Victoria’s Secret fue fundada en 1967. Desde entonces, muchas cosas han cambiado. 

Nuestras construcciones sociales sobre qué es y cómo debe verse un hombre y una mujer han sufrido una verdadera revolución, que no sólo ha modificado cómo nos enunciamos, vestimos, actuamos y ejercemos nuestra sexualidad: el mercado que hacía posible el enorme éxito de esta marca de lencería también ha cambiado.

Tras las polémicas declaraciones de Ed Razek, director de marketing de Creative Services of Limited Brands, la empresa matriz de Victoria’s Secret, la marca ha enfrentado los peores números en su historia. Y es que en una entrevista con Vogue, Razek afirmó que VS no incluiría mujeres transgénero ni mujeres de talla grande:

¿Deberíamos contar con transgénero en el desfile? No, no creo que debamos porque nuestro espectáculo es una fantasía. Es un programa de entretenimiento de 42 minutos único en el mundo…

Las respuestas de rechazo a estas declaraciones, provenientes de figuras como Rihanna, quien con su marca de lencería Savage x Fenty apoya la diversidad, o Kendall Jenner, no se hicieron esperar, lo que ocasionó que VS cerrara este año con un precio mínimo histórico en sus prendas debido a la falta de demanda. La disculpa pública que Razek ofreció por su falta de sensibilidad tampoco hizo mucho por mejorar sus números: durante los últimos meses, Victoria’s Secret ha tenido que cerrar cerca de 20 tiendas en toda la Unión Americana.

Sin embargo, la cereza del pastel ha sido la estrepitosa caída del rating de su desfile anual, Victoria’s Secret Runway Extravaganza, grabado el 8 de noviembre de este año y emitido para la audiencia estadounidense el sábado 2 de diciembre, con sólo 3.3 millones de espectadores, los números más bajos desde su primera emisión en 1996.

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Los números de Victoria’s Secret llevan años en picada (Imagen: Nielsen, Forbes, Racked)

Lo cierto es que la audiencia del desfile llevaba años cayendo. En 2017 tuvo 5 millones de espectadores, la mitad que en 2013. Las declaraciones de Razek no hicieron sino acelerar lo inevitable. En un mundo (y una industria) cada día más preocupado por la inclusión y la diversidad, no hay lugar para la transfobia y la gordofobia.

El espectro de la feminidad está siendo reconocido en una diversidad más amplia que la que permiten las etiquetas de mercado, así como las ideas sobre lo que es “sexy“: las mujeres se niegan a seguir siendo un “espectáculo”, y como demuestra este caso, están dispuestas a crear sus propias reglas.