En medio de la rutina urbana y el ruido del centro de Xalapa, un cartel sencillo con letras negras logró detener miradas y abrir corazones: “Cambio por comida o lo que guste apoyar”. Quien lo sostenía era Don Ambrosio, un hombre de 61 años que, tras quedarse sin empleo como albañil, decidió intercambiar plantas por alimentos para mantener a sus nietos. Lo que comenzó como una necesidad personal, pronto se transformó en una ola de solidaridad que recorrió la ciudad. Su historia no solo es un testimonio de supervivencia, sino también un recordatorio del valor del apoyo mutuo, incluso en tiempos de incertidumbre.
De la construcción a las macetas: la vida de Don Ambrosio
Durante décadas, Don Ambrosio trabajó como albañil en obras de Córdoba, Huatusco y Fortín. Cargar costales de cemento, manipular varillas y resistir al sol eran parte de su día a día. Sin embargo, la edad y la preferencia por contratar a jóvenes lo dejaron fuera del mercado laboral. Lejos de rendirse, decidió aprovechar algo que siempre le apasionó: cuidar plantas.

Con girasoles, helechos y suculentas en mano, comenzó a recorrer calles y plazas, ofreciendo un intercambio simple: una maceta por arroz, frijol, aceite o cualquier alimento no perecedero. Su rutina empieza al amanecer. Coloca sus plantas en bolsas reutilizadas y camina hasta el Parque Revolución, en la glorieta de Los Sauces. Allí, se instala con su letrero y su esperanza de volver a casa con comida para sus nietos de 4 y 8 años.
La respuesta de Xalapa: solidaridad en acción
Una foto de Don Ambrosio, rodeado de plantas, comenzó a circular en Facebook y WhatsApp, acompañada de mensajes que invitaban a apoyarlo. La respuesta fue inmediata: decenas de vecinos se acercaron con víveres, llenando su día de sonrisas y su mesa de alimentos. “Xalapa me apoyó y hoy puedo llevar comida a mi casa”, dijo emocionado, con una despensa completa a su lado.

Esta reacción comunitaria refleja algo poderoso: cuando una historia toca fibras, las fronteras entre desconocidos se diluyen. No es la primera vez que la capital veracruzana muestra este espíritu. Pero lo especial aquí es que la ayuda no fue un acto único; varios ciudadanos han vuelto al parque para seguir intercambiando alimentos por plantas, manteniendo vivo el círculo solidario.
El trueque como resistencia en tiempos modernos
Aunque suene a costumbre del pasado, el trueque está volviendo a ganar espacio en diferentes ciudades de México. Según datos del INEGI, más del 56% de los trabajadores mayores de 60 años en zonas urbanas se dedican a actividades informales para sobrevivir. En este contexto, el intercambio directo se convierte en una alternativa para quienes no tienen acceso a un empleo estable.

En el caso de Don Ambrosio, el trueque no solo garantiza comida, sino que también fortalece el tejido social: las plantas que entrega llevan consigo una historia, y quienes las reciben se llevan algo más que un adorno, se llevan un gesto de resistencia.
Más allá del trueque: una lección de comunidad
Don Ambrosio no busca lástima, busca colaboración. “Como a veces no se vende, por lo menos llevo comida. No llevo dinero, pero sí despensa para la casa”, dice con calma. Y aunque sabe que hay días buenos y malos, confía en que la empatía de la gente seguirá siendo su mejor aliada.

Su número de contacto (56 4985 9368) ahora circula en grupos comunitarios, donde se organizan para hacer compras colectivas o visitar su puesto en el parque. Es un ejemplo tangible de cómo la economía solidaria puede sostener a quienes la necesitan.

En un mundo que avanza hacia lo digital, esta historia nos recuerda que la conexión humana sigue siendo la moneda más valiosa. Entre el concreto y las prisas de la ciudad, un hombre y sus plantas nos muestran que hay otras formas de intercambiar valor, y que el apoyo mutuo no caduca con la modernidad. ¿Y si el próximo “trueque” que hacemos no es de cosas, sino de tiempo, de escucha o de compañía? Tal vez ese sea el intercambio que más falta nos hace.




