La magia de los girasoles habita en todo su ser: desde sus semillas y su aceite llenos de nutrientes, la forma en que sus pétalos siguen el sol, hasta el secreto matemático que encierran sus espirales.

El patrón de las semillas dentro de la cabeza de un girasol sigue la secuencia Fibonacci: 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, etcétera. Cada número de la secuencia es la suma de los dos anteriores (55=34+21).

En los girasoles, las espirales de su centro crecen en esta proporción. (Cuenta el número de curvas que crecen en una dirección, del centro a los pétalos, y luego las que crecen en sentido opuesto).

Esto sucede en muchas otras plantas y flores. Crecen en espirales, desde el centro hacia afuera. Esto es para que las nuevas hojas no bloqueen el sol de las anteriores, o para cubrir el máximo de superficie para recibir lo más posible de lluvia.

También es por esto que si cuentas el número de pétalos de una flor, margarita o girasol, verás que corresponde a algún número de la serie de Fibonacci (en promedio, algunos pétalos se pudieron caer al crecer).