Caminar sí te hace más creativo, confirma un estudio

Lo que artistas, pensadores y hasta místicos ya conocían es ahora confirmado por este estudio.

Podría parecer que caminar es una de las acciones más mecánicas y naturales. Es nuestra manera primaria de recorrer el mundo, lo que podría convertirla en la práctica más pragmática de las que conocemos a la mano como habitantes de este. Sin embargo, aún en este natural proceso, tan orgánico como comer o domir, existe un algo que intuitivamente había sido honrado por artistas de todos los tiempos: la caminata como detonador de creatividad.

Muchos pensadores y artistas del tamaño de Niestzche, Baudelaire, Rimbaud, Kant, Rousseau, y Thoreau; ellos todos y muchos más hablaron de las bondades de caminar. Más que una alusión, formaron frases y reflexiones que podían caer en la magnitud de un homenaje. Pero ¿por qué las caminatas han estado tan asociadas al arte y la creatividad?

Un nuevo estudio de Stanford hecho por los investigadores Marily Oppezzo y Daniel Schwartz ha concluido, luego de estudiar a cientos de estudiantes, que mientras estos caminaban mostraron una marcada tendencia en aumento de habilidades creativas.

Existe algo en el movimiento, quizá en el ritmo, que nos hace pensar distinto cuando caminamos. Con más soltura, quizá sin esa aprehensión por encontrar una respuesta, que como lo alude la filosofía taoísta, permite un mejor entendimiento que la búsqueda misma.

Este estudio en realidad comprueba lo que intuitivamente han conocido los grandes caminantes del mundo, y hoy que las comodidades han confundido nuestros conceptos de una calidad de vida, recuperar hábitos como el caminar puede ser la de las más sofisticadas herramientas desde su discreción.

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Caminar para estimular la creatividad: el secreto de estos escritores

La ciencia ha comprobado que este viejo método es infalible.

Desde el furtivo paso de nuestros ancestros nómadas hace milenios hasta el día de hoy, que cada individuo realizó una caminata para llegar hasta donde se encuentra en este preciso momento, no cabe duda de que caminar es un acto más poderoso de lo que solemos imaginar. Caminar es arte.

Las mentes más lúcidas de la historia lo han sabido. La sabiduría antigua está repleta de registros sobre las veleidades de caminar, que algunas de las plumas más insólitas del siglo XX supieron recoger y adaptar. Más aún, caminar ha sido el hábito favorito de escritores y filósofos por igual: una forma de explorar la mente y desatar la creatividad, sin leyes establecidas. Porque Ernest Hemingway podía relatar que, en un momento dado:

Era más fácil pensar si estaba caminando.

Simplemente porque caminar es una tarea sencilla, cotidiana y casi imperceptible que nos sumerge en una especie de trance –que la psicología llama flujo­–. Es como meditar en movimiento. Sin embargo, cada uno tiene su ritmo; por eso, alguna vez Charles Dickens dijo:

Si no pudiese caminar lejos y rápido, creo que sólo debería explotar y perecer.

A su vez, no podríamos olvidar lo que dijo Henry Thoreau:

Cada caminata es una suerte de cruzada.

Y es que uno se encuentra consigo mismo en esos momentos. Más si caminamos rodeados de naturaleza –sin duda, un templo de bienestar–. Una actividad que, por cierto, baja el estrés; sobre todo si caminamos bajo los árboles. Aunque habrá a quien le funcione hacerlo en una ciudad.

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Ferdinand Hodler

Pero el escritor escocés Kenneth Grahame también intuía que lo mejor es hacerlo en parajes naturales. En su ensayo The Fellow that Goes Alone se encuentra quizá la prosa más bella dedicada al acto de caminar.

El regalo particular de la naturaleza para el caminante, a través del semimecánico acto de caminar ­–un regalo que, por cierto, ningún otro tipo de ejercicio puede transmitir al mismo nivel– es poner a la mente a correr, hacerla locuaz, exaltada, quizás un poco chiflada, ciertamente creativa y suprasensible.

¿Te suena familiar? Quizá al caminar tú también has experimentado lo que estos escritores mencionan. Pero si te queda duda…

 

La ciencia lo ha confirmado

Varios experimentos hechos por los investigadores Marily Oppezzo y Daniel Schwartz han concluido que caminar desata la creatividad. Luego de estudiar a 200 estudiantes mientras caminaban, pudieron observar que éstos mostraban una marcada tendencia al aumento de habilidades creativas.

La investigación de Oppezzo y Schwartz incluyó cuatro experimentos con 176 estudiantes universitarios que completaron tareas utilizadas para evaluar el pensamiento creativo. Tres de los experimentos se basaron en una prueba de creatividad de “pensamiento divergente”.

El pensamiento divergente es un proceso de pensamiento o método utilizado para generar ideas creativas al explorar muchas soluciones posibles. En estos experimentos, los participantes tenían que pensar en usos alternativos para un objeto dado. Se les dieron varios conjuntos de tres objetos y tuvieron 4 minutos para obtener la mayor cantidad posible de respuestas para cada conjunto. Una respuesta se consideró novedosa si ningún otro participante del grupo la usó.

Se encontró que la gran mayoría de los participantes en estos tres experimentos fueron más creativos al caminar que al sentarse. De acuerdo con los resultados del estudio, la producción creativa aumentó en un promedio de 60% cuando la persona caminaba.

Además, también se ha comprobado que caminar nos hace más inteligentes… Así que razones sobran para salir a dar un paseo ya.

 

* Imagen principal: Ernest Hemingway practicando su caminata “lambeth”, popularizada por el musical Me and My Girl



Sobre el ritual de las caminatas anuales (o cómo obtener beneficios de este acto natural)

Existen prácticas antiguas que podemos resignificar y reapropiarnos; es el caso del ritual de la camina anual que pervivía en la Edad Media.

Caminar es una de las prácticas más reconocidas por escritores, artistas, famosos empresarios y demás personas creativas. Es una acción que realizamos cotidianamente, casi de manera inconsciente. Pero, el hecho de que se dé un cierto tiempo del día para realizarlo, casi como un hobbie, puede detonar en la persona beneficios inimaginables.  

Para el ritual llamado “Year Walking”, o caminata anual, en Suecia, el acto de caminar puede traer incluso dones de clarividencia para el caminante.

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Esta antigua práctica sueca, era conocida también como årsgång y fue practicada durante la Edad Media. Según algunos estudios, la caminata anual se realizaba en el solsticio de invierno, un día que evoca un misticismo incontrovertible para todas las culturas del mundo. La caminata debía darse exactamente a las 12 de la noche. Previamente, se hacía una meditación diurna en una habitación en total silencio y lo más oscura posible, sin comer, ni dormir. Luego, durante la caminata, se daban tres vueltas a la iglesia más cercana, en dirección opuesta a las manecillas del reloj. Después se regresaba a la iglesia o se iba al panteón para “recuperar la fe”.

De esta manera, a los practicantes se les abrían las puertas del mundo espiritual. Aunque también podía devenir en terribles visiones de seres extraños, según han demostrado los actuales estudios folklóricos sobre el paganismo sueco. Porque la caminata anual también era una especie de trance; un rito que bien podría adecuarse a algunas prácticas actuales en beneficio de nuestra mente y cuerpo.

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La caminata anual puede resignificarse y reproducirse de manera innovadora. Podemos resistirnos a creer que una caminata nos hará clarividentes; pero lo que ha sido comprobado por la ciencia —y por las mentes más brillantes de los últimos siglos— es que caminar es benéfico para infinitud de cuestiones. Una caminata puede ayudarnos a tratar la ansiedad y la depresión, y si es un paseo por parajes naturales nos ayuda a reconectarnos con la naturaleza y prevenir —con la ecoterapia— el llamado “déficit de naturaleza”, una condición no reconocida oficialmente, pero que afecta realmente a los habitantes de las urbes.

Si traemos a la cotidianidad prácticas como la caminata anual de manera novedosa podemos complementar las terapias actuales de mindfulness, o la mencionada ecoterapia. Son ocasiones ideales para alejarnos de la tecnología —que incluso modifica la química de nuestro cerebro—, y de echar un vistazo introspectivo a nuestro interior. 

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Como sea, la cuestión está en salir a caminar de verdad, y si es posible experimentar sobre las posibilidades que esta simple acción puede tener, sobre todo al hacerlo en la naturaleza, ya que, como alguna vez sugirió Albert Camus, caminar puede refrendar la amistad: “No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo.”

*Imágenes: 1, 2 y 3) Alison Scarpulla; 4) pxhere

 

*También en Ecoosfera: ¿Por qué caminar te hace más inteligente?