Chiles Mexicanos: un breve recuento de su variedad

Una breve reseña de la inmensa variedad de especies de chile que caracteriza la gastronomía mexicana.

Es interesante cuando la gente habla sobre la comida mexicana, la primera cosa que viene a la mente es el chile. Caliente, picante. Al igual que en el caso de las tortillas, los chiles son el ingrediente fundamental de la cocina mexicana. Con más de 60 estilos diferentes (algunos leves, otros calientes, ardientes o letales), es lógico concluir por qué los mexicanos los utilizan para casi todas las comidas, lo que hace al Chile muy picante  no es el cuerpo o la piel (rojo, amarillo o verde) sino las semillas, por eso siempre recomendamos quitar las semillas de los chiles.

¿Por qué no echar un vistazo más de cerca a algunos de los chiles más famosos de México?

Chile de Arbol

Este es uno de los favoritos, debido a su audaz y sutil sabor ahumado natural. Un ingrediente delicioso para salsas, pero también se agrega a las sopas y alimentos como complemento y sabor. El chile de árbol tiene un intenso calor que es ligeramente menor que el de los pimientos de cayena y por eso los amamos.

Chile Habanero

Originario de la península de Yucatán, pero dado a conocer al mundo por los europeos, estos chiles deben su nombre a la ciudad cubana de La Habana, aunque no son de Cuba (otra hipótesis etimológica lo asocia con la isla de Java, por lo cual, estrictamente, sería “javanero”). México es el mayor consumidor de este ingrediente, sobre todo en salsas picantes y  alimentos, pero su sabor y aroma floral se han hecho cada vez más populares en todo el mundo.

Chile Poblano (ancho)

Originario del estado de Puebla, es uno de los chiles más populares cultivados en México. El chile poblano es leve, tienen paredes muy gruesas, lo que lo hace ideal para rellenar. Es el ingrediente principal de los chiles en nogada.

Chile Serrano

La gente dice que este chile es originario de la Sierra Norte, entre Puebla e Hidalgo, donde se cultivaba originalmente. Se puede usar solo cortándolo en rodajas pequeñas o picado (como en el pico de gallo), también asado para salsas.

Chile Jalapeño

Este chile recibe su nombre de la ciudad mexicana de Xalapa, Veracruz, donde se produce. Se utiliza tanto en salsas cocidas como crudos al vinagre.

Chile Manzano

También conocido como “ciruelo”, es originario de Zitácuaro, Michoacán, y de las zonas al norte del Estado de México. Se cultiva principalmente en zonas elevadas altas y frías. Este chile es muy picoso y se le usa sobre todo en salsas.

Chile Pasilla

Chile color negro y arrugas en la piel.  Normalmente la gente usa este chile para hacer salsas o en guisos, ya que no es picoso y le da un sabor muy especial a  los caldos.

Chile Guajillo

Estos chiles son de piel gruesa, dura, de color rojizo oscuro, y pueden ser de leves a moderados en picor. Se utilizan en las diferentes comidas, no importa en qué tipo de cocina.



El arte japonés de la moderación: una forma de cambiar tus hábitos alimenticios expandiendo la conciencia

Tener una mejor nutrición puede no ser tanto cuestión de dietas como de espiritualidad, tal como lo demuestra la sabiduría oriental.

La manera en la que nos alimentamos puede decir mucho de nuestra sociedad, y es a la par una expresión individual de nuestra espiritualidad, así como de la forma en la que navegamos la existencia. Porque los hábitos alimenticios de cada cultura son una reminiscencia de prácticas y creencias milenarias, las cuales subyacen tras las modificaciones que el pasar del tiempo ha impuesto en la nutrición de cada comunidad humana.

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Alimentarnos es, así, mucho más que el simple acto de comer. Ínfimas cuestiones como pueden ser el tipo de vajilla que elegimos o cuántas veces masticamos un bocado, reúnen el total de rituales que giran en torno a la nutrición, mismos que trascienden el momento de comer y que pueden tener un impacto –positivo o negativo– en el resto de nuestras prácticas.

Incluso pueden incidir en nuestra longevidad

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Por eso, un principio básico de la filosofía japonesa –desde el zen hasta Confucio– es el de la moderación: una norma que permea todos los aspectos de la vida, incluido el de la alimentación. Pero por moderación no debemos entender una restrictiva dieta hipocalórica, sino una visión multidimensional de la vida, misma que parte de la nutrición y que confía a la sabiduría de nuestro organismo el destino de nuestro bienestar en el plano material.

Y como siempre en la filosofía oriental, no hay pensamiento disociado de la práctica. Esta es la base del hara hachi bu, un principio del confusionismo que instruye a la gente a comer hasta que estén llenos en un 80% de su capacidad, lo que significa una ingesta de entre 1,800 y 1,900 calorías al día. 

En cambio, el mexicano promedio puede llegar a consumir hasta 3 mil calorías por día, pues solemos comer mucho más allá de la saciedad.

El principio del hara hachi bu es desarrollado a lo largo de los textos del confusionismo. En el libro 7 de las Analectas de Confucio, una sentencia nos dice:

Cuando el Maestro estaba cerca de alguien que estaba en duelo, nunca comía hasta la saciedad. 

Y en el libro 10: 

Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle.

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Hara hachi bu

¿Cuánto no cambiaría si adoptásemos nuevos hábitos alimenticios desde un enfoque filosófico y práctico como el del confusionismo? Podría parecer exagerado, pero una autotransformación sólo puede empezar desde la base. Y esa base, en el confusionismo, son los alimentos y la manera en la que nos relacionamos con ellos desde la conciencia.

Así que no se trata solamente de contrarrestar lo que los malos hábitos alimenticios ocasionan –cientos de enfermedades producto de la obesidad, o una “mala” apariencia física–. El objetivo no es ni siquiera vivir más tiempo –como los japoneses: la población más longeva de la Tierra, gracias a sus hábitos alimenticios–. Esas son, digamos, metas secundarias; se trata, en realidad, de que toda práctica se sustente en una conciencia expandida: desde cómo comemos y qué comemos, hasta cosas aparentemente más importantes como el cuidado que prodigamos a nuestros proyectos personales.

Por supuesto que, adicionalmente a poner en práctica el mantra hara hachi bu antes de ingerir cualquier comida, vendrán a la par todos los beneficios que podríamos esperar de cualquier dieta, e incluso más en términos de salud. Pero ello estará sustentado en una primigenia reconexión con las bases mismas de la vida, que es lo que fundamentalmente nos enseña la filosofía oriental.



¿Cómo limpiar de pesticidas las frutas y los vegetales? (Consejos prácticos)

Aplicando estos consejos puedes ser parte del cambio a una sociedad sin tóxicos y evitar el consumo de químicos en frutas y vegetales.

Tus vegetales y frutas pueden estar relucientes y hermosos, sin que sucumbas al uso de pesticidas tóxicos. Limpiar de pesticidas las frutas y los vegetales es parte del cambio de una sociedad sin tóxicos, y una responsabilidad compartida que puede lograrse con pequeñas acciones. 

 

¿Por qué es necesario limpiar de pesticidas las frutas y los vegetales?

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Los pesticidas son necesarios para evitar las plagas que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), afectan a entre un 25 y un 35% de la cosecha mundial. El problema es que los químicos de los pesticidas se adhieren a las frutas y verduras que comemos e, ingeridos en grandes cantidades, pueden ser muy dañinos para la salud.

Lo más recomendable es consumir productos orgánicos. No obstante, te damos algunos consejos prácticos por si necesitas otra opción para limpiar de pesticidas las frutas y los vegetales.

Estos consejos  te ayudarán a eliminar desde insecticidas hasta ceras que se usan para que brille la fruta:

Remoja en bicarbonato y vinagre

Esta opción te ayudará a eliminar gran parte de las sustancias tóxicas. Coloca un recipiente lleno de agua y agrega una cucharada de bicarbonato y otra de vinagre. Deja remojar las frutas y vegetales.

Utiliza vinagre de manzana

Basta con diluir un vaso de vinagre de manzana en 1 litro de agua y lavar los alimentos con esta mezcla para limpiar las frutas y los vegetales de los pesticidas que contienen.

Elimina hojas externas dañadas

Las bacterias que causan enfermedades crecen más rápido en las hojas en mal estado. 

Rechaza las secciones con hongos

Retira las áreas de frutas y verduras con hongos, cortes, heridas o zonas dañadas y demasiado maduras.

Utiliza un cepillo de dientes

Otra forma de limpiar las frutas y los vegetales es utilizando un cepillo de dientes. Frótalos suavemente, de modo que los residuos y las suciedades se eliminen por completo. 

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Vinagre y sal

Mezcla un vaso de vinagre con medio litro de agua con sal. Después introduce el alimento en la mezcla y deja que repose durante 30 minutos.

Retira la piel de frutas y vegetales

Aunque muchos nutrientes están en las cáscaras, también es la parte que más es afectada por los pesticidas. Limpiar de pesticidas las frutas y los vegetales puede ser más fácil de lo que crees.

Vinagre, bicarbonato y limón

Remoja en agua, con una parte de vinagre por cuatro de agua. Agrega ¼ de taza de bicarbonato y el jugo de un limón. Remoja mínimo 20 minutos. 

Lava hierbas en manojos pequeños

Lava las hierbas como el apio, el perejil, la menta o el cilantro en pequeños manojos, y da vuelta a cada una hasta que todas las ramas queden limpias.

Desinfecta con extracto de toronja y bicarbonato

Mezcla 20 gotas de extracto de semillas de toronja con una cucharada de bicarbonato de sodio, una taza de vinagre blanco y una taza de agua. Diluye y vierte la mezcla en un rociador.