El salud, el dinero y el amor (o la vida sexual, si se prefiere) son, sin duda, las mayores preocupaciones de cualquier trabajador en esta época. Un triángulo frágil que, sin embargo, muestra una firme interdependencia según un estudio publicado en la Revista Internacional de la Fuerza de Trabajo.

En dicho estudio, el doctor Nick Drydakis, de la Universidad Anglia Ruskin, afirma que los trabajadores que tienen actividad sexual dos o tres veces por semana ganan en promedio 4.5% más que los trabajadores que tienen sexo con menor frecuencia. 

Se entrevistó a más de 7,000 trabajadores y trabajadoras de distintas edades y orientaciones sexo-afectivas, además de utilizar metodologías que dieran cuenta de la posible información falsa que la gente compartiera (porque no es ciencia que la gente suele mentir sobre su cuenta bancaria y su vida sexual).

Se propone que la actividad sexual es un indicador de salud física y mental que debe considerarse como parte de la serie de rasgos productivos de una persona, en este caso, de trabajadores y trabajadoras.

Según Drydakis, es difícil saber qué lleva a qué: si la falta de sexo a ingresos bajos o los sueldos altos a mayor frecuencia de relaciones. Se sabe, sin embargo, que “el celibato resulta en menores salarios, así como los menores salarios conllevan menos sexo. Es decir, tenemos argumentos socioeconómicos, de salud y de salud mental para respaldar ambos efectos”.

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No queda claro si a más sexo mayor salario, o viceversa, pero la relación se sostiene estadísticamente

 

¿Riqueza sexual?

El estudio no señala diferencias salariales entre trabajadores heterosexuales y homosexuales: la orientación no parece ser el factor determinante del mayor salario, sino la frecuencia de actividad sexual.

Esta misma relación directa fue incluso más alta en la franja de edad entre 26 y 50 años. De igual forma, el sueldo de individuos con capacidades diferentes sexualmente activos resulta mayor que el de los no activos.

Para los investigadores, la actividad sexual no se desarrolla solamente en el terreno de lo íntimo, sino que debe tomarse en cuenta como “barómetro para la salud, la calidad de vida, el bienestar y la felicidad”.

La hipótesis de Drydakis es que el sexo tiene un impacto emocional importante sobre otras áreas de la vida, como el trabajo. Igualmente, señala que otras formas de cuidados que no involucren relaciones sexuales (el contacto, la vida social), son importantes para el equilibrio de la salud mental.

Padecimientos como la ansiedad y la depresión tienen un impacto económico importante. No se trata de decir que estos pacientes deberían tener “más sexo” para estar más sanos y trabajar mejor, sino de entender que cuidar de nosotros mismos y de los demás (incluyendo el ámbito sexual) impacta positivamente en el resto de nuestra vida emocional.