Un día en la vida de los niños monjes (Video)

Un breve cortometraje en silencio relata un día entero en la vida de estos niños que se preparan para ser monjes.

Si lo que se quiere es extraer aprendizaje valioso de una vida, hay que buscar más allá de los libros; hay que dirigirnos a la experiencia cotidiana y observar. Concretamente, a aquella que aún resguarda los pilares de un origen; por ejemplo, la experiencia que nos regala la tradición y la cultura.  

El caso de los niños preparados para ser monjes budistas en lugares como el Tíbet, Tailandia o Sri Lanka es un ejemplo de esto, y uno muy único. Para muchos loable, para otros habitual, pero todos concuerdan en que sin duda, es un acto férreo. Durante semanas, meses y en algunos casos toda la vida, estos niños adquieren hábitos como la meditación, la oración y sobre todo, la disciplina de madrugar. Gracias a la frecuencia, costumbres tan simples como éstas se transforman en un ritual, lo cual transforma no sólo la manera de concebir el mundo desde pequeños, sino también el destino de estos infantes.

Aunque esta tradición puede parecernos asombrosa en otros lugares del orbe, lo sorprendente (y lo que nos interesa resaltar en este texto) no es el acto de convertirse en monjes desde pequeños, sino eso que podemos ver como un “sacrificio“, pero que para ellos es un acto natural en la vida cotidiana. Dicho de otra forma, un sacrificio que destila simplicidad, o que encuentra asombro en las cosas más sencillas de la vida. Muchos de estos niños, por ejemplo, se vuelven mojes para hacer méritos por su madre, lo cual es un sacrificio bastante noble. 

Como una especie de cortometraje, los siguientes videos nos muestran un poco de esa cotidianidad fresca que viven los niños monjes (pirivena) durante su preparación. Se mira a un grupo de muchachos de Sri Lanka levantarse de madrugada para asearse y comenzar a orar antes del amanecer, mientras otro monje mayor les prepara el té. Vemos cómo hacen ofrendas a Buda Pūjā en uno de los principales santuarios, realizan breves sesiones de meditación y continúan con sus estudios, que incluyen temas como las matemáticas.

Sin mencionar una sola palabra, el día a día de estos niños budistas continúa, y se desliza por la simplicidad de actos como barrer y limpiar el templo. 

Aunque a muchas personas no les gusta la idea de que los niños se conviertan en monjes, sus vidas suelen ser, de hecho, muy ordenadas, pacíficas y educativas. Durante su preparación también aprenden autodisciplina, el complejo acto de vivir con los demás y cómo enriquecer sus propias vidas y servir a las comunidades en las que viven.



¿Hay más microbios en la Tierra, o estrellas en la galaxia?

¿Pensar en grande o en pequeño? ¿Qué será más infinito?

Vivimos en grupos conectados entre sí; dependemos unos de otros para la supervivencia, e incluso mantenemos la comunicación con el otro como una de las cualidades más características de nuestra especie. Estos lazos también obedecen a un orden en la naturaleza. Su ritmo y sintonía se construye dentro una hipérbole narrada por el cosmos, y cuando no encuentra un ritmo, las consecuencias son desdichadas.  

Este pensamiento cosmológico nos remite a la idílica correspondencia del macrocosmos y el microcosmos, algo así como el espejo del universo, que no se limita a replicar su reflejo en diferentes tamaños. La vida de una persona Así, uno puede encontrar que, hay tantas estrellas en nuestro universo como granos de arena en el océano de nuestro planeta.

Una afirmación de tan precisas magnitudes no podría ser menos que poesía, y si usted quiere, una lección de vida. 

Hasta hace no mucho, la mente humana creía haber registrado todas las especies del planeta, calculando unas 10 millones. Pero esto es falso, puesto que dicha cantidad sólo contabiliza al mayor numero de especies “visibles” en nuestro mundo. Incluso los biólogos de toda la orbe tienen la certeza de que siempre podrán descubrir una especie nueva, pues la cantidad de seres animados es infinita. 

Para asegurar con más firmeza lo anterior, hoy nos aventuramos al azaroso, oculto y sofisticadísimo microcosmos natural, el de los microorganismos. Ya de por sí, la palabra augura un gran complejo.

Bacterias, protozoos, hongos y algas dominan el mundo. Se trata de la forma de vida más abundante en la Tierra, algunas sugerencias científicas se arriesgan a sumar a la lista de especies algunos de estos seres, contabilizando al menos 1 billón de especies en total. Pero, desde hace más de dos décadas, los microbiólogos han empezado a contabilizar a estos seres por medio de ADN extraído del océano, de las plantas, o la tierra. El supuesto más acertado hoy en día para la ciencia es que, existe aproximadamente 1 nonillón de micro especies distintas, una cantidad incalculable para el tiempo de vida humano, de no ser porque le hemos puesto un nombre. 

Dicho también de otra forma, existen más microbios en la tierra que estrellas en la Vía Láctea.

Pues tan sólo se han calculado entre 200,000 millones y 400,000 millones de estrellas.

El ejemplo de algunos estudiosos, para entender lo anterior, es que tan sólo el phylum (o categoría) bacteriano al que pertenece el ser humano, el Chordata, abarca unas 65,000 especies de animales más, que poseen una varilla esquelética, y que incluye mamíferos, peces, anfibios, reptiles, pájaros y tunicados. Esto quiere decir que tan sólo una de los 8 clasificaciones taxonómicas puede abarcar un sin número de especies distintas entre sí.    

No podemos dimensionar el número de especies microbianas que existen, y tampoco tenemos el tiempo suficiente para observar la cantidad de vida que puede brotar de cada una de ellas. De lo que sí estamos seguros, es que la vida de nuestro planeta aflora tantas posibilidades como Big Bangs en el Universo, y esa relación, como demuestra la correspondencia macro y micro cosmos, se puede trasladar a todas las dimensiones de la vida. 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora y música. Coordinadora editorial en Ecoosfera. Le interesa utilizar la información para construir conciencias.


La ciencia detrás del éxito de “Rick y Morty” (y su legendaria aparición en los Emmys 2018)

Cada capítulo de “Rick y Morty” es una divertida (y a veces sádica) lección de ciencia, pero también de entretenimiento fuera de este mundo.

Rick and Morty (Adult Swim) es una de las series de animación más exitosas de los últimos años. Sus protagonistas son Rick y Morty, un abuelo/científico loco y su nieto perpetuamente confundido entre la adolescencia y su familia disfuncional. Hasta ahora llevan tres temporadas, pero se han anunciado 70 episodios más. Cada capítulo está cargado de locura, eructos, extraterrestres, eructos, y cameos de otros personajes y series, que incluso los llevaron a hacer acto de presencia en los premios Emmy 2018, presea a la que fueron nominados por el ya legendario capítulo “Pickle Rick”:

Con una legión creciente de fans, Rick y Morty se ha convertido en un referente para un tipo de humor que no deja de lado la ciencia ni la diversión (con émulos tan buenos como Final Space, por ejemplo). Pero si el protagonista de la serie es un científico loco, alcohólico y un tanto psicópata, ¿qué tanto de ciencia “real” hay en la serie?

En una entrevista con el escritor y productor de la serie, Mike McMahan, se abordan algunas de estas cuestiones. Por un lado, McMahan dice que “tenemos por cierto que la ciencia no hace a los humanos mejores“, y aunque es cierto que la ciencia nos ha hecho avanzar como especie, “es una novedad comparada con la evolución”.

Otras series de ciencia ficción han tocado esa dicotomía, pues los personajes interesantes siempre están cargados de fallas humanas, demasiado humanas, aunque vengan de otras galaxias. “Star Trek solía tocar eso todo el tiempo. Puedes viajar a través de las dimensiones y aun así ponerte celoso… Aún actúas como algo que evolucionó para treparse a un árbol cuando ves un depredador. Y puedes ver mucho de esto en Rick y Morty y sus aventuras”.

Rick y Morty presentan un “Emmy” vivo durante los Emmys 2018

Series legendarias como Los Simpson han sido extensamente analizadas desde muchas disciplinas, pero su valor intrínseco recae en que son buenas series de entretenimiento, es decir, en que son divertidas. En el caso de una serie de ciencia ficción ocurre lo mismo: “lo que es importante no es la ciencia que escojas. Es el respeto que tengas por la ciencia y por los personajes viviendo y lidiando con ella, respondiendo realistamente a ella”.

 

Al infinito y más allá… pero sin líneas temporales alternas

A pesar de que la ciencia “real” todavía esté lejos de poder traspasar una conciencia dentro de un pepinillo o crear todo un planeta de clones, hay terrenos que Rick y Morty aún no ha tocado. Aunque de alguna manera se ha abordado en la serie, la singularidad tecnológica todavía es una frontera: la preocupante idea de que la superinteligencia artificial lleve a la humanidad al colapso. Una idea que mantiene a McMahan despierto por las noches:

A medida que las computadoras se vuelvan más inteligentes y nos aproximemos cada vez más a la singularidad tecnológica, no me preocupa que se vayan a poner como Terminator contra nosotros, sino que me preocupa que hayan estructurado nuestra sociedad y nuestra economía de una forma en la que ya no vaya a existir más un mercado de masas. Ese es mi horror existencial, pero fuera de eso, la mayoría de nosotros somos bastante optimistas de lo que la ciencia y el futuro tienen para la humanidad.

Otro gran ausente (y clásico del género) es el viaje en el tiempo. Esto obedece no tanto a que falten premisas científicas que lo sustenten, sino a motivos narrativos. “Cuando hablamos de los elementos de ciencia ficción y componentes científicos de Rick y Morty, tratamos de retratarlos del modo más plausible que podemos“, de manera que sean divertidos, pero también salpicados con aspectos de ciencia auténtica. Sin embargo,

Lo divertido del viaje en el tiempo es excelente para un drama, pero para el tipo de narración que estamos tratando de construir, es una montaña que no hemos querido remontar. En la primera temporada, Harmon nos decía: ‘Vamos a hacer todo tipo de historias sobre ciencia, pero no nos metamos con los viajes en el tiempo’, y Justin Roiland, el cocreador del show y productor ejecutivo, decía: ‘Sí, totalmente de acuerdo’.

Una frontera extraña, sin duda: después de todo, las reminiscencias entre Rick y Morty y el “Doc” Brown y Marty McFly del clásico Volver al futuro resultan evidentes. ¿Será posible que la frontera del viaje en el tiempo sea más bien una especie de garantía para que Disney no los demande por apropiarse del concepto? La maniática genialidad de Rick, según McMahan, se debe al cocreador de la serie, Dan Harmon. Una parte de él “cree que hay caos en el universo y que eso es algo que debe respetarse. Él canalizó eso en Rick, la fantasía de un humano que encarne eso y no trate de controlarlo, sino estudiarlo”.

¿Te gusta Rick y Morty? ¿Cuáles son tus series animadas favoritas? Cuéntanos en los comentarios.