Viajar a través de las estrellas no sólo es el sueño de los astrónomos. A todo el mundo nos encantaría viajar en el espacio. No importa si son agujeros de gusano o naves espaciales, cohetes o cualquier dispositivo, el objetivo es lograr el viaje interestelar

Lo vemos en las películas –un viaje tripulado a través de las estrellas– fácilmente aplicado; un recorrido de distancias inmensas que trabajan de acuerdo al orden del año luz y que de acuerdo con las leyes físicas se vuelve imposible de alcanzar (al menos por ahora).

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Los experimentos de las agencias espaciales se enfocan ahora en los viajes interplanetarios, pero navegamos las estrellas apenas con algunos dispositivos que logran abandonar el sistema solar para descubrir aquello que existe más allá: los Voyager y nuevas expediciones han emprendido el viaje interestelar.

Ahora los Voyager se encuentran en el fondo del polvo galáctico donde reside el viento solar (los restos de las partículas del sol). Pero, científicamente, sería imposible conocer el final de nuestro sistema solar debido a que las sondas espaciales –que viajan a miles de millas por hora– se encuentran a unos 4 años luz de Próxima Centauri (la estrella más cercana a la Tierra), lo que equivale a 80,000 años de distancia, lo que termina complicando el viaje interestelar para las próximas miles de generaciones humanas –si es que las hay–.

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¿Cómo se puede lograr el viaje espacial interestelar en décadas?

El viaje interestelar sólo será posible si las sondas espaciales logran atravesar el cielo a una velocidad el triple de rápido que la velocidad de la luz e incluso mayor, además de que se necesitarían varias generaciones de astrónomos para conseguir llegar al final de la expedición.

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No sólo se necesita generaciones de energía humana para lograr el viaje interestelar, en la tecnología se requieren de sondas con combustible suficiente para atravesar todo el sistema solar, sin embargo, entre más carga adicional, mayor dificultad para impulsarse en medio del espacio.

El objetivo es rediseñar naves con base en propulsión nuclear –energía que se encuentra en debate debido a las implicaciones ambientales en caso de accidentes–, pero esto sólo implicaría la construcción de bombas de energía que no sabemos si funcionarán.

 

Láser interestelar: una posibilidad de cruzar el sistema solar

El láser se convierte en la mejor opción si queremos enviar una sonda con suficiente energía para que se desplace por todo el universo sin causar una explosión nuclear masiva. Todo a través de succionar la energía de un láser de 100 gigavatios (1 gigavatio = 1,000 millones de vatios) de forma delantera para que funcione como un propulsor.

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El único problema es que la estructura del láser y toda la nave debería pesar un gramo exactamente para que tenga la capacidad de alcanzar una velocidad increíblemente rápida para recorrer el espacio en algunas décadas, lo que haría de esa nave un cohete ideal para quedarse en papel porque los elementos que debe incluir no pueden ser más pesados que un chapulín.

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Si se logra desarrollar un proyecto de esta medida, el viaje interestelar podría ser posible –sin humanos como viajeros– únicamente con una nave que sea capaz de alimentarse sola, soportar su peso en el sistema solar e ir más rápido que la velocidad de la luz.

Así que podemos mantener nuestros sueños interestelares bajo la esperanza de los diseños nucleares, las naves miniatura o las películas de ciencia ficción, mientras cientos de generaciones de astrónomos desarrollan una forma de hacer el viaje interestelar.

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