No podemos negar que el azúcar, en los primeros momentos de su consumo, libera cierta dosis de adrenalina mediante la glucosa. Sin embargo, en un estudio recientemente publicado en Scientific Reports se encontró una correlación entre una dieta con altas dosis de azúcar y la incidencia de trastornos mentales. 

Si bien es altamente recomendable reducir el consumo de azúcares añadidos –salvo los que se encuentran naturalmente en frutas, vegetales y leche– a menos del 5% del total de consumo energético, en los últimos años se ha incrementado su ingesta mediante alimentos dulces, bebidas azucaradas y comida procesada. Y una larga lista de investigaciones previas marcan la evidencia de que a mayor cantidad de consumo de azúcar refinada, mayor es la incidencia de índices de depresión. 

Si bien aún no se estipula una causa contundente para la depresión, los científicos consideran que los cambios biológicos pueden ser un factor influyente. Por ejemplo, un estudio realizado con ratas demostró que una dieta alta en azúcar y grasa reducía una proteína llamda BDNF, la cual influye en el crecimiento y desarrollo de las células nerviosas en el cerebro. Esta proteína está fuertemente relacionada con síntomas de depresión y ansiedad. Otra posibilidad es que la causa biológica se deba a la inflamación, como una reacción protectora del cuerpo frente a posibles patógenos. Esta inflamación puede provocar malestares y desencadenar trastornos emocionales. 

En la investigación publicada en Scientific Reports se encontró que en los hombres sin ningún trastorno emocional y con un consumo superior a 67 gramos de azúcar, aumentaba hasta en un 23% el riesgo de sufrir algún trastorno emocional en los siguientes años. Esta cifra, mencionan los expertos, es independiente al estatus socioeconómico, la actividad física, el consumo de alcohol, de tabaco y otros hábitos alimenticios, la grasa corporal o la salud física. Además se halló una reacción similar tanto en hombres como en mujeres con algún trastorno emocional y un consumo de azúcar elevada, lo cual resultó en síntomas depresivos en los siguientes años. 

Los investigadores encontraron una baja incidencia de síntomas depresivos o ansiosos cuando existe un bajo consumo de azúcar, así como un bajo índice de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y obesidad.