Buycott, la app para comprar responsablemente y saber si tu dineró terminará en manos de las corporaciones

La app Buycott permite saber la información necesaria para un consumo responsable mediante el escaneo de los códigos de barras.

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Una nueva app llamada Buycott, desarrollada por Ivan Pardo,  tiene como razón de ser que los consumidores encuentren qué corporaciones son dueñas de los productos, mediante el escaneo de los códigos de barras. De esta manera se puede evitar comprar a la compañías que indeseables.

Por ejemplo, al escanear una botella de agua Ethos la app revelará que pertenece a Starbucks. Si se escanea Honest Tea, la app dirá que es de Coca-Cola. Buycott provee información de las compañías como teléfono de contacto, página de Facebook y Twitter. También un “árbol genealógico” de la línea corporativa, para ligar marcas a cadenas de subsidiarios.

Lejos de sólo proveer información, a través de Buycott también es posible unirse a campañas por causas como “Avoid Koch Industries” o “Demand GMO Labeling”. Una vez que te unas, la app indicará si el producto que escaneaste rompe con algunos preceptos de las campañas de las que eres miembro, por ejemplo, indicará si alguna marca ha donado a las campañas anti etiquetado de GMO, como Monsanto.

Buycott se define a sí misma como “lo opuesto a un boycott. Es una campaña activa para comprar productos o servicios de una compañía o marca particular.” El objetivo es que el consumidor tenga la opción de decidir con conocimiento.

 [Co. Exist]



¿Qué es el consumo responsable y por qué urge que comiences a practicarlo?

Te explicamos por qué consumir con responsabilidad es una de las herramientas más poderosas que tenemos para transformar el mundo.

¿Sabías que tu decisión de consumo es una herramienta poderosísima para cambiar el mundo? Aquello que tomas en cuenta a la hora de elegir un producto o servicio por sobre otro, envía un mensaje contundente para la industria y el mercado; y mejor aún: puedes dictarles las características que ellos tendrán que adoptar para que tú consumas sus productos. 

Por ejemplo, si millones de personas consumimos una cierta marca porque nos garantiza que en sus procesos de producción se respeta el medioambiente, se cuidan los recursos naturales, se pagan sueldos justos y están garantizados ciertos estándares de calidad, entonces básicamente estamos obligando a que el resto de marcas de ese mercado comiencen a adoptar medidas similares en su afán de lograr que nosotros consumamos sus productos. Y esto, considerando el tamaño y poder que muchas marcas y compañías tienen, estaría ya haciendo una gran diferencia. 

 

¿Qué es el consumo responsable?

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En pocas palabras, se trata de la decisión de compra (o consumo) a partir de criterios que privilegian la producción responsable. Simplemente se requiere que el consumidor, o sea cada uno de nosotros, se tome la molestia de informarse sobre cómo se elaboran los productos o se confeccionan los servicios a los que va a recurrir. 

Es detenerte un segundo y preguntarte: ¿de dónde viene y a dónde irá lo que estás comprando o consumiendo?

Para esto es fundamental tomar en cuenta, a grandes rasgos, tres aspectos:

 

1. Impacto ambiental

Cómo impacta en el medioambiente la elaboración de un producto es un aspecto esencial a considerar (tanto en su producción como en su empacamiento, transporte, distribución y manejo de residuos).

 

2. Impacto social

Entender las consecuencias de las políticas de la marca o compañía frente a la sociedad: ¿pagan sueldos justos? ¿respetan los derechos humanos de todos los involucrados en su cadena de producción? ¿fomentan buenas prácticas y valores?

 

3. Calidad

Un producto o servicio tiene que ser de calidad; esto significa que los insumos que utilizan son buenos y que sus procesos son óptimos. Un buen producto debe poner la calidad por encima de la rentabilidad.

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¿Por qué urge que nos convirtamos todos en consumidores responsables?

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Porque si orillamos a las grandes marcas y empresas a adoptar medidas favorables para el entorno natural y para la sociedad, esto tendrá beneficios monumentales para el medioambiente, la economía y el respeto a los derechos humanos.  

Un ejemplo: si cierta marca de ropa emplea a niños de países en condiciones de pobreza para manufacturar sus prendas, y masivamente la castigáramos dejando de comprar sus productos (o comprando los de sus competidores que no incurren en estas prácticas), entonces esa marca inevitablemente tendría que cambiar sus políticas de producción y ofrecer condiciones dignas a sus empleados. Esto beneficiaría a miles de personas que podrían acceder a condiciones mucho más favorables y, por ende, tener acceso a una calidad de vida mucho mayor.

Otro ejemplo: si una compañía de alimentos naturales utiliza químicos que contaminan la tierra y probablemente son dañinos para tu salud, castiga a sus empleados (campesinos) con malos sueldos y empaca sus verduras con material particularmente contaminante, y de pronto se encuentra con que sus ventas se han reducido significativamente porque los consumidores reprueban sus prácticas, entonces tendría dos opciones: mejorar estos aspectos o cerrar. 

 

La nueva conciencia exige consumo responsable

En Ecoosfera cultivamos y promovemos la “conciencia contemporánea”, qué más allá de un término que sin duda suena bonito, se refiere a ese cúmulo de valores que dan forma a nuevos paradigmas. Dentro de esto, el consumo responsable ocupa un lugar fundamental. La sociedad tiene que entender el poder que hay detrás de su decisión de consumo; privilegiar con nuestro dinero a los productos y servicios que hacen las cosas bien es un motor fundamental para que las industrias y mercados se vean obligados a adoptar prácticas sanas y respetuosas con el medioambiente y con los demás seres humanos.

En pocas palabras: consume responsablemente…



Monsanto invertirá 3 mil millones de pesos en México en los siguientes cinco años

La multinacional anunció que planea invertir 3 mil millones de pesos en México a lo largo de los siguientes cinco años, con el fin de “mantener su estrategia de investigación y desarrollo en el país”.

Monsanto, una de las empresas argoquímicas con mayor presencia en el mercado internacional, se le ha acusado de realizar prácticas antiéticas que han afectado tanto a la biodiversidad, al ecosistema como a la salud general de la población humana. Entre las acciones que se relacionan con el consumo de sus productos es la extinción masiva de las abejas mediante sus pesticidas, la extinción de numerosas subespecies de maíz y soya de regiones latinoamericanas, la incidencia de enfermedades, como cáncer y deformidades congénitas, debido al contacto o consumo de organismos genéticamente modificados –OGM–, etcétera. Pese a esta lista con impactos catastróficos sobre el medio ambiente y la población humana, así como las intervenciones legales en su contra, Monsanto continúa adquiriendo fuerza a lo largo de sus comerciantes y consumidores indirectos.

Ahora la multinacional anunció que planea invertir 3 mil millones de pesos en México a lo largo de los siguientes cinco años, con el fin de “mantener su estrategia de investigación y desarrollo en el país”. De acuerdo con el presidente y director general de Monsanto Latinoamérica Norte, Manuel Bravo, el objetivo es lograr un crecimiento en ingresos de entre 3 y 4 por ciento en el país, y así sumar 1 millón de hectáreas para uso productivo de transgénicos e híbridos. Actualmente la empresa posee ingresos cercanos de 10 mil millones de pesos anuales, 1 100 empleados que manejan el negocio para Centroamérica, Caribe, Ecuador, Perú, Venezuela y Colombia, siete centros de investigación y cuatro plantas de producción. 

En México tiene una presencia predominante mediante las marcas Asgrow y Dekalb, las cuales ofrecen una productividad de entre los 8 y 10 millones de pesos. Según Bravo, esta cifra incluyen los productos vegetales:

Es una operación relevante con semillas de maíz, de algodón, de sorgo y tenemos 23 variedades de vegetales, manejamos tomate y cebolla, entre otros. [Mientras que] en argoquímicos, nuestro producto más grande es Faena, que es la marca líder en glifosato, que es un herbicida selectivo de baja toxicidad que permite un manejo ágil para los agricultores.

Si bien cada vez hay una creciente denuncia en contra de sus productos así como acusaciones de corrupción, abuso de poder e intimidación hacia comunidades indígenas, Monsanto continúa deseando invertir en México. Incluso Bravo defiende a la empresa estadounidense alegando que: 

Nunca se ha comprobado un caso que la ciencia lo soporte, en biotecnología, maíz y soya, que son para consumo animal y humano, llevamos 20 años de producción y los principales países productores están por arriba dle 90 y 95 por ciento de penetración de las tecnologías. 

En México importamos entre 10 a 15 toneladas de maíz, y 95 por ciento de la soya que comemos la compramos y es transgénica, pero en el país no hay ni un solo caso documentado de haber provocado una alergia. No hay un solo caso, a pesar de haber servido un millón de millones de comidas, que ligue la biotecnología con tema salud. Ha habido denuncias de parte del activismo, pero ninguna soportada por estudios académicos serios o por la autoridad. 

Por esta razón, presume, que se desea integrar el “paquete tecnológico, financiamiento, comercialización y asesoría técnica” en “un millón de las hectáreas que hoy no usan semilla de maíz mejorada” para que “puedan productir en lugar de una sola tonelada por hectárea que sean cinco o seis toneladas.” Es decir que ahora Monsanto quiere realizar una apuesta hacia una “ganadería intensiva a largo plazo” –en vez de una ganadería extensiva”, sin embargo sólo queda preguntarnos a costa de qué y de quiénes se planea realizar esta inversión.