Un 30 de octubre de hace 81 años el mundo asistía a uno de los fenómenos que más ha marcado la historia de los medios de comunicación y el terror en ellos: “la invasión del ejercito alienígena”. Y es que, durante años, misteriosas ráfagas de ondas de radio procedentes de miles de millones de años luz de distancia han dejado sin habla a los científicos en la Tierra.
Si bien, en aquel momento colocó rumbo a ostentar definitivamente la gran responsabilidad de la etiqueta que los esbozaba ya como el cuarto poder de la sociedad, la radio, está historia se guío de algo importante, las señales emitidas a millones de años de la Tierra.
Sin embargo, la ciencia acaba de refutar que estas señales sean de extraterrestres o personas de otro planeta.
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El terror de la invasión, señales alienígenas
Entre todos los fenómenos inexplicables, los estallidos rápidos de radio (FRB por sus siglas en inglés) son posiblemente los más misteriosos. De hecho, se trata de las señales más escurridizas y potentes jamás detectadas en el espacio, y aunque solo duran unos pocos milisegundos pueden generar la misma cantidad de energía que 500 millones de soles.
Hasta hace apenas unos meses, nadie había podido averiguar qué era lo que producía estas señales, descubiertas en 2007 y que intrigaron a toda la comunidad.
El año pasado sucedió algo extraordinario: los investigadores encontraron que por lo menos 16 FRBs procedían del mismo punto del espacio, una única fuente más allá de nuestra Vía Láctea. Fue tal el desconcierto que varios físicos de Harvard llegaron incluso a proponer que las misteriosas señales podrían ser la prueba de una tecnología alienígena extraordinariamente avanzada.
Y hace apenas unos meses volvió a suceder. Un equipo de investigadores de la McGill University ha detectado otro misterioso estallido rápido de radio golpeando la Tierra desde una fuente espacial desconocida. Por si esto pareciera poco, este particular estallido se ha producido en el rango de frecuencias de 580 megahertz, casi 200 MHz más bajo que cualquier otro registrado hasta ahora.
¿A qué podrían deberse estos gigantescos fogonazos? Los estudios más recientes sobre el tema apuntan a posibles estrellas de neutrones, pero otras hipótesis incluyen agujeros negros, púlsares con estrellas compañeras, implosiones de cadáveres estelares o magnetares. A pesar de todo, no hay nada cierto.
Lo que sí sabemos es que los estallidos de radio cubren una cierta extensión de frecuencias, aunque este último caso demuestra que el rango es mayor de lo que se pensaba. Y que parecen llegar de muy lejos, posiblemente desde miles de millones de años luz de distancia. Y también sabemos, por supuesto, que sea lo que sea que los provoque, tiene que ser un fenómeno extremadamente energético.
Ante este panorama, no resulta extraño que el año pasado, tras detectar 16 FRBs procedentes de un mismo punto, algo realmente insólito, científicos como Avi Loeb, del Centro de Astrofísica Harvard Smithsonian, hayan dicho que “vale la pena contemplar y verificar la posibilidad de que su origen sea artificial”. Aunque el mismo equipo también postuló la posibilidad de que se tratase de “haces producidos por civilizaciones extragalácticas para, potencialmente, alimentar naves impulsadas por velas de luz”. El misterio continúa ahí fuera.




