Estamos seguros de que te has cruzado con esta imagen unas cuantas miles de veces. El famoso y popular póster de una mujer declarando un preciso “We Can Do It” (“Sí podemos hacerlo”) resguarda en su interior una historia de transformación social.

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Segunda Guerra Mundial, 1940, Estados Unidos. La guerra lleva poco más de 1 año y no parece tener un final cercano. Cientos de hombres se enfrentan en territorios ajenos y propios defendiendo la ideología de cada país. Mientras tanto, muchas familias esperan en casa a que la guerra termine. Aunque se cree que únicamente los hombres fueron a la guerra, entre las tropas también había mujeres (aunque eran pocas).

Ciertamente, la mayoría de las mujeres permanecieron en casa para enfrentar otros problemas que causaba la guerra. No toda la lucha se encontraba en el frente, también había transformaciones sociales con las que había que lidiar, e incluso, mantener a flote una nación que se mantenía en guerra.

 

La mujer se transforma y nace el “We Can Do It

Cuando miles en Estados Unidos partieron rumbo al combate, las mujeres tuvieron la responsabilidad de mantener el equilibrio social. No porque se quedaran en casa cuidando a las próximas generaciones, sino porque se convirtieron en la principal fuerza de trabajo.

Fábricas, construcciones y todo tipo de trabajo pesado requería de una persona con ganas de hacerlo, y las mujeres entraron en acción. La estabilidad de la economía estadounidense se salvó gracias a que los números de trabajadoras se incrementaron.

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En 1941 Estados Unidos contaba con 12 millones de trabajadoras, para julio de 1944 el número se había elevado a 19 millones de mujeres empleadas en el sector de fabricación de guerra. El siguiente ámbito que creció fue el comercio, con 1 millón más de empleos.

 

El gobierno en manos femeninas

El crecimiento de la participación económica femenina no se dio solamente porque los hombres no estaban. Gracias a que las mujeres iban escalando en los cargos públicos, este sector de la población llegó a evolucionar increíblemente.

En la esfera pública se encontraba Frances Perkins, la primera mujer secretaria de Trabajo en el Departamento del Trabajo; Thelma McKelvey, la encarga de los suministros de mano de obra en la Junta de Producción de Guerra; y Mary Anderson, la líder de la Oficina de las Mujeres, un departamento que lideraba la contratación de mujeres desde 1920. Estas mujeres respaldaron el rol femenino productivo en los primeros años de guerra y mostraron el valor de su aportación a la economía.

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Ya no se necesitaba un hombre para llevar recursos a casa. Mientras uno trabajaba en algo, el otro lo hacia en otro lado. Y justamente por la necesidad de continuar con el equilibrio del país, se lanzó una campaña para impulsar a las mujeres a descubrir los trabajos en los que les gustaría participar: “We Can Do It“.

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Adiós a las ideas sexistas, hola al “We Can Do It

En cuanto la guerra requirió de mayor velocidad en la producción de aviones, las mujeres ocuparon el frente de producción. El sector de la aviación necesitaba atención urgentemente pero algunos, refugiados en ideas sexistas, creyeron que las mujeres eran demasiado débiles y frágiles como para activar el sector.

Pero los resultados ofrecieron una visión real sobre las habilidades de las mujeres. Estadísticamente, al tomar el trabajo, las mujeres mejoraron la eficiencia del sector. Mientras a los hombres les tomaba 200,000 horas hacer un bombardero, las mujeres lo hacían en sólo 18,000.

Estas mujeres fueron la inspiración original para crear la icónica imagen de “We Can Do It“. En el póster para la Westinghouse Electric Company destaca una “Rosie, la remachadora” inspirada en Naomi Parker Fraley, una mujer que inició su carrera como remachadora y después trabajó como soldadora en Cracker Jack.

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Una vez que Rosie encarnó esta imagen, su rostro fue reconocido en todo el mundo. Ahora estamos frente a una icónica mujer que difunde el valor de la fuerza laboral femenina.

 

La guerra terminó y un nuevo rumbo había sido marcado

Además de que las mujeres no recibían el mismo salario que los hombres al realizar el mismo empleo, poco después de que la guerra terminara y los hombres regresaran, las mujeres fueron obligadas a abandonar sus empleos.

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El avance en la participación de las mujeres en la economía era amenazado por el regreso de las ideas conservadoras. No obstante, este impulso en la historia de las mujeres contribuyó a que muchas no quisieran volver a casa y buscaran otras formas de mantener este gran paso que había dado la historia.

Este pequeño cartel retrata mucho más que a una mujer trabajadora. La guerra no hubiera podido seguir sin la aportación de las mujeres y, sin duda, Estados Unidos no sería el mismo país que hoy conocemos sin el “We Can Do It“.

 

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