Nuestros padres y abuelos vivían sin plástico, ¿qué podemos aprender de ellos?

Si queremos saber cómo vivir sin plástico, debemos voltear al pasado.

El plástico sintético lleva mucho tiempo entre nosotros. O por lo menos eso aparenta, ya que su presencia es tan omnipresente que pareciera haber estado ahí desde siempre. No obstante, a mitades del siglo XX este material era visto todavía como toda una novedad, y la gente ―nuestros padres y abuelos― se las arreglaban para vivir sin plástico.

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Ahora, el plástico es un material cualquiera. Es, sin duda, muy poco estético: tan feo y corriente que ya sólo lo asociamos con la basura ―ya que el uso que más se le da a este material es para la fabricación de objetos desechables que terminan, la mayoría, en el mar―.

Pero no podemos imaginarnos vivir sin plástico, ¿cierto?

¿Cómo reemplazar bolsas, envases, piezas de motores, materiales de construcción, fibras textiles, muebles y todo lo que se hace con este feo material?

Muchas veces, buscamos soluciones a nuestros problemas viendo hacia el futuro. En el caso del problema de la contaminación plástica, existen muchos esfuerzos por crear sustitutos del plástico, innovando con tecnología y mucha creatividad ―incluso existen cubiertos comestibles y otros objetos biodegradables por el estilo―.

Pero, ¿y si la solución está mirando hacia atrás, al pasado?

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Nuestros padres ―y sus padres antes que ellos― sabían vivir sin plástico. ¿Cómo lo hacían? No necesitaban de mucha tecnología, ni de grandilocuentes inventos. Así que podríamos aprender mucho de quienes supieron vivir sin plástico toda su vida ―y también, de los que ya están viviendo sin plástico en el presente―.

El autor Mark Blackburn, del blog One Brown Planet, pensó en esto, y por eso le preguntó a su madre cómo era su vida sin plástico. Ella le contó cómo eran algunos de sus hábitos en 1950, cuando vivía con una familia de siete en Blackpool, Reino Unido, y el plástico apenas estaba usándose en algunos tejidos y muebles.

De este diálogo pueden surgirte, sin duda, muchas ideas para sustituir objetos de uso diario:

 

¿Qué tipo de alimentos estaban disponibles y cómo se empaquetaban?

La mayoría de los alimentos frescos, como papas, zanahorias, guisantes y demás, fueron cultivados localmente y estaban disponibles por temporada. También se podía obtener plátano y otras frutas del extranjero durante la mayor parte del año. Cuando un vegetal no estaba en temporada, teníamos que comprarlo en una lata o sustituirlo. También había una gran cantidad de alimentos secos disponibles, generalmente vendidos en grandes recipientes. Lo que sea que necesitaras, lo pesabas en una bolsa de papel marrón. Los artículos de ultramar, como el arroz y la pasta, también eran pesados ​​y luego empacados en una bolsa de papel.

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Para las bebidas, la leche era entregada a la casa en una botella de vidrio. El lechero recogía la botella vacía al día siguiente y la reutilizaba. Las botellas de cerveza y las botellas de refrescos también estaban hechas de vidrio y cuando las devolvías a la tienda obtenías algo de dinero. ¡Siempre andábamos buscando botellas para devolver!

También había un hombre de carne que venía con carnes frescas, una vez más, envueltas en papel.

En cuanto a los bocadillos y los postres, no había tanta disponibilidad como hoy, pero había papas fritas, galletas y dulces. Nuevamente, venían en grandes recipientes: podías tomarlos y ponerlos en una bolsa de papel o envolverlos en papel de aluminio. También comprábamos conservas y mermeladas en recipientes de vidrio, pero nos asegurábamos de guardarlas para luego usarlas para hacer nuestras propias mermeladas.

 

¿Había “comida rápida” disponible?

Donde vivíamos sólo estaba el pub y la tienda Fish & Chips. Todo en la tienda de pescado y papas fritas estaba envuelto en papel a prueba de grasa con periódico en el exterior. Recuerdo que, si guardabas todo el periódico de la semana y lo llevabas a Fish & Chips, ¡te daban una bolsa de papas gratis! ¡Era grandioso!

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¿Hacían muchas cosas en casa o lo compraban todo en la tienda?

Hacíamos mucho nosotros mismos. Comida, obviamente, pero también ropa. De hecho, tenía casi 13 años cuando mi madre compró mi primer vestido nuevo en una tienda. Antes de esto, toda nuestra ropa y ropa interior se fabricaban en casa, con el material comprado en la tienda. También tejíamos bufandas y jumpers y sombreros. Las únicas cosas nuevas que comprábamos todos los años eran los zapatos. Tenía un par de zapatos escolares, un par de botas y un par de zapatos deportivos para deportes. Si las suelas se desgastaban, papá las reparaba para que yo pudiera seguir usándolas hasta el próximo año.

Mamá también hacía sus propias mermeladas y conservas, con frutas como moras y ciruelas recolectadas de todo el pueblo. Las mermeladas se almacenaban en los frascos de vidrio que habíamos recolectado durante todo el año.

 

¿Y la limpieza de la casa y personal?

En aquel entonces, todos los productos de limpieza venían en cajas de cartón o botellas de vidrio. Usábamos barras de jabón para limpiarnos y el champú venía en baquelita o botella de vidrio. ¡Teníamos que tener cuidado de no romperlos! Recuerdo que incluso nuestra laca para el cabello venía en una botella recargable que llenábamos en la tienda local.

 

Entonces, ¿qué pasa con el desperdicio, a dónde se iba todo eso? ¿Y cuánto había?

Bueno, todo el papel de la comida se colocaba en la chimenea y se quemaba para mantener la casa caliente en el invierno o para calentar la caldera de agua para los baños. En ese entonces, solíamos tomar sólo un baño a la semana y, por supuesto, ¡teníamos que luchar para conseguir el agua limpia!

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Como mencioné anteriormente, todas las botellas de vidrio se devolvían por dinero en efectivo y teníamos nuestras propias bolsas de compras que reutilizábamos cada semana.

Nuestras sobras de alimentos nunca se desperdiciaron, se usaban principalmente para hacer caldos de verduras o carne. Todos los huesos sobrantes se los dábamos al perro o los quemábamos en el fuego.

Las latas se aplastaban y se ponían en el contenedor, porque no podíamos reciclarlas. Recuerdo que el papel, que originalmente envolvía el pan, se usaba para envolver los sándwiches. Luego lo quemábamos, pero con las cenizas del fuego solíamos hacer senderos, o en el invierno lo usábamos como arenilla para evitar derrapes.

Una familia como la nuestra, de siete personas, tiraría alrededor de la mitad de un contenedor por semana de cosas que no podían usarse o devolverse.



Plástico fantasma en insospechados productos

Por si tenías dudas sobre la omnipresencia de este tóxico material, estos son 8 productos que contienen plástico invisible.

Hay plástico hasta en nosotros. Tan ubicuo es este material que ya se encuentra en el organismo de personas y animales: los pájaros que habitan las costas lo consumen en grandes cantidades, y mueren a consecuencia de ello. Nosotros lo ingerimos en microdosis, por ejemplo, cuando tomamos agua de botellas de plástico.

Pero no solamente. La razón de que nuestro estómago este lleno de microplásticos se encuentra en la cantidad de plástico que usamos. No solamente el uso individual que cada quien le da a este material sintético –el vaso para café, el agitador, el plato para el snack, los cubiertos, los popotes y un largo etcétera–, sino porque además todo eso termina en el océano.

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Cada año se desechan 8 millones de toneladas de plástico en los océanos.

Toda esa basura plástica se transforma en microplásticos, los cuales terminan colándose a un ingrediente que permea nuestra dieta y que se recolecta en los mares: la sal. Es por eso que el plástico ha invadido incluso nuestro organismo.

 

Pero, ¿de dónde…?, ¿de dónde sale todo ese plástico?

No lo sabemos. ¡Realmente es algo sin precedentes! Pero lo importante para combatir el plástico con eficacia es que veamos más allá de lo evidente, porque este material se ha vuelto tan omnipresente que se esconde en insospechados productos.

Si te has planteado vivir una vida lo más libre posible de plástico, tienes que saber qué productos lo contienen.

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Así que no sólo debes evitar el nocivo uso de empaques desechables –lo que ya se ha vuelto un poco obvio, porque además es lo menos sexy que existe–. También debes ser consciente –y hacer conciencia– sobre otros productos que lo contienen, e intentar en lo posible limitar su consumo o sustituirlo con ingenio.

 

8 insospechados productos que contienen plástico

1. Goma de mascar

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Aunque, al parecer, en todas las culturas se han mascado gomas hechas a base de diversos ingredientes, el chicle como lo conocemos –o creemos conocerlo– es un invento maya. Originalmente, el chicle se hacia de la savia de árboles tropicales; tal era también el procedimiento del chicle que se comercializó en Estados Unidos a finales del siglo XIX: los famosos chicles Adams.

Pero ahora la base de la goma de mascar es el plástico sintético o polietileno, el cual es usado para hacer botellas y bolsas de plástico. Otra base es la goma xantana, un polisacárido microbiano. La razón de que se utilice plástico es porque es más económico usar ingredientes sintéticos.

Toda la goma de mascar tiene plástico, excepto algunas marcas orgánicas que la hacen a la manera tradicional, a partir de la savia de los árboles. Éstas son Spry, XyliChew y una mexicana, Chicza. Lo malo es que sus envases sí contienen plástico.

 

2. Ropa

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Pocas cosas contaminan más que la industria de la moda. Por eso, cada vez más diseñadores se han volcado a la moda sustentable. Pero, si no te parece bastante que para la producción de ropa se consuman enormes cantidades de recursos –para una camiseta se ocupan hasta 2 mil litros de agua–, debes saber que además muchas prendas tienen plástico.

Y es que las principales fibras usadas en su manufactura, como las microfibras, el poliéster, el acrílico y el nylon están hechas de plástico. Esto hace de la ropa un material muy difícil de reciclar… y lo pero es que, aunque sea muy duradera, se le suelen dar pocos usos antes de tirarla, debido a las imposiciones de la moda. O quizá lo peor es que, aunque la conservemos durante toda su vida útil, cuando la lavamos arroja microplásticos al agua, mismos que terminan en el océano.

Si quieres combatir un poco esta problemática, encuentra nuevos usos para las prendas, y no te hagas esclavo de los designios de la moda. Y cuando compres ropa nueva, intenta encontrar la que esté hecha de fibras naturales y no sintéticas.

 

3. Latas

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¿Qué no eran de aluminio? Sí. Pero también están recubiertas de una resina plástica epóxica, la cual evita que la bebida corroa el aluminio. Se trata de un material llamado bisfenol A, abreviado como BPA, y como suele ocurrir en la industria, es un material cuyos efectos sobre la salud se desconocen. No obstante, una exposición continua al BPA ha sido asociada a importantes problemas de salud, como presión sanguínea elevada.

Lo mejor es que evites por completo los productos enlatados, que siempre se pueden sustituir con opciones no enlatadas, y de paso, menos azucaradas o saladas. Por ejemplo, en lugar de atún enlatado, lo puedes consumir fresco, al igual que los frijoles. Y si te gustan las conservas, búscalas siempre en frascos de vidrio. En el caso de los refrescos, es mejor que no los tomes; pero si no te aguantas las ganas, tómalos en botellas de vidrio –aplica también para cervezas y otras bebidas alcohólicas–.

 

4. Brillantina

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La brillantina no es sino microplástico puro. Y aunque se ve muy bonita en las manualidades, y en maquillaje es lo más fashion, este material tiene un impacto ecológico tan grave que la comunidad científica está promoviendo que se prohíba su uso.

Hay algunas alternativas ecológicas, como Eco Glitter Fun, que son biodegradables.

 

5. Exfoliantes

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Otro producto con microplásticos. Éstos son precisamente los que hacen que el exfoliante sea un exfoliante y dejan tu piel radiante. Pero tienen el mismo efecto nocivo que la brillantina.

Lo mejor que puedes hacer es sustituir estos productos de belleza por opciones naturales. Por ejemplo, puedes hacer un delicioso exfoliante con aceite de coco y azúcar mascabado.

 

6. Bolsas de té

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No hay cosa más terrible para los amantes del té que esta noticia. Pero es verdad: la mayoría de las inocentes bolsitas de té están selladas con polietileno, un plástico que resiste el calor. Además, gran parte del té viene en cajas empacadas en películas de plástico.

Una opción es tomar infusiones, pues algunas vienen empacadas en bolsas de papel. O mejor aún: cultiva tus propios tés.

 

7. Cartones Tetra Pak

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Estos cartones, donde se empaca desde leche hasta salsa de tomate, no son sólo de cartón. Según consta en el propio sitio de Tetra Pack, están hechos de una combinación de cartón, capas de aluminio y polietileno, aunque no se especifica cuánta cantidad de éste último contienen. Este plástico es usado, como en el caso de las latas, para evitar que los líquidos corroan el empaque.

 

8. Filtros de cigarro

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Los filtros, conocidos como colillas –aunque, curiosamente, este sustantivo es más utilizado cuando ya son basura–, no sólo son uno de los principales problemas ambientales en las ciudades por estar en todos lados. También son un peligroso desecho, pues están hechos de una fibra textil sintética llamada acetato de celulosa, un termoplástico que tarda 10 años en descomponerse.

La mejor opción es fumar cigarros liados con papel y sin filtro, o en pipa.

 

Y acá te dejamos un video sobre algunos productos de plástico que sin duda podemos reemplazar o dejar de usar



Las aves del mundo están muriendo, y la causa es realmente desoladora:

El 80% de las aves marinas en el planeta tienen restos de plástico en su estómago.

Las aves marinas, como las gaviotas, flamingos, albatros, pardelas y pingüinos, son aquellas especies que se alimentan en ecosistemas acuáticos, como lo es el Golfo de México, las costas del Pacífico y las islas caribeñas. De acuerdo con el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), algunas de estas aves solo necesitan alimentarse de organismos que viven en las costas o playas, otras viven de los seres vivos que se asoman a la superficie de los mares e incluso algunas especies se sumergen en el agua para encontrar su alimento.

Para adaptarse a las circunstancias de su hábitat, las aves marinas presentan diferencias tangibles respecto a las aves terrestres, ya que suelen tener picos más largos para sumergirse en suelos blandos, como la arena de una playa. Sin embargo, un estudio presentado en 2015 por la agencia de investigación australiana Csiro y el Colegio Imperial de Londres, descubrió que estas aves también se alimentan de plástico, debido a la alta contaminación en regiones acuáticas.

El estudio estuvo liderado por los científicos Denise Hardesty, Chris Wilcox y Erik van Sebille y fue publicado en la revista PNAS. De acuerdo con CSIRO, el 80% de las aves marinas en el planeta tienen restos de plástico en su estómago.

Esta cifra es alarmante cuando se compara con la cantidad de plástico encontrado en aves en la década de 1960, la cual era menor al 5%, además, de acuerdo con los datos presentados por la agencia de investigación, se estima que para 2050 el número aumentará a un 99%.

Al tomar en cuenta el análisis de los datos históricos, el estudio afirma que cerca del 90% de estas aves ha ingerido al menos una vez en su vida plástico, especialmente tapas de botellas, bolsas y ropa sintética. Estos restos llegan al océano, generalmente, a través de ríos urbanos, depósitos de residuos y alcantarillas.

CSRIO afirma que al encontrarse con restos plásticos, las aves se sienten atraídas por sus colores llamativos, pero los efectos de su consumo son severos, ya que pueden generar daños intestinales, pérdida de peso y en el peor de los casos, la muerte.

El centro de investigación científica australiano también menciona que la presencia de aves marinas saludables es un símbolo de un ecosistema en equilibrio, es decir, la cantidad de plástico en sus estómagos es un indicador de la contaminación marina.

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La doctora Hardesty informó que su equipo de trabajo llegó a encontrar hasta 200 piezas plásticas en el estómago de una sola ave. Hay que agregar que de acuerdo con los expertos de dicho estudio, el océano Antártico, Sudáfrica, las costas de Australia y América del Sur son las regiones con mayor cantidad de plástico que afecta a la fauna local.

Las regiones donde habitan mayor diversidad de especies son los blancos perfectos para los efectos negativos del plástico contaminante, especialmente por las aves que cuentan con alguna categoría de riesgo de extinción, ya que su conservación es prioritaria para el equilibrio ambiental.

Por ejemplo, en México habita la pardela de Revillagigedo (Puffinus auricularis auricularis), la cual es considerada el ave marina en mayor peligro de extinción del continente americano, de acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Esta ave se encuentra amenazada por la contaminación de plástico y la fauna invasora.

Por ello, para disminuir el número de aves que son víctimas de este material, es fundamental que como turistas o habitantes de regiones marinas, se evite dejar residuos fuera de depósitos preestablecidos. La contribución de cada ciudadano es la respuesta para rescatar a las especies en riesgo.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita:www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic