Durante milenios las plantas no sólo han fungido como alimento para humanos, sino que se han utilizado sus grandes propiedades para la medicina tradicional. Más recientemente la ciencia ha logrado aislar sus principales activos para generar medicamentos de consumo humano. No es un secreto que por ejemplo el componente principal de la aspirina, el ácido acetilsalicílico se deriva de los sauces, por su parte el taxol para tratar el cáncer se obtiene del tejo. Y así podríamos enlistar una larga fila de plantas que han servido a la humanidad con fines médicos. No es de sorprender que las plantas también podrían utilizarse para generar vacunas y de hecho, podrían replantear el panorama de las vacunas y su distribución entre los países más pobres.

vacunas a base de plantas

Vacunas a base de plantas

La identificación y aplicación de moléculas bioactivas tiene una larga historia de servicio a la humanidad. Medicamentos importantes se obtienen a partir de los activos naturales, aunque según los científicos estos son éxitos del pasado. En la actualidad las moléculas bioactivas están escalando hasta otro nivel que incluye la capacidad de diseñar genéticamente plantas a partir de las cuales se pueden generar vacunas para minar la pandemia o incluso, generar anticuerpos para curar el ébola. Estos productos biológicos son ciertamente más económicos de producir y lo más importante, no requieren cadenas de frío para conservarse.

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Los virus de las plantas también se pueden aprovechar para generar proteínas biofarmacéuticas de bajo costo y en cuestión de días. Incluso estos virus también pueden actuar como andamios que muestran epítopos de vacunas, este último es la porción de una molécula que reconoce el sistema inmunitario. Pero además, estas partículas similares a virus carecen de ácido nucleico lo que las convierte en inofensivas y no son infecciosas.

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Las vacunas entonces se pueden generar a partir del aislamiento del virus de la planta que se utiliza como portador del antígeno. Se ha demostrado también, que varios virus vegetales se comportan como adyuvantes, es decir, que ayudan a generar una respuesta potencializada del sistema inmune.

Una posible salida a la costosa distribución 

Esta nueva tecnología de diseño genético de plantas a partir de las cuales se aprovechan sus virus, podría representar una salida a la problemática de distribución de vacunas entre los países más pobres. Hasta ahora, las vacunas contra el SARS-CoV-2 han llegado exitosamente hasta países con gran nivel adquisitivo. Estados Unidos, por ejemplo, ya tiene a más del 60% de sus adultos vacunados completamente. No obstante, países como India tardarán años en alcanzar estos porcentajes. De igual manera África, el continente con mayor índice de pobreza, se enfrenta a la costosa distribución por el almacenamiento en frío de las vacunas.

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La tarea de fabricar vacunas a gran escala que además sean seguras, eficaces, económicas y de fácil transportación, es sin duda el mayor reto al que se enfrenta el mundo para controlar la pandemia de COVID-19. Las vacunas a base de plantas podrían solucionar este problema, son fáciles de replicar y no requieren de temperaturas exorbitantemente bajas para su conservación.

Varias empresas de farmacia molecular alrededor del mundo están ya experimentando con esta posibilidad. Medicago, Kentucky BioProcessing e iBio, son algunas de las farmacéuticas que se han puesto manos a la obra para replantear el panorama de las vacunas. Quizá de esta manera será posible llegar hasta los países más pobres y así, lograr controlar la pandemia lo antes posible.

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