El océano profundo sigue siendo uno de los territorios más desconocidos del planeta, y en 2026 volvió a demostrarlo con la confirmación del Graneledone sellanesi, una nueva especie de pulpo hallada en aguas profundas de Chile. Aunque el ejemplar fue recolectado en 2007, tuvieron que pasar 19 años de estudios morfológicos y genéticos para reconocerlo oficialmente. Este descubrimiento no solo amplía el mapa de la biodiversidad marina en Chile, sino que también revela lo poco que sabemos sobre los ecosistemas que existen a más de mil metros bajo la superficie.
Graneledone sellanesi, una nueva especie de pulpo en Chile
El Graneledone sellanesi fue recolectado por el oceanógrafo Javier Sellanes frente a la Isla Mocha, en el margen continental chileno, durante una expedición científica enfocada en zonas de filtración de metano. Lo que parecía una captura más terminó siendo una pieza clave para la taxonomía marina. En febrero de 2026, los investigadores Cecilia Pardo-Gandarillas y Christian Ibáñez publicaron en el Journal of Marine Science and Engineering la descripción formal que lo reconoce como la especie número 11 del género Graneledone.

Este género de pulpos habita en aguas profundas de distintos océanos y se caracteriza por rasgos muy específicos, como la ausencia de saco de tinta. Sí, este pulpo no puede lanzar una nube oscura para escapar. En la oscuridad total del océano profundo, esa estrategia simplemente no es útil. La evolución también sabe optimizar recursos, incluso a 2.400 metros bajo el mar.
Cómo se confirmó el Graneledone sellanesi tras casi dos décadas
El proceso para validar al Graneledone sellanesi fue largo y meticuloso. Desde el año 2000 ya existían registros del género en Chile, pero no había suficiente evidencia para afirmar que se trataba de una nueva especie de pulpo. Los científicos revisaron colecciones en museos de Alemania, Estados Unidos y Nueva Zelanda, comparando ejemplares obtenidos en arrastres y cruceros oceanográficos.

Morfológicamente, este pulpo presenta una sola hilera de ventosas en brazos de longitud similar, ojos grandes que representan cerca del 20 % del tamaño de su manto y una piel cubierta de verrugas papilosas complejas. Sin embargo, esas diferencias no eran suficientes por sí solas. Fue la taxonomía integrativa —la combinación de análisis físicos y estudios de ADN— la que confirmó que estaban ante algo distinto. La genética fue el punto de quiebre que permitió separar al Graneledone sellanesi de especies cercanas como Graneledone boreopacifica.
Vida extrema: dónde habita el Graneledone sellanesi
El hábitat del Graneledone sellanesi parece sacado de una película de ciencia ficción. Vive en el Pacífico suroriental, desde el norte de Perú hasta el sur de Chile, en profundidades que van desde los 400 hasta los 2.400 metros. En esas zonas no llega la luz solar, las temperaturas son cercanas al punto de congelación y la presión es aplastante.

Y aun así, la vida prospera. Este pulpo mediano, con una longitud total de entre 52 y 81 centímetros, se mueve en un entorno que sigue siendo un “cosmos lleno de secretos”. Gracias a tecnologías más recientes como vehículos operados remotamente (ROV) equipados con cámaras de alta resolución, los científicos ahora pueden observar comportamiento, hábitat y relaciones ecológicas sin depender únicamente de redes de arrastre que mezclaban todo como “una ensalada de especies”, en palabras de Sellanes.
El impacto del descubrimiento en la biodiversidad marina en Chile
La confirmación del Graneledone sellanesi tiene un peso simbólico y científico enorme. Es la primera vez en más de 25 años que se describe una nueva especie dentro de este género. En un momento donde la ONU alerta sobre la triple crisis planetaria —cambio climático, contaminación y pérdida de biodiversidad—, este hallazgo demuestra que aún existen especies grandes y visibles que no han sido formalmente reconocidas.

También deja en evidencia un problema menos mediático: la disminución de taxónomos en el mundo. Describir especies requiere años de formación, acceso a colecciones científicas y financiamiento constante. Sin taxonomía, no sabemos qué estamos perdiendo. Y no se puede proteger lo que no se conoce. Las aguas profundas de Chile se perfilan como un punto caliente de biodiversidad que todavía guarda cientos de posibles especies nuevas, como lo evidenció la expedición de 2024 en el buque Falkor (too), donde se observaron más de 100 organismos potencialmente desconocidos.

El Graneledone sellanesi no es solo una nueva especie de pulpo; es un recordatorio de que el océano profundo sigue siendo una frontera abierta para la ciencia. Su historia —desde una red de arrastre en 2007 hasta una publicación científica en 2026— muestra que el conocimiento se construye con paciencia, colaboración internacional y tecnología. En medio de un planeta presionado por la crisis ambiental, descubrir y nombrar especies es también una forma de resistencia científica. Si aún encontramos vida desconocida en las profundidades, ¿cuántos secretos más estarán esperando en la oscuridad del mar?




