesa es que la aclimatación no ocurre de un día para otro. El cuerpo necesita varios días para comenzar a producir una mayor cantidad de glóbulos rojos y mejorar el transporte de oxígeno, mientras que una adaptación completa puede requerir hasta tres semanas. En un torneo como el Mundial, ese tiempo simplemente no existe.

El propio Thomas Tuchel reconoció que adaptarse en apenas tres o cuatro días es “imposible”, mientras que Harry Kane coincidió en que la altitud representa una dificultad importante. México, por el contrario, llega con la ventaja de contar con futbolistas acostumbrados a disputar encuentros tanto en la Liga MX como con la Selección Nacional en ciudades de gran altitud, lo que reduce considerablemente el impacto fisiológico.
¿Puede la hipoxia ayudar a México a dar la sorpresa?
Sobre el papel, Inglaterra continúa siendo favorita gracias a la calidad de su plantilla, encabezada por jugadores como Harry Kane y Jude Bellingham. Sin embargo, el contexto del partido hace que la diferencia entre ambos equipos sea menor de lo que reflejan las estadísticas. México jugará en un estadio que conoce perfectamente, con el respaldo de una afición cercana a los 87 mil espectadores y con un entorno fisiológico al que está completamente adaptado.

La hipoxia no sustituye el talento, la estrategia ni la contundencia frente al arco, pero sí puede convertirse en ese factor silencioso que haga más pesado cada sprint, más difícil cada recuperación y más largos los últimos minutos para un equipo visitante. En un partido donde los detalles suelen definir el resultado, esa ventaja invisible podría convertirse en uno de los elementos más importantes de la noche.

Después de todo, no todos los rivales se pueden ver. Algunos están en el aire, actúan sobre el cuerpo y aparecen justo cuando las piernas comienzan a pesar. La hipoxia es uno de ellos, y la ciencia confirma que en el Estadio Ciudad de México puede jugar un papel tan determinante como cualquier futbolista sobre el césped. La pregunta es si será suficiente para que el Tri convierta esa ventaja fisiológica en una victoria histórica.




