Se dicen muchas cosas de Charles Baudelaire. Apodado como parte de los Poetas Malditos, causó la polémica que él buscaba. Se dice que él acuñó el concepto de modernidad (por la celeridad y lo efímero de la vida en las ciudades) y también que fue el emblema de la decadencia en una época decadente (refirió numerosas veces la palabra esplín, aludiendo a la melancolía que da hastío). Pocas veces, en contraste, se habla de la fascinación que sintió por los animales nocturnos con los que se identificó, naturalmente. 

En Las Flores del Mal, su serie de poemas más controversiales, y sus más conocidos, dedicó algunos a su fascinación por estos seres que le llevaron a hallar en ellos a personas que le eran familiares o esencias que él mismo llevaba en su interior, o, al menos así nos lo hace sentir. 

Charles Baudelaire

 

Los búhos y los gatos (cuando son silvestres predomina su vida nocturna), son los emblemas de su encanto por la noche, por su oscuridad, por su misterio:

Los gatos 

Los amantes fervientes y los sabios austeros

adoran por igual, en su estación madura,

al orgullo de casa, la fuerza y la dulzura

de los gatos, tal ellos sedentarios, frioleros.

Amigos de la ciencia y la sensualidad,

al horror de tinieblas y al silencio se guían;

los fúnebres corceles del Erebo serían,

si pudieran al látigo ceder su majestad.

Adoptan cuando sueñan las nobles actitudes

de alargadas esfinges, que en vastas latitudes

solitarias se duermen en un sueño inmutable;

Mágicas chispas yerguen sus espaldas tranquilas,

y partículas de oro, como arena agradable,

estrellan vagamente sus místicas pupilas de místicos.

 

Los Búhos

En los tejos que les cobijan

están los búhos alineados,

dioses ajenos que disparan

su roja mirada. Meditan.

Sin moverse se quedarán

hasta esa hora melancólica

en que, empujando al sol oblicuo,

al fin se instalen las tinieblas.

Al sabio enseña su actitud

que en este mundo hay que temer

el movimiento y el tumulto;

el que se embriaga de una sombra

que pasa, siempre es castigado

pues deseó cambiar de sitio.

 

El Gato

Ven, bello gato, a mi amoroso pecho;

Retén las uñas de tu pata,

Y deja que me hunda en tus ojos hermosos

Mezcla de ágata y metal.

Mientras mis dedos peinan suavemente

Tu cabeza y tu lomo elástico,

Mientras mi mano de placer se embriaga

Al palpar tu cuerpo eléctrico,

A mi señora creo ver. Su mirada

Como la tuya, amable bestia,

Profunda y fría, hiere cual dardo,

Y, de los pies a la cabeza,

Un sutil aire, un peligroso aroma,

Bogan en torno a su tostado cuerpo.

Twitter del autor: @AnaPauladelaTD